Investigadores en Turquía afirman haber descubierto evidencia arqueológica de que los romanos usaban heces humanas en tratamientos médicos.
Aunque textos romanos describían esta práctica, es la primera vez que se documenta evidencia física, según un estudio publicado en la revista Journal of Archaeological Science: Reports.
El autor principal del estudio, Cenker Atila, arqueólogo de la Universidad Sivas Cumhuriyet de Turquía, dijo que detectó residuos en algunas botellas de vidrio romanas, conocidas como ungüentaria, en el Museo de Bergama durante una investigación para “Glass Objects from Bergama Museum”, un libro de 2022 del que es coautor.
Atila encontró residuos en siete vasijas diferentes, pero solo obtuvo un resultado concluyente de un artefacto excavado en la antigua ciudad de Pérgamo, que data del siglo II.
Tras retirar la tapa de arcilla y recoger una muestra de escamas marrones del interior de la botella, Atila descubrió que contenía heces humanas, una alta concentración de tomillo y aceite de oliva, explicó.
“Gracias a nuestro amplio conocimiento de las fuentes textuales antiguas, reconocimos de inmediato que se trataba de una preparación medicinal utilizada por el famoso médico romano Galeno”, añadió.
Nacido en el seno de una adinerada familia griega de Pérgamo, Galeno fue un pionero anatómico que sirvió a tres emperadores romanos; sus textos médicos ejercieron una influencia perdurable durante unos 1.500 años.
“Encontrar el remedio descrito por el propio Galeno fue una gran sorpresa y una fuente de inmensa emoción para nosotros”, añadió Atila.
Según los textos antiguos, las heces humanas y animales se utilizaban como “tratamientos para afecciones que abarcaban desde inflamaciones e infecciones hasta trastornos reproductivos”, escribieron los autores del estudio.
Aunque a menudo se habla de ellas con eufemismos o cautela, estas sustancias no se percibían necesariamente como repulsivas o irracionales. Más bien, ocupaban un lugar preponderante en la farmacología antigua, considerándose potentes y eficaces, pero también con una carga simbólica y sensorial, añadieron los autores.







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