‘Audrey íntima’, la historia extraordinaria de la actriz contada por su hijo

Written by Libre Online

5 de mayo de 2026

Sean Hepburn Ferrer, el hijo mayor de la protagonista de ‘Desayuno con diamantes’, es el autor de la biografía autorizada de su madre. Un recorrido íntimo, con recuerdos personales desconocidos hasta el momento, que completan la historia de una mujer fuera de lo común.

Por Carmen Jiménez

Existen cientos de libros que relatan e indagan en la vida de Audrey Hepburn. Símbolo de elegancia, talento y humanidad, la actriz supo ganarse la admiración y el cariño del público de todo el mundo.

No interpretó más de treinta títulos; sin embargo, muchos de ellos forman parte de la historia del cine. Ganadora de prácticamente todos los premios del mundo del espectáculo, se retiró a los 38 años para centrarse en su gran pasión, su familia. 

La última parte de su vida fue embajadora de UNICEF y recibió la Medalla Presidencial de la Libertad por su labor humanitaria. Las imágenes en Somalia de la actriz con los niños desnutridos entre sus brazos dieron la vuelta al mundo en 1993. Unos meses después, falleció a los 63 años.

Un ejemplo de resiliencia durante la Segunda Guerra Mundial

Audrey Hepburn nació en Bruselas en 1929, y su infancia estuvo marcada por la separación de sus padres. Estudiaba en un internado de Inglaterra cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, y su madre decidió que se trasladarían a Países Bajos, un espacio neutral donde consideró que estarían a salvo. Allí, la joven Hepburn atravesaría uno de los episodios más duros de su vida, por la dificultad de adaptarse a un país nuevo, la incertidumbre de la guerra y la posterior ocupación nazi en 1940. 

La familia de Audrey fue víctima, como tantos neerlandeses, de lo que se denominó “el invierno del hambre”. El país se sumió en un invierno extremo que, sumado a la destrucción de las vías de comunicación por la guerra, los canales congelados y el bloqueo de suministros por una huelga ferroviaria, provocó que 20.000 personas murieran de inanición entre 1944 y 1945.

Sin embargo, Países Bajos también supuso para Audrey Hepburn el despertar de su vocación como bailarina, lo que mantuvo vivo su ánimo durante un período tan oscuro. 

La actriz nunca fue partidaria de ahondar en esta época de su vida en sus declaraciones públicas; ella prefería charlar sobre su carrera profesional y no tanto sobre su vida personal, pero a esto se unía el hecho incómodo de que sus padres fueran simpatizantes de los nazis.

Las privaciones de la guerra llevaron a la joven Hepburn a enfermar de anemia y desnutrición, lo que le dejó secuelas físicas y psicológicas que arrastraría de por vida, llevándose por delante su sueño de ser bailarina. Pero su determinación la llevó a no abandonar el mundo de la cultura y el arte, y optó por la interpretación.

Esta etapa de la vida de la actriz se recogió en el cómic ‘La guerra de Audrey’, publicado por Planeta en 2025 y realizado por Salva Rubio, escritor y doctor en Historia y Artes por la Universidad de Granada, y Loreto Aroca, dibujante e ilustradora. Una publicación que honra la resiliencia de Hepburn y explica su apariencia frágil junto a la fuerte determinación que la caracterizó hasta el final.

La vida bella en Hollywood

Su decisión de convertirse en actriz llevó a Audrey Hepburn a participar en pequeños papeles de producciones cinematográficas europeas sin demasiada repercusión. Pero fue la escritora francesa Colette quien la descubrió en una de estas producciones y la eligió para protagonizar ‘Gigi’, en la adaptación de su novela al teatro que realizó Anita Loos en 1951.

Su actuación en Broadway fue tan brillante que el realizador William Wyler la eligió para protagonizar ‘Vacaciones en Roma’ (1953). Este primer trabajo de la actriz junto a Gregory Peck, que entonces estaba en la cima de su carrera, le valió su primer Óscar y el lanzamiento definitivo de su carrera como actriz.

Su segunda película en Hollywood se estrenó al año siguiente. ‘Sabrina’, uno de los clásicos de Billy Wilder, reunió a Humphrey Bogart, Audrey Hepburn y William Holden. La película fue candidata en 1955 a seis premios Óscar, entre ellos Mejor actriz para Audrey Hepburn y Mejor director. Finalmente, la estatuilla fue para el mejor vestuario, lo que llevó a la actriz además a convertirse en un icono de elegancia y estilo.

Por entonces, la artista cumplía 26 años y ya estaba casada con Mel Ferrer, su primer marido, también actor y 12 años mayor que ella. Trabajaron juntos en Broadway en la obra ‘Ondine’ (Alfred Lunt, 1954), lo que le valió a Hepburn un Tony como Mejor actriz de teatro. 

El triunfo de la actriz fue tan meteórico como el control férreo de Mel Ferrer sobre su carrera. Este hecho, unido a unos importantes celos profesionales por parte del actor, acabaron por deteriorar la relación y llevaron al divorcio en 1968. Fruto de este matrimonio nació su primer hijo, Sean. Él es quien cuenta en el libro ‘Audrey íntima’ los grandes momentos, pero también los más delicados que vivió junto a su madre.

Durante los años compartidos con Ferrer, la actriz había protagonizado los principales papeles de su carrera: ‘Desayuno con diamantes’ (Blake Edwards, 1961), por el que ganaría el Globo de Oro; ‘Charada’ (Stanley Donen, 1963), o ‘My Fair Lady’ (George Cukor, 1964), donde fue nominada al BAFTA y de nuevo al Globo de Oro como mejor actriz, respectivamente.

Su segundo matrimonio se celebró en 1969 en Roma, junto a Andrea Dotti. Psiquiatra italiano, se enamoró de Audrey Hepburn en un crucero junto a amigos comunes. De esta relación nació su segundo hijo, Luca. 

En este momento de su vida, la actriz decidió retirarse de los focos de Hollywood y se dedicó a su vida familiar. Realizó películas de menor calado y se retiró a un pueblo de Suiza para disfrutar de su familia, un deseo que Audrey Hepburn quería ver cumplido tras haber vivido una infancia desestructurada.

La labor humanitaria en UNICEF

Tras el fracaso de su segundo matrimonio, la vida de Audrey Hepburn transcurrió en Suiza junto a sus hijos, sus perros y rodeada de naturaleza. Solo volvió a la vida pública para llevar a cabo su labor humanitaria junto a UNICEF, hasta su muerte por cáncer en 1993.

Los recuerdos de una infancia en guerra la acompañaron toda su vida y, junto a la ONG internacional, tuvo la oportunidad de visibilizar, en aquellos años, el sufrimiento de los niños en los países más devastados del planeta. 

Se convirtió en la primera estrella de Hollywood que aprovechaba su proyección pública para recaudar fondos por los derechos de los niños en situaciones de guerra y hambre. Por esta labor fue condecorada con la máxima distinción civil de Estados Unidos, la Medalla Presidencial de la Libertad, que le entregó el presidente George H. W. Bush en 1992.

Junto a ella, en la última década de su vida, siempre estuvo Robert Wolders. La acompañó en sus viajes humanitarios, compartiendo la misma sensibilidad social, y estuvo a su lado hasta la muerte de la actriz, consecuencia de un cáncer de colon en 1993. Unos meses antes había visitado Somalia, país asolado por una gran hambruna. La imagen de la actriz sosteniendo en brazos a los niños desnutridos fue la última que pudieron ver espectadores de todo el mundo.

Audrey Hepburn fue en pantalla princesa, viuda, prostituta, ciega o beatnik. En la retina de su legión de fans siempre quedará un estilo que sigue inspirando a nuevas generaciones y un encanto único. 

Morena, de pelo corto y delgadez extrema, su imagen era la antítesis de la voluptuosidad de otras actrices de Hollywood; sin embargo, durante el tiempo que dedicó a su vida profesional, su luz fue de las más brillantes. 

El libro ‘Audrey íntima’, escrito por su hijo Sean Hepburn Ferrer junto a Wendy Holden, periodista y escritora de vidas extraordinarias, y publicado por Planeta, completa la historia con recuerdos personales compartidos. Un repaso definitivo a la vida de una mujer extraordinaria.

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