Por Jorge Quintana (1955)
Como todos los grandes personajes de la historia, Clemente Dantín está envuelto algo en la leyenda. Al concluirse la Guerra de Independencia él declaraba llamarse Clemente Dantín y Félix, sin embargo, A. Dollero, en su obra “Cultura Cubana: Pinar del Río”, asegura que su verdadero apellido era el de Valdés. Sabemos, por propia confesión, que nació en una finca cerca de Candelaria, el 27 de septiembre de 1846 y que sus padres se llamaban Domingo y Mercedes, pero de sus primeros años nada conocemos.
Uno de sus mejores biógrafos, P. M. Herrera, refiriéndose a su instrucción dice: “Alumno aprovechado en su niñez, en los colegios de primera enseñanza, preparó su inteligencia privilegiada para mayores progresos ulteriores, siendo al cabo de algunos años, un verdadero bachiller sin título, más tarde un político conspirador de altos vuelos”.
El propio Herrera nos revela que lo conoció en Ceuta en 1887. ¿Por qué razones fue Clemente Dantín a parar al presidio africano? No lo sabemos, ni Herrera nos lo dice. Debió haber sido por causas políticas, lo que nos induce a creer que el hijo de Candelaria tomó parte en la Guerra de los Diez Años o tal vez en la conspiración de la Guerra Chiquita, a juzgar por esa afirmación del propio Herrera de que llegó a ser “un político conspirador de altos vuelos”. De que cuando estaba en Ceuta sus ideales eran francamente independentistas nos lo revela este poema, del cual transcribimos las dos últimas estrofas, y que también nos dan una idea de que Clemente Dantín era hombre de cultura que manejaba con habilidad el verso.
“Acho, mansión de espanto;
tus antiguos torreones
y tus sombríos murallones
me inspiran este triste canto.
¡He sufrido tanto, tanto,
en tus sótanos obscuros,
tu suelo quebrado y duro,
tu gigantesca figura
de mi vida sepultura,
de mi libertad, muro…!
Si yo pudiera romper
los hierros de mi prisión,
volar a la insurrección
hasta morir o vencer;
Y allí mi esfuerzo ofrecer
con mi sangre y experiencia,
aguzar la inteligencia
contra del poder hispano
y cumplir como cubano
¡o muerte o Independencia!
No sabemos cuándo salió de Ceuta Clemente Dantín. En 1895 le encontramos en La Habana dedicado al comercio. El 21 de febrero de 1895 se sublevan los cubanos respondiendo a la orden de Martí. Inmediatamente se trasladó a la provincia de Matanzas. Pero dejemos que él mismo nos explique su incorporación al movimiento revolucionario.
“A los cuatro días, o séase el 1º de Mayo de 1895, escribió el propio Dantín en un folleto que dedicó al general James Wilson, gobernador militar de las provincias de Santa Clara y Matanzas en 1899, me embarqué en el paradero de Jesús del Monte, y desembarqué en Quivicán, ocultándome en la finca “Araujo”, propiedad del marqués de Campo Florido, donde empecé mis operaciones, y donde, ayudado por el arrendatario de aquella finca, señor B. G., desarmamos una noche, por sorpresa, varios campesinos y voluntarios adictos al gobierno de España. Allí estuve durante mayo, junio y julio; pero los partes dados a las autoridades militares por consecuencia de lo que los españoles estimaban como hechos escandalosos, obligaron al general Loño, subinspector de la Guardia Civil, a salir en mi persecución con dos columnas y algunas piezas de artillería.
Pronto, sin embargo, me personé con 10 hombres en el potrero Sotolongo, y recogí y organicé el contingente revolucionario comprometido en Güira de Melena, secundándome admirablemente en esta operación el comandante Rafael Castillo; y a los tres días de acampar en dicho potrero, rompí marcha, camino de la costa de Castañeda con 67 hombres de infantería; serían como las doce de la noche.
A los dos días de acampados en este último punto se presentó a nuestra vista una fuerza de guardias civiles, cuya vanguardia la mandaba el teniente de la misma, Justo Pardo. Mi avanzada, compuesta de 6 hombres y un cabo, rompió el fuego sobre el enemigo, que se retiró a paso ligero con dos heridos y un contuso, según pude averiguar después”.
El señor B.G., arrendatario de la finca del marqués de Campo Florido hubo de acobardarse teniendo necesidad de disolver la partida. Poco después otro de los sublevados con Dantín se escapaba al campamento español, llevándose algunas armas. Por este hecho el general Loño hizo anunciar, con salvas de artillería, que consideraba pacificada a la provincia. Sin embargo. Dantín se propuso demostrarle todo lo contrario y esa misma noche tres de los pocos hombres que le seguían, se presentaban en una tienda inmediata al Cuartel General español y tomaban de ella efectos por valor de treinta pesos, pagándolos con un vale firmado a nombre de la República de Cuba.
No contento el señor B. G. —cuyo nombre no identificamos porque así sólo nos lo menciona Clemente Dantín— con lo ya realizado en contra de la causa de su patria, se propuso ayudar más a los españoles, tratando de impedir que Dantín pudiese evadir la persecución y pasar a Las Villas. Pero Dantín logró deslizarse por entre los soldados enemigos apostados para capturarle, llegando a la hacienda “Manjuarí”, al Oriente de la provincia de Matanzas, en el límite con Las Villas.
Tres días llevaba allí cuando se presentó el coronel Manzaneda con doscientos hombres, siguiéndole el rastro. Desde un sitio estratégico Clemente Dantín en unión de José Mederos y Antonio González contaron a los soldados españoles. Allí permaneció por varias semanas. Como entonces no había ningún insurrecto en la provincia, Clemente Dantín reclama, en el folleto antes mencionado, el honor “de ser el primer mambí que puso su planta en ella”.
El 26 de octubre se llevó a cabo la sublevación de la finca “La Luz”. Eduardo García, también pinareño como él a quien la Junta de La Habana había enviado para que se hiciese cargo del mando de los sublevados, se quedó sólo en el “Ciervo”. Hasta allí se llegó Clemente Dantín acatando su jefatura. Por toda tropa llevaba a sus dos inseparables compañeros. Le reconocieron el grado de capitán, con antigüedad de 1º de mayo de ese mismo año de 1895.
El 25 de diciembre salían García y Dantín, con cincuenta y un hombres montados, para unirse a las huestes invasoras que avanzaban con decisión incontenible hacia las regiones occidentales. Unidos a los generales Gómez y Maceo regresaron a la provincia de Matanzas asistiendo a los combates de Dos Marías, Calimete y Palmar.
El 31 de diciembre, en Mangalarga los jefes de la columna invasora comisionaron al capitán Clemente Dantín para que llevase a lugar seguro a los setenta y nueve heridos que constituían en ese momento, la impedimenta de los invasores. En la hacienda “Manjuarí” estableció el hospital de sangre. Por su parte Eduardo García comenzaba los trabajos para constituir la brigada Sur de Matanzas, de cuyo mando hubo de hacerse cargo. Entre los regimientos que la integraban figuraba el “Manjuarí” cuyo mando se entregó al capitán Clemente Dantín, ascendido a comandante el 4 de febrero de 1896 por el general Lacret que se quedó en Matanzas para activar las operaciones en la misma.
El 8 de marzo de 1896 combate a las órdenes del general Lacret en el ingenio “La Diana”. El 9 en Río de Auras. El 29, por su comportamiento en el combate en el ingenio “La Diana”, el general Lacret le asciende a teniente coronel. El cinco de abril combate en el protero San Benito. El 9 hostiliza a la guerrilla del ingenio “Jicarita” a la que le hizo dos muertos y cuatro heridos.
Al día siguiente tiroteó a Bolondrón. El 10 de mayo, en unión de los tenientes coroneles Pío Domínguez y Pedro García, atacaron al ingenio “Flora”, propiedad de José Sainzs, en Unión de Reyes, causándoles al enemigo un muerto y cinco heridos. Esa misma noche tirotearon, durante cinco horas, a Güira de Macurijes. El 24 de mayo, operando a las órdenes del brigadier Eduardo García se baten con la columna española mandada por el coronel Maroto en la finca “Vinola”.
El 1º de junio ataca al ingenio “Asturias”. El 10 combate en el potrero Valera. El 17 en Los Jardines. El 24 en Loma Perlas y el 25 en el potrero San Antonio.
El 3 de julio el general Lacret, teniendo por segundo al general Eduardo García, se enfrenta con las columnas de los coroneles Brualla y Aldea en el Hato de Jicarita. Fue un encuentro rudo en el que el jefe cubano consumió casi todo el parque de la expedición del coronel Ricardo Trujillo desembarcada dos semanas antes en la Playa de Camacho, cerca de Varadero.
Casi todo el combate lo dirigió el brigadier García, teniendo entre las fuerzas a su mando, al regimiento Manjuarí que mandaba el teniente coronel Clemente Dantín. Cuatro días más tarde Dantín vuelve a combatir con los españoles en el potrero Chaviano. El 16 en Julia Moliner. El 20 en La Vija. El 14 de agosto en el ingenio “Nieves”. Al día siguiente nuevamente en Julia Moliner. El 31 en unión del teniente coronel Gould y de los comandantes Ortega, José M. Villa y José Aguirre, al frente de cuatrocientos hombres, asalta a Bolondrón que estaba defendido por veintiún fuertes. Fueron quemadas treinta y dos casas, teniendo los cubanos, solamente dos muertos y nueve heridos, entre ellos, de alguna gravedad, al propio jefe de la operación teniente coronel Dantín.
El 1º de noviembre le encontramos de nuevo operando. Este día se enfrenta a los españoles en los cañaverales del “Flora”. Tres días más tarde, en unión de los tenientes coroneles Pío Domínguez, Enrique del Junco y Miguel Iribarren, asaltaron y tomaron nuevamente a Bolondrón. El 23, operando a las órdenes del general Lacret, combate con una columna española integrada por soldados del regimiento María Cristina en el potrero Miguel Rodríguez. Y el 30, unidos Lacret, Pío Domínguez y Dantín sostienen rudo combate con la columna del coronel Pavía en el potrero Mendoza. El 13 de diciembre Dantín y Pío Domínguez combaten en las inmediaciones de Bolondrón, con numerosa fuerza española.
En las primeras semanas del año de 1897 el general en jefe Máximo Gómez sustituyó al general Lacret en el mando de la división de Matanzas, por el general Avelino Rosas, procedente del ejército colombiano, que había venido a Cuba en la expedición del general Calixto García. El general Rosas le dio al teniente coronel Dantín órdenes de trasladarse a Las Villas en busca de parque. Dejemos, otra vez que sea el propio Dantín quien nos relate, las peripecias de aquella marcha.
“El 2 de marzo, escribe Dantín en el folleto tantas veces citado, cumpliendo órdenes del nuevo general de la División, rompí marcha para Las Villas con 215 hombres; armados 11 de ellos y yo 15, con fusiles y rifles, y los demás con palos. Nuestra misión consistía en traer armas de Vuelta Arriba, y nuestro camino era el rastro que dejaba la columna de Weyler. El 17 de mayo llegué a Minas Rica, donde se encontraba el general Mayía Rodríguez acampado con 3,000 hombres; pero antes tuve fuego en Pica Pica y Loma de la Alcantarilla.
Formé mis 215 infantes en presencia del general Mayía y al contemplarlos armados de aquella suerte, me propinó, por cierto, sin culpa, una gran reprimenda: pues fue, según me dijo, un verdadero milagro que no nos hubiesen macheteado en el camino”.
Del campamento del general Rodríguez fue hasta Santa Teresa, donde se hallaba acampado el general Máximo Gómez, quien le ordenó se uniera al general Quintín Banderas que acababa de cruzar la trocha de Júcaro a Morón. En unión del teniente coronel Enrique Loynaz cruzó también la trocha Dantín, dirigiéndose a Trinidad. Combatió con los soldados de Weyler en defensa del campamento del general Rodríguez retirándose más tarde a Yagunal, donde según él mismo relatara, “no había más que pomarrosas que comer”.
De Yagunal fue a la Rosa. El 7 de mayo combate en La Atravesada. En Veguitas se incorporó al general Banderas combatiendo el 21 en una columna española a sus inmediatas órdenes. El 23 acamparon en Pedroso. El 19 de junio, estando acampado en el Relámpago fue atacado por dos columnas españolas que operaban en combinación, a las que logró derrotar, situando, de acuerdo con Cayito Álvarez, fuerzas cubanas que emboscadas les hicieron numerosas bajas.
El 27 los españoles le obligan a retirarse derrotado. Al día siguiente emprendía marcha, en unión del teniente coronel Loynaz y los soldados de Quintín Banderas. El 5 de julio llegaban a la provincia de Matanzas. El 9, en el camino de Jícarita, sostenían un violento combate con la guerrilla del coronel Armendáriz, a la que logró derrotar, quitándole quince caballos y trece tercerolas después de matarles diecinueve caballos y nueve soldados. Dos días más tarde los teniente coroneles Loynaz, Dantín y José López combaten en la montaña Ponce y en potrero Prendes, con el mismo coronel Armendáriz al que le hicieron esta vez dieciocho bajas. El 12 de julio acampaban en el Hato de Jicarita.
Todo era allí desolación. Donde antes los cubanos acampaban sin dificultades, sólo se encontraba ahora el aurerío que devoraba los cadáveres, los campos arrasados; nada en pie.
El 15 de julio, unidos Loynaz, Dantín y López sostienen combate con los coroneles Aldea y Molina en el Cuzco, haciéndoles cincuenta muertos. Entre los heridos cubanos figura el teniente coronel Dantín que tuvo que ser retirado a Los Cocos, en plena Ciénaga de Zapata. Más tarde, temeroso de ser sorprendido, se trasladó a Tula hasta donde llegaron en su persecución los soldados de Molina, siendo necesario internarlo más aun, hasta Cayo Cedro.
El 2 de agosto le ascienden a coronel.
El 1º de noviembre de 1897 es atacado por otra columna española logrando escapar casi por milagro.
La campana le sorprendió mandando su regimiento “Manjuarí”. Además, en comisión, había asumido el mando de la Segunda Brigada de la Primera División del Quinto Cuerpo. El 7 de julio de 1898 el Consejo de Gobierno, presidido por el mayor general Bartolomé Masó, aprobaba la propuesta que el mayor general Máximo Gómez hacía de la que a su vez le había hecho el mayor general José M. Rodríguez, ascendiendo a coronel al teniente coronel Clemente Dantín, reconociéndosele la antigüedad del 12 de julio de 1897. El 24 de agosto se le ascendía a general de brigada con esa antigüedad.
El 15 de enero de 1899, desde Bolondrón, le escribía al general José M. Rodríguez, interesándose por el futuro de “los Prefectos que con las consideraciones de capitanes nos sirvieron para transportes de comisiones, etc., etc., durante la guerra”, cuya situación consideraba debía ser legalizada por la Asamblea de Representantes del Ejército Libertador reunida, a la sazón, en Santa Cruz del Sur.
Terminaba esta carta el general Dantín haciendo patente su patriotismo en estos términos: “Yo como siempre Gral: dispuesto a acudir donde me manden mis superiores Veteranos de la Independencia en pro de la absoluta; pero absoluta Independencia”.
El 17 de julio tomaba posesión de la alcaldía de Bolondrón, cargo que desempeñó hasta el 15 de enero de 1900 en que presentó su renuncia. Después se trasladó a La Habana donde obtuvo una modesta plaza de capataz de las cuadrillas que derrumbaban las antiguas murallas de la capital de la Isla. El polvo y el sol agravaron una vieja dolencia de la garganta. El mal degeneró en cáncer. Un día, acabado de operar de la tráquea, con un tubo por donde destilaba sangre de la herida reciente, llegó hasta la redacción de “La Discusión”. En un papel, pues ya no podía hablar, escribió:
“¡Me muero! Pero no me aflige sino la miseria de mi buena María…”
En 1901 se pronunció públicamente, en una carta que publicaron el “Diario de la Marina” y “La Lucha”, contra la enmienda Platt.
A esa carta respondió, tres días más tarde el general Bernabé Boza en las páginas de “La Discusión”.
El estado cubano vino en su auxilio. Con lo poco que le pudieron dar, se retiró a San Cristóbal. Allí, cerca de la finca donde había nacido cincuenta y ocho años atrás, falleció el 4 de mayo de 1904.







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