El discurso de Marco Rubio en la Conferencia de Seguridad en Munich, Alemania, dos semanas atrás, elogiado como una exposición brillante, dentro de una elocuencia elegante y de un indiscutible carácter intelectual dentro de las relaciones Estados Unidos-Europa, es un acto, además de otras muchas cosas, confirmativo del potencial presidencial del actual secretario de Estado. ¿El primer paso en la senda que conduce al 2028? Es posible, pero depende de ciertas contingencias.
Su discurso, especialmente por su declaración de indisoluble amistad de esta nación con Europa, le valió una calurosa y unánime ovación de la notable élite europea allí presente. Era la crema y nata de Europa de pie, en cerrada ovación a Marco Rubio y a los principios que en nombre de su país exponía. De inmediato, y desde entonces, los gurús de los menesteres políticos foráneos han concluido que, cuando un oficial de alta categoría pronuncia un discurso en Europa, y recibe a cambio, una “standing ovation”, se deduce que algo grande ha pasado. Y, yo quiero creer, que, al margen de otras cuestiones superiores, para Marco Rubio, en lo estrictamente personal, lo grande ha sido su reconocimiento como un naciente estadista y un gran paso de avance para, en su momento, alcanzar la presidencia de Estados Unidos.
Marco Rubio encapsuló en su exposición que la alianza – América-Europa- es un hecho históricamente épico: “somos parte uno del otro, hemos cometidos errores juntos; la casa de América puede estar en el hemisferio occidental, pero nosotros siempre seremos hijos de Europa; nuestro destino es, y siempre estará, interconectado con el suyo. Cuando Europa se defiende, está defendiendo una civilización grande y noble” -dijo- en su explicita declaración de los nexos de cooperación y amistad.
Estamos considerando esta disertación trascendental en su concepto general, y, por la misma razón, no podemos pasar por alto su aspecto metafísico. Marco Rubio lo hizo en sus propias palabras: “Nuestra amistad y alianza es no sólo enraizada por lazos económicos, sino en metafísica. Estamos conectados espiritualmente, culturalmente y religiosamente”.
Por todo lo que Rubio dijo en Munich, se desprende, sin duda, su preocupación, transmitida a la prominente élite a la mano, de que tanto América como Europa, tienen adversarios comunes en Rusia y China, enfatizando la agresividad que el Partido Comunista chino, por ejemplo, ha venido desplazando en los últimos años. Muchos de nosotros-agregó- que abrigábamos la esperanza de que los lazos económicos de China con Occidente inclinarían a sus líderes a abandonar los sueños totalitarios de sus predecesores, no anticipamos la continua perversa conducta anti religiosa china, ni su intolerancia contra los que piensan de forma diferente al Partido.
Mas si en la unánime ovación final, debemos, por virtud de la razón lógica, deducir algo positivo, es que los distinguidos participantes percibieron con claridad el mensaje del secretario de Estado, y en el aplauso, rindieron su concordancia y aceptación plena.
Además, no resulta descabellado pensar que las circunstancias de este importante evento en el seno de Europa, más la admirable actuación que ha desarrollado al frente de la política externa de esta nación, confirman y refuerzan el potencial presidencial de Marco Rubio para las elecciones del 2028.
Para nadie es secreto que Marco Rubio quiere ser presidente de Estados Unidos. Y, ¿por qué no? Es joven, posee una larga experiencia en la vida pública que va desde la presidencia del Congreso en Florida, hasta tres términos en el Senado nacional, incluyendo la presidencia del Comité de Relaciones Exteriores. ¿Cualificado? Por amplio margen. Plenamente. Es un abogado elocuente, hispano, bicultural y bilingüe. Es además conservador a la hechura de Reagan, y cristiano, cosas que le podrían ayudar entre los creyentes y los conservadores moderados.
Rubio, por otra parte, encaja muy bien en la imagen americana de la persona que asciende en la vida por esfuerzos y méritos propios. Viene de un hogar de inmigrantes pobres y escala en el orden social por medio del trabajo y los estudios. En el aspecto socio-familiar, está en las filas de los “pro vida” -contra interrumpir el embarazo- por ser un hombre de familia de condición cristiana. Está en favor de una inmigración legal, ordenada y metódica, lejos del caos que prevaleció en la pasada administración. Marco Rubio es, fundamentalmente, un hombre de visión política pragmática, que es parte esencial de su pujanza y de su éxito.
Basado en estas cualidades, y otros méritos que dejamos al margen por carencia de espacio, no hay lugar para la duda en cuanto a su cualificación para la más alta magistratura de la nación.
Pero, los acaeceres políticos, casi siempre repletos de componentes siniestros, tiene sus propios designios e intereses que, con frecuencia, van contra la justicia y el sentido común. Lo que nos lleva a una pregunta inevitable: ¿A pesar de toda su prolífica y sólida credencial, podrá Marco Rubio obtener la nominación del Partido Republicano para aspirar como su candidato a la presidencia en el 2028? Todo depende de las contingencias que se desarrollen en los próximos dos años. Y, en particular, en las condiciones imperantes en el país para entonces, la situación del Partido, y, la decisión de Donald Trump de apoyar a quién entre la posible media docena de aspirantes.
Por supuesto, si la concentración se fijara en la capacidad y méritos, Marco Rubio sería el candidato; pero de aquí a noviembre del 2028 hay mucho trecho que recorrer y el camino político, siempre tortuoso, está repleto de impredecibilidades.
Quiero afirmar con esto, que, el factor más importante para llevar a Marco Rubio a la Oficina Oval, incluso por encima de sus incuestionables virtudes y méritos personales, dependerá del desempeño de los republicanos -y por supuesto del presidente- en el maratón que se extiende por la eternidad de los próximos dos o tres años.
Si la administración hace un buen trabajo en los asuntos que envuelven el bienestar, la seguridad, y la economía, entonces será posible ver, como precedente histórico, al primer hispano ocupando la Casa Blanca.






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