Actualidad con Héctor Santiago

Written by Luis De La Paz

17 de febrero de 2026

Por Luis de la Paz  

Héctor Santiago es uno de los dramaturgos cubanos más destacados. Tiene una larga trayectoria que se inicia en la Isla y que ha continuado de manera muy activa en los Estados Unidos, a donde llegó en 1979. Los miamenses han tenido la oportunidad de ver Vida y pasión de La Peregrina, sobre la vida de la escritora Gertrudis Gómez de Avellaneda, estrenada como parte del XIII Festival Internacional de Teatro Hispano, en 1998, bajo la dirección de Mario Ernesto Sánchez. Otras piezas suyas, Balada de un verano en La Habana y En busca del paraíso, hicieron temporadas en Miami, ambas dirigidas por el fallecido Herberto Dumé. Su pieza El milagro de Madame Kirovska, la interpretó exquisitamente Julie de Grandy. A esta trayectoria se añade, entre muchas otras, Madame Camille, escuela de danza, presentada en la 11° Edición del Festival de Teatro de Curitiba, en Brasil, bajo la dirección de Jorge Folgueira, de la Folgueiras´s Itinerant Theatre de Los Ángeles, California.

—La compañía teatral Havanafama y su director Juan Roca ha organizado una serie de presentaciones con obras tuyas en varias ciudades. La ha titulado “Tributo a la obra de Héctor Santiago”. ¿Qué significa para ti este reconocimiento a tu trayectoria? 

Inmerecido pero honrado. Porque detrás hay muchos Grandes. Me llamo “escribano” porque me nutro de lo que he visto y vivido. La creación ha sido el instrumento que me sirvió, para contar de otra manera mis experiencias de todo tipo, sus lugares, dónde y convertir a sus demonios y ángeles en personajes literarios. Es lo único que sé hacer. Y aunque mi primer escrito data de 1957, apenas un muchacho, todavía aprendo, y disfruto sin ego las críticas. Porque si crees que llegaste ¡Estás frito! 

—Eres un escritor que sufrió censura en Cuba, cárcel, los campos de concentración de la UMAP, la llamada parametración, y otros tantos actos de acoso por tu condición de escritor y homosexual. ¿Cómo has llevado estas múltiples experiencias a lo largo de tu vida y carrera? 

Ha sido una vida interesante –pero no amerita una autobiografía–, y moldeó al que soy: intransigente con la maldad y ejercer el  oficio de la libertad que te exige ejercerlo las veinticuatro horas y créeme que se paga bien caro. Pero vives con el alma en paz y eso ayuda con las patadas y el apoyo de los que te quieren y saben quién eres más allá del que no soy y perdonan las imperfecciones del que soy. 

—El hecho de que hayas logrado salir al exilio y vivir en Nueva York donde se ha representado tu teatro, al igual que en otros lugares de Estados Unidos, así como también en México, Guatemala, Perú, Colombia y Brasil, es señal del triunfo del arte sobre la censura. ¿Cómo valoras los resultados que has alcanzado como escritor? 

He visto llorar a los que se han visto en el escenario, imaginarse distintos, quizás perdonarse, desnudarse con sus mezquindades y sentirse orgullosos. De lo único que estoy seguro es que soy muy visionario: he bordado realidades tabúes, temas controversiales y figuras históricas que les he descubierto en el escenario a quienes lo desconocían y jamás los he traicionado, he desechado dinero por respeto al público, su Historia y su cultura, no por aplausos si no porque no me podría mirar en el espejo: nada excepcional porque lo aprendí de muchos Grandes. La fama es humo: lo importante es que te respetes y nunca traiciones a los que has llevado al escenario, a todos lo que te interpretan y le dan vida a tus diablos, pagando de su dinero para hacerlo, y los que van a mirarte y aplaudirte. ¡Tampoco para que te encumbren como si fueras Shakespeare!     

—Has escrito mucho teatro, pero también cuentos y novelas, incluso poesía y literatura infantil. ¿Podrías hablarnos de los diferentes géneros literarios donde has incursionado?

Soy un espíritu muy inquisitivo y nunca me complazco ni dejo de crear, ni siquiera con los 81 años. Por eso siempre escribo varias cosas a la vez porque me aburro. Siempre aprendes cuando irrumpe la anécdota, te hablan los personajes; “ves” dónde ocurre, la época, etcétera. Y en el proceso se define el género, el estilo sale del trabajo y lo demás es el martillar. Escribí un libro de 40 cuentos en dos semanas como un enajenado, comencé la novela sobre el Sida en 2020 y la cuarta reescritura casi completa la publiqué en 2024. Una novela histórica lleva 20 años esperando a pedacitos: si no domino la historia no la emprendo. Ni traiciono a mis personajes: sudé escribiendo sobre Gertrudis Gómez de Avellaneda: que ya la había comenzado en Cuba y me la incautó la Seguridad del Estado en sus constantes redadas en mi casa y la terminé en la libertad del exilio. Y con un monólogo que lleva en escena 20 años, le descubrí a los jóvenes mexicanos y centroamericanos a la tremenda sor Juana Inés de la Cruz que viajé a México para investigarla. Si me preguntas lo que más me llenó de toda mi labor: trabajar como titiritero, dramaturgo y director de teatro infantil: el dolor de un niño que sufre me despedaza y su sonrisa me ilumina el alma. ¡Es lo que más extraño, ahora que viven prendidos a los aparatos y Walt Disney destroza a los clásicos infantiles! 

—Parte de tu obra es testimonial, pienso en Balada de un verano, uno de los textos seleccionados por Juan Roca para el Tributo que se te rendirá. Cuéntanos de esta obra y del propósito de tus textos testimoniales. 

Yo vine como expreso de conciencia por la ONU unos meses antes del Mariel. Cada uno de mi familia, por motivos muy válidos, no quiso venir y más que Cuba –que para mí es su cultura– y no me la podían negar como en la Aduana: “Vete a olerle el culo a los yankis ya tú no eres cubano”.  Ellos fueron lo perdido, el exilio asumido: “Si estuviera aquí”, los llevaría al “El dulce que le gustaban”… Mi madre se moría de cáncer y pedí permiso para regresar a verla y me lo negaron por contrarrevolucionario. Decidí ir a verla con esa obra y pasarle la cuenta a una familia destruida enemiga unos de otros y sin Historia porque su entorno eran las ruinas y los recuerdos buenos y malos. Fui implacable pero a la vez celebré la historia que nos unía y no pudieron destruirla: me vacíe, limpié y asumí el exilio con amor, rabia, y como José Martí: “Morir en una playa extranjera”… Pero también la he visto en los teatros llorarla a otros exiliados y emigrantes, que debieron dejar atrás sus vidas. Lo que evidencia sus lágrimas universales.   

—La pieza La Diva en la Octava Casa, también en el programa de Havanafama, es un homenaje a las grandes divas del cine y el teatro. ¿Podrías poner en contexto esta obra?

La cultura cursi y popular siempre me ha fascinado y crecí entre rumberas, cabareteras mexicanas y las trágicas de la milonga argentina. Mi heroína era María Félix: una mujer tremenda en un país machista. Tenía todas sus películas. Pero su lucha por ser La Doña que no envejecía me fue formando a la Diva, que sobrevivía a tantos entre un mundo de muertos, que tanto pesan en el mundo mexicano, y la lucha entre ella y los paparazzi que no la dejaban tranquila, y por eso vivía en la 8va. Casa de Plutón que es la muerte en el Horóscopo. Es un duelo implacable de amor y odio entre dos seres fascinantes.  

—Lo que ha pasado en Venezuela ha alimentado las esperanzas del cubano que lleva 67 años esperando su libertad. ¿Cómo percibes este ambiente que anuncia cambios?

La rueda de la Historia siempre me asombra por inesperada y elusiva. ¡Llevamos tantos años soñando! Todo indica que estamos más cerca. Entonces la pregunta será: ¿Boto toda una vida de exilio con algo logrado  y regreso a un país desconocido, que también vive en la 8va. Casa de Plutón? 

Tributo a Héctor Santiago con dos de sus obras, La Diva en la Ova. Casa, el viernes 20 y sábado 21 de febrero, a las 8 pm. El domingo 22, y el 1 de marzo, se presenta Balada de un verano, a las 5 pm., en Artefactus Cultural Project, 12302 SW 133 Ct., Miami, 33186.

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