Por Luis de la Paz
La historia de Cuba desde el siglo XIX está marcada por la migración y el exilio de sus ciudadanos. Durante la Colonia, luchadores y familias huyeron de la Isla. Ya con la República hubo movimientos migratorios por posiciones políticas bajo algunos presidentes constitucionales. Con el castrismo, que rompió todo esquema de convivencia social, el éxodo ha sido constante y en cifras alarmantes: salidas legales en los primeros tiempos. Éxodo de Camarioca. Vuelos de la libertad. Éxodo del Mariel. Éxodo de los balseros. Éxodos hacia Sudamérica primero, luego usando a Nicaragua como trampolín. En 67 años, entre 3 y 4 millones de cubanos han huido de su patria.
El escenario migratorio cubano, la mayor de las Antillas, tiene como causante a un régimen político de corte comunista: la dictadura, la tiranía instaurada en el país desde 1959, con 67 años en el poder. Ese régimen ha sumido a Cuba en una crisis humanitaria de grandes proporciones, llevando al país a un primitivismo extremo, de magra sobrevivencia, no de vida, acorde a los patrones generales de bienestar aportados por el desarrollo, como agua corriente, asistencia médica adecuada, electricidad y transporte. Una serie de modelos establecidos por Naciones Unidas para el mundo.
Antes del desastre arrasador del castrismo, y el comunismo como guía de la sociedad, la isla de Cuba superaba con creces los marcos de desarrollo y equilibrio social. En la actualidad Cuba se encuentra en los últimos lugares del planeta, cercano a países africanos, donde la miseria y las necesidades básicas son más apremiantes. En el continente americano, Cuba está en el fondo de los avances, incluso por debajo de Haití. Sólo hay que observar que hay cubanos que viajan a Haití a comprar provisiones, porque en Cuba no las hay.
Las autoridades cubanas llevan décadas desoyendo, no solo al pueblo que reclama acción y cambios, sino a la propia evolución de los tiempos y las tecnologías. Los mandos cubanos, solo tienen dos propósitos que son la inmovilidad y la permanencia en el poder bajo cualquier circunstancias, y para ello recurren al sometimiento de la población, el hambre, la cárcel y la aniquilación de la individualidad. Todos esos métodos que contradicen el comportamiento lógico y coherente del ser humano conducen a la migración, al éxodo. Bajo el régimen socialista cubano al menos 3 millones de cubanos han dejado su país por razones políticas en su mayoría. Incluso, los que se definen como emigrantes económicos, lo hacen por las crisis sociales resultado de la mala política del estado, lo que convierte esa migración también en política.
Desde el mismo año 1959 Fidel Castro comenzó el derrumbe del país como nación próspera. El 14 de octubre de 1960, el titular del periódico El Mundo indicaba que se expropiaron solo ese día, entre otros: 105 ingenios azucareros, 18 destilerías, 5 cervecerías, 3 fábricas de jabones y perfumes, 8 fábricas de envases, 4 de pinturas, 7 papelerías, 61 fábricas textiles, 16 molinos de arroz, 47 almacenes de víveres, 11 tostaderos de café, 13 tiendas por departamentos, 8 empresas ferrocarrileras, 19 constructoras, 13 marinas y 7 productoras de alimentos.
Todas estas expropiaciones dictadas personalmente por Fidel Castro, días después de afirmar en un discurso en Santa Clara: “Locos los que crean que vamos a nacionalizar las industrias” (titular del periódico Prensa Libre), lo que demuestra la maledicencia del tirano. En otro momento, el rotativo Revolución en primera plana, en un enorme titular rezaba: “fueron nacionalizadas 382 grandes empresas”. Seguidamente indica que “nacionalizados también los bancos”.
¿Alguien duda de que a partir de esas irracionales y desproporcionadas expropiaciones Cuba tuviera la posibilidad de crecimiento y prosperidad para los años venideros? Todo lo contrario, el país comenzó a caer lentamente. Para los años 70, después del desastre de la fracasada Zafra de los 10 Millones y de planes descabellados, como el porcino, el café caturra, y el Cordón de La Habana, la caída se aceleró.
Los propios nombres oficiales para esos años contradicen lo que afirmaban: Año de la Reforma Agraria (1960); Año de la Planificación (1962); Año de la Organización (1963); Año de la Economía (1964); Año de la Agricultura (1965); Año del Esfuerzo Decisivo (1969); Año de los 10 Millones (1970); Año de la Productividad (1971) y Año de la Institucionalización (1977), entre otros nombres altisonantes y prometedores.
El resultado es un país sin economía, sin organización, sin agricultura, sin productividad, sin institucionalidad. Un país sumido en la miseria planificada desde las altas esferas del poder.
El desplome de los regímenes comunistas en Europa aceleró la debacle, impulsó el recorrido desenfrenado hacia el abismo total, entre otras razones, porque las propias estructuras heredadas de la época republicana también comenzaron a desplomarse por falta de mantenimiento: edificios derrumbándose, centrales eléctricas sin modernización, causando fallas constantemente, deterioro de las tuberías de agua, haciendo escasear el preciado líquido. Las imágenes de las montañas de basura en las calles han convertido a los cubanos en sombras de sí mismos.
Luego el hambre, también producto de la falta de una administración económica basada en las necesidades y prioridades. Las fincas fueron expropiadas, las ganaderías pasaron a manos del gobierno, la producción agrícola fue disminuyendo hasta prácticamente llegar a mínimos insustanciales en la actualidad. El consumo de ganado, cerdos y pollos es más acelerado que la reproducción de estos animales, lo que ha acrecentado el hambre.
Durante años las necesidades alimenticias fueron manejadas por la dictadura castrista como un arma política. Al tener a la población hambrienta, la mantenía contenida, buscando el alimento diario. La libreta de abastecimiento fue una manera de mantener el sustento mínimo. Pero todo eso se le ha vuelto un problema a la dictadura. El propósito del régimen de controlarlo todo, ha sido su peor enemigo. Cuba es hoy un estado totalmente fallido, desastroso, inoperante hasta en los detalles más insignificantes. Una pobreza inducida, la catástrofe alimentada desde el poder absoluto, la mutación de una Isla próspera a un país de mendigos y pedigüeños.
Todos estos desastres pensados desde la cúpula del poder para controlar a la población, se le ha ido de control, al extremo que la represión, la cárcel con largas condenas que llaman “condenas ejemplarizantes”, lo que en realidad quiere decir, para persuadir a otros a desafiar al régimen, también se le han ido de las manos al gobierno.
Los miles que salieron a las calles el 11 de julio del 2021 pidiendo libertad, todavía están cumpliendo condenas en las cárceles o están vigilados en las calles. Las protestas y cacerolazos en distintas partes del país marcan el ritmo diario. Los gritos de libertad se acrecientan. Las protestas públicas no cesan y muy probablemente continúen en aumento.
La realidad actual es la angustia de un pueblo buscando un aliento, una esperanza. Se han centrado las expectativas de un cambio en Cuba mediante la rebeldía nacional, y la ayuda de una potencia extranjera. Estados Unidos lleva meses anunciando un cambio en el rumbo político, económico y social en Cuba, que indican como “inevitable”, lo que ha llenado de esperanzas y sueños a muchos dentro de la Isla y el exilio.
El cubano en la Isla siempre ha pedido transformaciones, pero nunca se le ha escuchado. Los exiliados, esos que marcharon al destierro y prosperaron con su trabajo y esfuerzo, también se han hastiado de ser el salvavidas económico del régimen. Son miles de millones de dólares los que en condición de remesas y productos se envían a Cuba para ayudar a las familias, aun sabiendo que el beneficiario final es el gobierno y sus instituciones fantasmas de control financiero como GAESA.
El cubano dentro de la Isla aguarda por la presión de la administración Trump para forzar la salida del gobierno castrista y cambiar las estructuras nacionales. Las décadas de presión de los exiliados no han dado frutos, solo han servido para que el régimen gane tiempo. Las protestas populares han sido brutalmente reprimidas. Los llamados de países amigos y enemigos del régimen cubano para una apertura han caído en oídos sordos. El propio gobierno cubano ha afirmado que no cederá el poder, mientras que desde la Casa Blanca se dice que, de no llegarse a un acuerdo, usarán la fuerza.
El desastre causado por 67 años de castrismo ha conseguido que muchos cubanos, dentro y fuera de las fronteras insulares, deseen un cambio a cualquier precio, incluida la intervención militar, como arroja una encuesta encargada por El Nuevo Herald donde se indica que el 79% de los cubanos encuestados aprueban una intervención militar.
El desenlace aún está por ver. Algo está claro y es que no hay solución visible, ni posible bajo el castrismo. El otro escenario, marcaría un nuevo comienzo, pero está por verse a qué precio.
Ojalá el cubano deje de emigrar, que el éxodo durante 67 años de un 30% de la población cubana se detenga, que el progreso regrese a la Isla, y no dejar fuera algo muy importante, que se haga justicia contra los victimarios del pueblo cubano.








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