Años Críticos: del camino de la acción al camino del entendimiento

Written by Enrique Ros

3 de marzo de 2026

El camino del sabotaje (II)

McNamara, ahora con un espíritu mucho más beligerante, considera que el sabotaje no debe ser la única arma utilizada y “que deben ser estudiadas, también, presiones económicas que podrían derrocar a Castro”. Esa mañana de mayo el espíritu es bélico. Robert Kennedy entra en la palestra afirmando que “los Estados Unidos deben hacer algo contra Castro, aún cuando no creamos nosotros que nuestras acciones lo derrocarían”.

Pero no nos confundamos. Junto a esta belicosidad verbal se manifestaban signos, como antes habíamos expresado, de que la Administración se movía en dirección opuesta; “en la dirección de un desarrollo gradual de algún tipo de acomodo con Castro” (Memorándum de Bundy de abril 21, 1963, ya citado). Esta alternativa fue discutida por el mismo Grupo de Trabajo en sus reuniones de abril 23 y en la propia de mayo 28.

Después de su aceptación inicial, se le presenta al Grupo Especial para su aprobación operaciones específicas de inteligencia y sabotaje. Pero en los primeros días de julio Averell Harriman había solicitado del Grupo Permanente que se suspendieran todas las operaciones de sabotaje en Cuba mientras él (Harriman) volaba a Moscú tratando de negociar un tratado de prohibición de proliferación nuclear. Precisamente en esa semana el Grupo Permanente se reunía para evaluar las operaciones de sabotaje que se estaban realizando.

El 3 de octubre de 1963 el Grupo Especial aprobó nueve operaciones en Cuba, varias de ellas relacionadas con sabotaje. El 24 de aquel propio mes fueron autorizadas trece grandes acciones, incluyendo sabotaje a una planta eléctrica, a una refinería y a un central azucarero.

Debían ser realizadas en el período de noviembre de 1963 a enero de 1964.

Eran los días en que Desmond Fitzgerald, que había sustituido a William Harvey como Jefe de la Fuerza de Trabajo de la CIA encargada del derrocamiento de Castro, se reunía con el Comandante Rolando Cubela presentándose como el representante personal de Robert Kennedy e informándole que la acción encomendada a Cubela “tendría todo el respaldo si tenía éxito en derrocar a Castro”. Culminan estas conversaciones con la entrega a Cubela, el 22 de noviembre de 1963, de la pluma con punto envenenado.

¿Cuándo fue reclutado Cubela por la CIA?. De acuerdo al General Fabián Escalante fue en marzo de 1961, pero Escalante no ofrece pruebas concretas para esta aseveración. Por el contrario, en el juicio a Rolando Cubela que se celebra en marzo de 1966 el fiscal sólo hace referencia a los contactos de Cubela —a quien, por supuesto, califica de agente de la CIA— con Manolo Artime que se celebraron a fines de 1964 y principios de 1965. Ni en las acusaciones del fiscal ni en los Resultandos y Considerandos se hace referencia alguna a contactos de Cubela con agentes o funcionarios de la CIA.

El General Escalante afirma, también sin mencionar la fuente, que en el otoño de 1963 Cubela estaba envuelto en un plan para asesinar a Castro que condujera a una insurrección armada. Afirmaba en aquella extensa narración que Cubela se reunió con Artime quien le habló de las fuerzas que se estaban entrenando en Costa Rica y Nicaragua. Es Fitzgerald —de acuerdo a Escalante— quien entrega a Cubela, el 22 de noviembre de 1963, la pluma con punto envenenado.

La importancia que las agencias de inteligencia norteamericanas concedían a Cubela viene dada por la jerarquía de Desmond Fitzgerald que es con quien aquél se entrevista en París en octubre de 1963. Fitzgerald, que pertenecía a los más altos círculos sociales de la capital, era amigo personal de Kennedy, con quien estaba lejanamente emparentado. Había sido Jefe de la División del Lejano Oriente de la CIA y, en 1963, estaba al frente del programa de acciones sobre Cuba de la CIA, conocido como Fuerza Especial W.

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