Por Luis de la Paz
Nacido en Venezuela donde se formó como periodista, Douglas Gómez Barrueta tuvo que dejar su país tras la llegada del chavismo al poder y la transformación para mal que eso significó para el país y la vida cotidiana. “Exprópialo Nicolás”, le indicaba Hugo Chávez a su ministro y delfín Nicolás Maduro, despojando a los legítimos dueños de sus negocios. La mayoría de esas empresas al pasar a manos del Estado cerraron poco después.
Ese ambiente inestable forzó a mi entrevistado a tomar el camino del exilio. “Ejercí el periodismo en Venezuela. Trabajé en el circuito Unión Radio y en medios impresos: los diarios El Nacional, Tal Cual y Meridiano. Además, colaboré y escribí para revistas y semanarios que ya no existen. Llegué a Estados Unidos en 2013. He vivido en California, Alabama y Florida. Aquí he trabajado para la Fundación Arts Connection, Yahoo en Español y Univision”. Palabras que resumen un poco la trayectoria de este periodista, que también es escritor.
En su país publicó su primer libro, Talla de agua, que la escritora cubana Zoé Valdés definió como un poemario que “explora la sensibilidad y la palabra como materia viva”. Douglas es también autor de Los pasos del puente obra finalista del Premio Paz de Poesía en el 2022. Parte de su poesía aparece en las antologías Jamming: 102 poetas, La floresta interminable: poetas de Miami, Escritores salvajes y Con la urgencia del instante.
Con Douglas Gómez Barrueta conversamos sobre la actualidad venezolana y su labor como promotor cultural desde su espacio en Univisión.
—Me gustaría comenzar por la actualidad de Venezuela, tu país. ¿Cómo valoras lo que está aconteciendo?
Con esperanza y escepticismo al mismo tiempo. La dictadura es responsable de la mayor crisis de la historia de Venezuela. Un ejército que cuenta con dos mil generales que solo sirven para reprimir a su propia población, que entregó la seguridad de sus cabecillas al castrismo y que por soberbia y mal cálculo alentó el ataque de Estados Unidos. La hiperinflación, el exilio de millones de personas, las pandillas controlando las calles, las torturas, violaciones de derechos humanos. Contra una dictadura todas las formas de lucha son válidas y ninguna es excluyente.
—Estudiaste periodismo en la Universidad Central de Venezuela, de manera que tu vida ha transcurrido en los medios. ¿Cómo ves el comportamiento de las redes sociales ante la información, y cómo afecta a los medios tradicionales?
Extraño los periódicos en papel, su jerarquización, la primera plana que servía de resumen y guía. Pero con la nostalgia no logro hacer nada. Hay que tratar de no caer víctima de la frivolidad, la polarización y la guillotina del algoritmo. Sí hay que usar las redes, experimentar con nuevos formatos y tratar de informar lo esencial y no solo el escándalo. No tener miedo a construir audiencia, a educar y no solo entretener. No vacilar en ir a contracorriente de autoproclamados gurús de la tecnología, influencers y otros términos que en realidad camuflan su verdadero objetivo: convertirse en los nuevos censores de la información.
—Eres poeta, tu libro Talla de agua fue definido por Zoé Valdés en un podcast como una obra que “se caracteriza por la profundidad de sus imágenes, el uso sutil de la metáfora y una constante indagación en torno a la identidad”. ¿Cómo identificas tu propia poesía?
Para mí la poesía es revelación, búsqueda y encuentro. Una conexión con la palabra, con el poder de la palabra, con lo sagrado. Con el ritmo ancestral, con lo trascendente. Eso es lo que busco en la poesía que leo, eso es lo que me gustaría lograr en la poesía que escribo. Es difícil emitir juicio sobre la propia obra. Agradezco mucho la lectura y el comentario de Zoé sobre Talla de agua, un libro publicado en Caracas en 2013, y que me gustaría reeditar. Talla de agua es un libro que escribí después de muchos intentos por encontrar mi propia voz. En medio de dudas sobre si era o no un libro terminado, fueron fundamentales las lecturas que hicieron las poetas María Antonieta Flores y Carmen Verde, quienes me impulsaron y ayudaron a publicarlo.
—Quedaste finalista del Premio Paz de Poesía 2022 con Los pasos del puente. ¿Qué ha pasado con ese libro?
Para mí fue una inmensa alegría ser finalista en la edición en la que fue jurado la escritora puertorriqueña Lourdes Vázquez y en la que quedó ganadora la cubana Oneyda González, una poeta y ensayista formidable. Después de varias lecturas y algunas correcciones, el poemario Los pasos del puente escrito en medio de mi descubrimiento de Estados Unidos será publicado este año. Esos poemas son la exploración de un paisaje y su historia, del ritmo de cada ciudad o pueblo que pude visitar, del encuentro con los estadounidenses con los que conversé. Es mi mirada buscando asir con palabras esas percepciones. El libro será publicado y presentado en Miami, pero espero hacer lecturas y eventos en otras ciudades, porque los poemas fueron escritos mientras recorría el país y creo que así debería ser el periplo del libro. Este año, además, quiero terminar un libro de cuentos.
—Desde Univisión estás realizando una labor cultural destacada resaltando la obra de los escritores y artistas hispanos en Estados Unidos. ¿Cuál es el propósito del programa y cuál es su alcance?
El propósito es brindar información sobre la actividad cultural de Miami, una ciudad diversa, compleja y plural. Aprovechar un evento no solo para promocionarlo, sino también para dialogar con los artistas sobre su trabajo y su oficio. Crear un espacio para registrar, analizar y discutir sobre la literatura, las artes visuales, el teatro, la música clásica, el jazz. Romper los estereotipos y recelos sobre la ciudad y quienes vivimos aquí. Es una lucha constante porque hay personas de poder en los medios de comunicación con prejuicios sobre los hispanohablantes y sobre lo que es o no noticia. Hay una confusión en considerar las artes como mero entretenimiento y existe un profundo desconocimiento de la importancia de la cultura como un camino que permite construir ciudadanía, democracia y civilidad.
—Has vivido en varios sitios en Estados Unidos, California y ahora Florida, con mucha población hispana, pero también en Alabama, muy sureño. ¿Qué has percibido en general en ese andar por el país que te acogió como exiliado?
De ese andar escribí Los pasos del puente. Estados Unidos es un gran país y es al mismo tiempo una amalgama de puntos de vista contrarios, diversos. Es un gran experimento como sociedad. Comprendí que yo arrastraba muchos prejuicios sobre Estados Unidos alimentados por malas lecturas, resentimientos y la repetición de lugares comunes afines a la izquierda. Descubrí una nación extraordinaria. Me siento a gusto aquí. Adoro sus bibliotecas, su sistema de archivos, los museos, las iglesias, las carreteras y autopistas, los distintos acentos de sus habitantes, su sistema de correo, los paisajes. Agradezco la amabilidad, curiosidad y respeto de personas en California, Alabama, Florida y otros estados que he visitado que me han ofrecido ayuda desinteresada o han respondido mis preguntas. Disfruto el beisbol (sin acento en la “e”), el fútbol americano universitario y me gusta mucho el café americano.
—¿De darse las condiciones necesarias, regresarías a Venezuela a hacer periodismo?
Las condiciones necesarias serían la caída de la dictadura y el retorno de una democracia estable. Viví en Venezuela hasta los 39 años de edad. Ya tengo 13 años fuera del país en el que nací y siento que me he integrado a Estados Unidos. No sé si pudiera volver a Venezuela a trabajar y vivir, pero sí me gustaría ir de visita a conversar con familiares, con amigos cercanos y con personas desconocidas que uno se cruza en la calle. Me gustaría volver a recorrer algunos lugares, escuchar el canto de algunas aves y poder llevar flores a las tumbas de mis abuelos.








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