El camino del Entendimiento (III)
No era sólo el máximo líder quien enviaba mensajes de paz. El 24 de junio, el Presidente Osvaldo Dorticós al hablar en la televisión cubana expresó su esperanza de que Cuba pudiera normalizar sus relaciones con los Estados Unidos.
Este mensaje llegaría luego, también, por canales de la diplomacia.
Más que como una reportera, se muestra Lisa Howard como ingenua portadora de huecas promesas. Para ella “es evidente que Castro está listo para discutir la presencia de personal y equipo militar soviético en suelo cubano; la compensación para tierras e inversiones norteamericanas expropiadas; la cuestión de Cuba como base para subversión comunista en el hemisferio… él está preparado para ofrecer concesiones sustanciales”. Nos muestra a un Castro que sólo existe en la fantasiosa mente de la periodista norteamericana: “Nuestra conversación giró hacia una discusión de los ideales de la democracia Occidental que siempre parece de gran interés para él. Castro se encuentra especialmente atraído por los escritos de Thomas Paine y Thomas Jefferson”. El nombre de la no tan ingenua reportera volverá a aparecer en un memorándum de la Casa Blanca del 19 de noviembre, tres días antes de la tragedia de Dallas.
Prosigue Attwood con estas conversaciones que, en palabras textuales de Robert Kennedy, “valían la pena continuar”, según se expresa en el Comité Selecto del Senado el 20 de noviembre de 1975 donde Attwood detalla las pláticas que sostuvo desde septiembre hasta noviembre. El entusiasmo del Clan Kennedy era notable. No deseaba el Presidente poner obstáculo, o condición alguna, a esas conversaciones que tendían a un conveniente acomodo con Castro. Tanto es así que, en noviembre 5, Bundy le informa a Attwood que “el Presidente estaba más interesado que el Departamento de Estado en explorar las conversaciones con Cuba”.
El memorándum del Departamento de Estado de noviembre 7, citado por Schlesinger en su obra “One Thousand Days”, confirma que aquel departamento mantiene —¡increíblemente!— una línea más dura que la de la Casa Blanca:
“Antes de que los Estados Unidos pudieran entrar siquiera en relaciones mínimas con cualquier gobierno cubano, éste tendría que terminar cualquier dependencia política, económica o militar con los soviéticos” y, “cesar su subversión en el hemisferio occidental, renunciar al marxismo-leninismo como su ideología, remover a comunistas en posiciones de influencia, ofrecer compensación por propiedades expropiadas y restaurar la empresa privada en fábricas, minas, petróleo y distribución”.
Estas condiciones, tiene que admitir el propio Schlesinger, no formaban parte del pensamiento de Kennedy ni aparecían en el memorándum que Bundy le había preparado a Attwood. Para lograr el entendimiento que tanto deseaba, Kennedy se entregaba a Castro sin condición alguna.
Attwood consideraba que los primeros pasos con Lechuga podrían realizarse durante la sesión que estaba celebrando la Asamblea General de las Naciones Unidas y que podrían derivar en una invitación al diplomático americano a visitar Cuba. De inmediato le confirmaron la luz verde para iniciar tales conversaciones en busca de ese fin.
LA VERSIÓN DE
CARLOS LECHUGA
La versión de Carlos Lechuga, el confiable recién llegado Delegado ante las Naciones Unidas, no difiere sustancialmente de la ofrecida por William Attwood. Confirma Lechuga que en septiembre 23, a través de Lisa Howard, conoció del interés del embajador William Attwood de hablar con él sobre un tema urgente. La reunión se celebró en la casa de la reportera norteamericana, en un ambiente informal, con tragos y bocaditos, a la que asistieron diplomáticos y periodistas.
Attwood informó a Lechuga que Adlai Stevenson había autorizado celebrar esa reunión con Lechuga y darle a conocer que en pocas horas estaría solicitando autorización del Presidente para ir a Cuba a reunirse con Fidel Castro y discutir la posibilidad de un acercamiento entre La Habana y Washington. Attwood manifestó que iría como un ciudadano privado, y deseaba conocer las posibilidades de que el gobierno cubano le permitiese viajar a La Habana.
En aquella extensa e informal conversación Attwood —según expresa Lechuga— se refirió a una charla ofrecida por Averell Harriman, entonces Secretario de Estado, a los miembros de la misión norteamericana en las Naciones Unidas en la que afirma que muchos acuerdos podrían alcanzarse con la Unión Soviética en los próximos diez años. Para Attwood era evidente que se referían a Cuba. Recuerda Lechuga que el 27 de septiembre tuvo otra reunión con Attwood en el Lounge de los Delegados de las Naciones Unidas. Attwood explicó lo difícil que resultaba ir a Cuba por la posición oficial que él ocupaba pero que había recibido autorización para continuar estas conversaciones. Pocos días después se unía al grupo el periodista francés Jean Daniel.
Eran los días en que Lechuga pronunciaría en la Asamblea General de la ONU el discurso central exponiendo la posición cubana. Fue el embajador Stevenson quien respondió a los cargos presentados por Lechuga. Curiosamente había sido Attwood quien, como asistente de Stevenson, le había redactado el discurso. Parecía una comedia.
El 28 de octubre se reúne nuevamente Lechuga con el asistente de Attwood en el mismo Lounge de las Naciones Unidas. Ya se van envolviendo más personas que buscan un acomodo con Castro. Intervienen, en una forma u otra, Gordon Chase, McGeorge Bundy, el propio presidente Kennedy. Desde Cuba, el comandante René Vallejo, y, en medio de todos, quizás Lisa Howard.






0 comentarios