Covadonga: inicio de una epopeya (I)

Written by Libre Online

14 de abril de 2026

Sea este relato de la Batalla de Covadonga un desagravio a los asturianos, creadores de la Quinta Covadonga en La Habana, un popular Palacio de la medicina decomisado a sus dueños por los raterolucionarios, estos le apodaron con el nombre de un agente rojo latinoamericano que es mejor ni mencionar. Como todo lo que tocan, cayó en deterioro y solo ha podido recuperar en parte el esplendor de antaño, gracias a la ayuda del Principado de Asturias, cuyo escudo admiramos en el vetusto edificio principal al entrar a la insigne institución, orgullo de la Hispanidad.

Por Rafael Jesús de la Morena Santana

Sea este relato de la Batalla de Covadonga un desagravio a los asturianos, creadores de la Quinta Covadonga en La Habana, un popular Palacio de la medicina decomisado a sus dueños por los raterolucionarios, estos le apodaron con el nombre de un agente rojo latinoamericano que es mejor ni mencionar. Como todo lo que tocan, cayó en deterioro y solo ha podido recuperar en parte el esplendor de antaño, gracias a la ayuda del Principado de Asturias, cuyo escudo admiramos en el vetusto edificio principal al entrar a la insigne institución, orgullo de la Hispanidad.

Los factores que llevaron al Valle y Cueva de Covadonga a convertirse en Altar de la Hispanidad, tienen su raíz a inicios del siglo VIII DJC, porque en el año 711 la Cristiandad Latina sufre un golpe demoledor, las hordas islámicas al mando de Tariq ibn Ziyad, entran a sangre y fuego en Hispania, unos traidores cuyos nombres la pluma se niega a escribir, les abrieron las puertas del país, a cambio de que los árabes los ayudaran a apoderarse del trono visigodo, pero los valíes musulmanes tenían miras ambiciosas y despreciaban a quienes habían actuado con tal infamia. 

El ejército invasor árabe-bereber, de quince mil hombres, se enfrenta al del Rey Rodrigo a orillas del río Guadalete. Las fuerzas son parejas, pero en medio del fragor de la batalla, tres mil visigodos vinculados a la traición, abandonan el campo y dejan descubierto el flanco ibérico, por allí suelta Tariq la masa de sus guerreros y la victoria es del Islam.

Tariq, el General beréber, ve la posibilidad de obtener para el Califa de Damasco un inmenso país, sabe que ya no encontrará estorbos armados y comienza a ocupar ciudades, en unas les abrieron las puertas y la nobleza visigoda se plegó a la autoridad usurpadora, pero en otras los africanos tuvieron que sofocar los intentos de repetir las obstinaciones de Numancia y Sagunto. 

Las familias son separadas, el saqueo, las violaciones y la muerte se imponen. Los cautivos, hombres, mujeres y niños son llevados a Marruecos a ser vendidos como esclavos. Parece el fin de la herencia de la Cristiandad Occidental en la península ibérica, es un desastre, el reino visigodo ha desaparecido, el Califato Omeya, con capital en Damasco, amenaza con expandirse por Europa.

Aun así, muchos escapan. Tenían dos posibilidades: ir a las Galias pasando los Pirineos, o al norte de Iberia, allí, en el extremo septentrional del territorio, en zonas de Galicia, Vasconia y Asturias, la Libertad trata de sobrevivir. El tradicional espíritu indómito de sus moradores sigue intacto, ni los cartagineses, ni los romanos, ni los godos, pudieron ejercer un dominio efectivo en esas regiones frías y montañosas, tierra de comunidades celosas de su independencia.

Hacia allá se dirige uno de los pocos sobrevivientes de la masacre del Guadalete, Pelayo, un noble visigodo, llevaba el pecho henchido de ira por el fracaso sufrido y las atrocidades cometidas por los agresores, y en el pensamiento una idea fija: arrojar a como diese lugar al invasor, sentía que era una misión insoslayable a la cual dedicar el resto de su vida.

Pelayo guía a unos prófugos a través de la campiña por atajos, temerosos de caer en manos de los islámicos, con el van sus dos hijos, hembra y varón, Ermesinda y Fáfila, decididos como su padre a cualquier sacrificio por dar la revancha. Esta comitiva sirve de guardia al Arzobispo de Toledo, Urbano que conduce reliquias cristianas para sustraerlas a la codicia y profanaciones enemigas.

La opción era alcanzar los Picos de Europa en Asturias, refugio de los que huían. Pelayo y los suyos se acogen a la aldea de Cangas de Onis, devenida como punto de encuentro de los desesperados de Hispania, celtíberos, cántabros, catalanes, judíos, hispanorromanos, que se dispersan por valles recónditos y grutas unidos ya por una meta común, sobrevivir para tomar el desquite.

Pronto se reúne un Consejo, y se elige a Pelayo para presidirlo. Este rechaza cualquier arreglo con los mahometanos y se rehúsa a pagarle ningún tipo de tributo a Munuza el Vali de Gijón, donde está la mayor guarnición musulmana de la zona, el ambiente se empieza a saturar de ganas de rebelión, la remota localidad asturiana se va a convertir en el campamento de una sublevación que ya tiene su Caudillo, la lucha armada está en ciernes.

El primer deber es la defensa, conscientes de que los islámicos no tardaran en intentar someterlos, pero están dispuestos a vender caras sus vidas en ese último reducto de Hispania y el Cristianismo en la península, jamás entregaran Cangas de Onis, si el enemigo la quiere, tendrá que arriesgarse a una confrontación en la que no se dará ni pedirá cuartel.

Los emigrados que han llegado a este extremo norte de la geografía ibérica se van a ir mezclando y aliando con los irreductibles astures, acostumbrados a hostilizar a cualquier extraño a sus valles. Se fabrican algunas armas, las mujeres y niños dirigidos por la hija de Pelayo, entusiasmados con la historia bíblica del Rey David, practican para llegar a ser hábiles honderos.

Pero Pelayo piensa que la situación es insostenible, formado como caballero, conocía el uso de las armas y lo difícil que es formar un ejército, sabe que para enfrentar el peligro que se les viene encima, además de coraje, hace falta armamento de calidad, técnicas bélicas y un militar experto en tácticas y estrategias que prepare tropas disciplinadas, las entrene, y las enseñe a vencer. Es un milagro que piden a la Virgen en sus oraciones.

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