Mensaje Inspiracional. Nasreddin: ‘El discurso’

Written by Libre Online

10 de febrero de 2026

El sabio Nasreddin decidió un buen día visitar un pueblo alejado y perdido de Oriente Medio. Lo que no sabía es que allí era muy admirado. Tanto, que toda su población decidió congregarse en la plaza del pueblo el día de su llegada, a la espera de escuchar algunos de sus sabios discursos. 

Nasreddin, sin embargo, solo tenía intención de conocer aquel pueblo. No había preparado ninguna palabra. Así que, cuando el más alto cargo del pueblo le pidió que hablara ante su gente, se sintió algo nervioso. ¿Qué les podía decir? ¡Si no sabía de qué hablar! 

Intentó escabullirse, sin éxito. Y finalmente, no tuvo más remedio que dirigirse a la plaza del pueblo. Allí esperaban cientos de personas, con la boca bien abierta. 

Nasreddin subió al estrado que había preparado, y al verles todos tan expectantes, dijo: 

– Supongo que si están todos aquí, ya sabrán qué voy a decir. 

Hubo un silencio sepulcral. Y una persona, de pronto, se atrevió a decir:

– No, no lo sabemos. ¿Qué nos va a decir? 

Entonces, Nasreddin dijo: 

– Pues si no saben qué voy a decir, es que no están preparados para oírlo. 

Y diciendo esto, dio media vuelta, y se fue, dejando una extraña sensación entre el público. 

La reacción del 

pueblo por el 

discurso de Nasreddin

¿De verdad había pasado aquello? ¿Habían estado esperando horas allí para nada? La decepción se reflejaba en los rostros de los asistentes. Sin embargo, de pronto una de las personas del público dijo en voz alta:

– ¡Qué inteligente!

Y otro más repitió: 

– ¡Muy inteligente! 

Y como viene siendo habitual en estos casos, muchas más les siguieron la corriente.

– Desde luego… ¡un gran sabio! 

Pero, tras un breve instante de conformidad y asentimiento a estas primeras palabras, uno de los presentes se atrevió a decir: 

– Qué inteligente… ¡pero qué breve! 

– Bueno, respondió otra de las personas de la plaza- La brevedad es característica de las personas más sabias. Es inteligente y tiene razón. Deberíamos haber estado preparados para escuchar sus palabras. Hemos dejado pasar una gran oportunidad.

Llegaron a estar todos de acuerdo, y decidieron implorar unas palabras más de Nasreddin antes de que abandonara el pueblo. Pero el sabio se negó, aludiendo que su inteligencia no daba más que para un discurso.

– Oh, qué humilde…- dijo uno de los hombres del pueblo. 

– Inteligente y humilde- añadió otro. 

Y a cada negativa de Nasreddin, más admiración despertaba entre todos. Tanto es así, que al final no pudo eludir más las peticiones de unas nuevas palabras. 

El discurso de Nasreddin por 

segunda vez

Decidió dar otro discurso al día siguiente. La plaza estaba llena, y de nuevo todos estaban expectantes. Nasreddin decidió probar la misma jugada de la primera vez: 

– Supongo que ya sabrán todos lo que voy a decir… 

Y esta vez, todos respondieron: 

– Sí, lo sabemos, por eso estamos aquí. 

Entonces, Nasreddin dijo: 

– Si ya saben lo que voy a decir, no hay necesidad de repetirlo. 

Y diciendo esto, dio media vuelta y se fue. 

Otra vez todos se quedaron mudos y con un semblante de decepción. ¿De verdad se había vuelto a ir? Pero uno de los presentes dijo: 

– ¡Brillante! 

– Cierto, qué brillante- repitió otro. 

Y así, todos fueron acordando que había sido una intervención maravillosa. Hasta que uno de ellos dijo: – Qué brillante… ¡pero qué breve! 

– Recuerda que la brevedad es la virtud de los sabios– añadió uno de ellos. 

– Es brillante y sabio- terminaron diciendo todos. 

Pero de nuevo les quedó la sensación de haber desperdiciado una gran oportunidad, y pidieron una nueva comparecencia de Nasreddin. ¡Querían más! 

El último discurso de Nasreddin

Fueron hasta donde el sabio se hospedaba y le imploraron unas nuevas palabras. Él se negó de nuevo, lo que acrecentó el deseo de todos de escucharle. Así que no pudo negarse y les prometió que hablaría al día siguiente. 

Cuando Nasreddin llegó a la plaza del pueblo, se encontró con muchas más personas. Había gente hasta subida a los tejados. El sabio dijo entonces: 

– Supongo que todos saben ya lo que voy a decir. 

Y para que no pasara como el día anterior, respondieron: 

– Unos sí y otros no. 

– Bien, entonces, los que ya lo saben, que se lo digan a los otros- dijo Nasreddin. 

Y dando media vuelta, se fue. Desde entonces, en aquel pueblo aún hoy se sigue hablando del maravilloso y sabio discurso que Nasreddin dio un buen día en aquel lugar. 

Reflexiones 

• Igual que las estrellas mediáticas. ¿Alguna vez te paraste a pensar cómo se genera un ‘ídolo de masas’? Por lo que otros dicen y todos creen… A veces a raíz de una sola actuación, una película o una canción, un artista genera un séquito de fans incapaces de reconocer algún error de su ídolo. Su pasión les ciega hasta tal punto, que podrían recorrer kilómetros y kilómetros tras él y perdonar cualquier falta o error que cometiera. De esto habla precisamente ‘El discurso’, de un ídolo que sin decir absolutamente nada, consigue acrecentar la pasión y la expectación hacia él.

• Qué fácil es manipular. Si te das cuenta, el discurso de Nasreddin era un discurso vacío. Sin decir absolutamente nada, consiguió quedar como un sabio, gracias a la imagen que ya se había labrado antes. Los ídolos, los grandes líderes, son capaces de movilizar a una masa mediante discursos vacíos, o peor aún, discursos llenos de mentiras. Sucede en todos los ámbitos de la sociedad, pero sobre todo, en la política. El discurso es también una crítica a todos esos líderes políticos capaces de dominar a una gran masa mediante discursos vacíos que en realidad son una burla a la inteligencia de las personas.

• Y no hay nadie que ‘se plante’. Lo peor de todo en ‘El discurso’, es que entre tantas personas congregadas allí, ninguna tuvo el valor suficiente para desenmascarar a Nasreddin y decir bien claro que ‘les estaba tomando el pelo’. El miedo al rechazo social, al enfado de los demás, mantuvo en silencio a los que opinaban diferente a la mayoría. El coraje parece un valor sencillo hasta que nos pone a prueba. A nadie le gusta enfrentarse a una gran turba de personas que idolatran a alguien con el que no estamos de acuerdo… El miedo, en estos casos, puede más que el coraje.

Al final la enseñanza de Nasreddin fue buena. Si tenemos en cuenta el resultado final del discurso de Nasreddin, podemos decir que aunque sus palabras fueron escasas, su lección fue ejemplar. Enseñó a todos la capacidad de manipulación de un líder antes sus admirados seguidores. Podía hacer con ellos lo que quisiera, aún sin decir ninguna palabra.

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