TONY RUANO: PENUMBRAS Y ENCANTO  DE FULGOR LITERARIO

Written by José A. Albertini

7 de abril de 2026

Una vez más con la novela La sombra del reflejo el prolífero escritor, poeta y pintor Tony (José Antonio) Ruano sumerge al lector, con prosa concisa, directa y clara, en un mundo, distorsionado por la creación literaria, de memoria  pertinaz y hechizada que se asienta en un pueblo pequeño de Cuba; universalizado a golpes de sentimientos y recuerdos que, por fuerzas mayores, de desarraigo brusco, mantienen la frescura del momento que no sucumbe al olvido.   

La magia, siempre la magia ligada a lo que aconteciese desde que los exploradores llegaron al río y decidieron fundar el pueblo cerca de las riberas de aquel cuerpo de agua cristalina y fría. 

Con esta seductora descripción se inicia: La sombra del reflejo, trama que acumula  la vertiginosidad que acompaña nacimiento, vida y deceso de todo lo que la naturaleza y fuerzas, quizá divinas, permiten.

La larga y calurosa noche del velorio de Jacinto —hombre de bien y eminente visionario  que ha repartido, a lo largo de su existencia terrenal, amistad, buenos consejos y, sobre todo,  recomendaciones o  advertencias futuristas que, en más de una ocasión, orientaron existencias o previnieron catástrofes humanas y ambientales— congrega a la casi totalidad del pueblo que llena la vivienda y ocupa la calle.

 Todos quieren rendir homenaje póstumo al hombre generoso. Al abuelo del niño Gabriel, nacido con el don de médium y  que antes de aprender las primeras letras ya hablaba de mis Seres de Luz. Gabriel, digno heredero de las facultades de Jacinto, murió en plena infancia, luego de preconizar y remediar —a pesar de su corta edad— situaciones, a todas luces desesperantes, como aquella en la que él mismo pereció, al conminar a los que asistían a misa en la iglesia cercana al convento de Las Monjas Filipenses  a que abandonaran el templo porque el techo se iba a derrumbar. Y frente al incrédulo sacerdote, que le increpaba por alarmista, la estructura se vino abajo. Muchos feligreses, incluyendo al cura descreído, perecieron. El pequeño Gabriel, prendido de sus Seres de Luz, fue una de las primeras víctimas. 

Sucesos como la catástrofe del templo no lo olvidan los moradores del pueblo, como tampoco el espíritu de Jacinto que partiendo de su velorio —ya investido con la atemporalidad que la eternidad concede— se elevó por encima de su amada villa para recorrerla, desde los orígenes hasta el presente. De esa manera,  el ánima de Jacinto se  presenta en  las distintas barriadas. Comparte con los negros del barrio Libertad, entró en bohíos de carboneros, leñadores  y agricultores, donde  gusta algún guiso criollo. Llega a la vivienda del sacerdote yoruba Alejandro y ve a una mujer caer en trance. Entra a la del espiritista Eligio Benavides y siente cómo las almas desencarnadas se manifiestan. Entonces, el inmaterial Jacinto recuerda los versos de Tony Ruano, su biógrafo, y repite con eco de eternidad: Cuando muera / faciliten el avance a mi energía / que energía y avance es solo una vida / aun cuando yo muera.

 Jacinto, regresa al velorio, su mortuorio, y con satisfacción observa, según lo planeado por él,  cómo Rosa y Miguel, empiezan a concretar la relación amorosa que, por años y diferentes motivos, ajenos al sentimiento, fue complicada. Y frente a la visión de los amantes vuelve el alma del extinto  a recurrir al poeta  Tony Ruano que sabe sus secretos e intenciones y en versos de eternidad dice: Y desde aquí puedo decir / que la vida es aprender / enseñar / dar ejemplos / hacer el amor / comenzar cualquier poema y dejarlo inacabado… porque, en fin de cuentas, yago a la tenue lumbre de los cirios / dejo las suelas huecas de mis zapatos / mis huesos y mis criterios /  y un viejo rito que superar.

 Y amparado, en su condición  etérea, comprueba la manera en que los tres enigmáticos jóvenes, que no dejan huellas al pisar, reparten estampitas santas.  Al percibirla, recatadamente vestida, con un pensamiento afectuoso, agradece la presencia de Eloísa, la dueña del prostíbulo local. Otro tanto hace con el enjambre de viejas chismosas, pero apreciadas que, en cuchicheos, critican al más pinto de la paloma.

Lanzó otra caminata, en la evocación pueblerina, y asiste a un paritorio, en el que María, la anciana comadrona originaria de las Islas Canarias,  conmina a la parturienta: ¡Puja, puja que ya sale!

 Jacinto, recorre el curso del río; revive la pesca de guabinas y la leyenda del Güije. También, en el tiempo ido, es testigo, en La Playita del Recodo, del lance amoroso de Luisa —la mora que había venido de Mauritania— con Armando; el Guardia Rural: ¡Ay Mandy se acaba la mundi!

Tras una larga noche de calor, humedad, tazas de café, chocolate y tentempiés el nutrido cortejo fúnebre parte rumbo al cementerio.  Una llovizna que rápido toma fuerza  comienza a caer. Un relámpago cruza el cielo entoldado y…

Se impone puntualizar que esta ingeniosa trama —de redacción directa; carente de atributos innecesarios, pero llena de imágenes, olores, situaciones humanas  y climáticas caracteriza— la prosa, siempre bien cuidada, de Tony Ruano.

Por otro lado, paralelo a lo dicho, sin contradicción alguna, en La sombra del reflejo abundan situaciones inesperadas, pletóricas del encantamiento que una crónica, como esta, no alcanza a dimensionar. Por lo tanto, les invito a  topar con: La magia: La eterna magia  del alma que disfruta su velorio. Llegada del féretro, con la materia inerte, al camposanto y posterior inhumación en medio de una mañana desapacible.

Como lector de la mayoría de las obras de Tony Ruano, me aventuro a decir que parte del sortilegio que encierra y destila esta novela, encuentra antecedentes en dos libros anteriores. Me refiero al poemario: Mi pueblo más allá de la memoria (2004) y los relatos que se agrupan en el volumen De retorno al pueblo viejo (2021).

Ante mí, mi pueblo, / carcomido por la historia, / despellejado por los Alisios, /desgastado por su gente, / descongelado ante la realidad, / atrapado en un cuento fantasmagórico / que no termina… Y, según cuenta el narrador y poeta Tony Ruano, observador de sombras y reflejos:… la vida en un momento pasa / y lo sé yo que estoy aquí / donde ya no hay prisas / donde todo lo hecho no importa / ni existen logros / ni fracasos…

Fracasos y logros que se  redujeron al chirriar del mármol contra el concreto al tiempo de cerrar la tumba e inmediata elevación del alma de Jacinto en repentina ráfaga de viento, seguida por un relámpago y trueno ensordecedor cuya energía nutrió, con fuerza renovadora, los manantiales de aguas benéficas que dieron origen a la fundación de la Villa. 

NOTA: Tony Ruano, además  de La sombra del reflejo, es autor de dieciséis obras anteriores que cubren los géneros de poesía, novela, relatos, finanzas e investigación histórica, incluyendo, poesía y cuentos infantiles. Su producción literaria, disponible en Amazon Libros, ha sido traducida a otros idiomas.

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