Otro aniversario más
se alza desde el umbral
para honrar, en lo inmortal,
al prócer de la libertad.
Martí fue luz y verdad,
nadie lo puede negar;
ese hombre nació para dar
su esfuerzo y pensamiento,
para erigir un monumento
en la historia universal.
Caminó con el brillo
de colosal sabiduría,
sin perder jamás un día
ni doblegar su sencillo estilo.
Fue humilde en su perfil,
noble, firme y respetable;
su valor inquebrantable
se mantuvo siempre en él,
como un ejemplo fiel
de virtud inagotable.
Si evocamos su nacimiento,
veintiocho de enero fue,
y en febrero se encendió
la llama de su pensamiento.
Allí creció el sentimiento
de libertad y de ideal,
su palabra magistral
se volvió fuerza y calibre,
para que Cuba fuera libre
y avanzara hacia su sitial.
Cada paso que al andar
dejó su huella en la memoria
es lección viva en la historia,
es semilla al germinar.
Siempre es digno recordar
su legado y su victoria;
pues vive en nuestra memoria
como símbolo y raíz,
porque en el empeño, Martí
conquistó la eterna gloria.
Pedro León López
Spokane, WA.







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