EL ESPIONAJE MAMBÍ

Written by Alvaro Alvarez

3 de febrero de 2026

Por Álvaro J. Álvarez. Exclusivo para LIBRE

El 23 de enero de 1833 nació en Las Tunas, Vicente García González, el León de Las Tunas o el León de Santa Rita uno de los más reconocidos combatiente sin tregua por la independencia de Cuba frente al colonialismo español.

Hombre de avanzado pensamiento que lo entregó todo por la Revolución iniciada por Carlos Manuel de Céspedes en La Demajagua el 10 de octubre de 1868, la cual secundó tres días después con el asalto a la Villa de Las Tunas, que ocupó con la única excepción de la fortificada iglesia, por no tener explosivos para volar el portón.

Incomprendido por unos, querido y respetado por otros a pesar de su jerarquía hizo cantar el machete redentor en la primera línea de sus fuerzas y combatió no solo en su territorio, sino en Holguín, Bayamo y Camagüey.

Tras varios intentos fallidos por tomar la ciudad de Las Tunas, Vicente García apoyado en la red de colaboradores, el 23 de septiembre de 1876, asaltó y tomó a Las Tunas, una de las operaciones más gloriosas en la Guerra de los Diez Años. Los mambises se despojaron de sus camisas y en la oscuridad reinante atacaron a los enemigos que identificaban por tener el torso cubierto.

Pelearon durante 8 horas y lograron que el fuerte bastión español depusiera las armas. Los mambises permanecieron tres días en Las Tunas, pero no pudieron sostener por más tiempo la ocupación, entonces decidieron incendiarla, para que no sirviera de refugio a la metrópoli española. El general García de pie frente a su casa, ordenó: “Capitán Silva, tome esa antorcha y empiece por ahí” y este exclamó “pero General esta es su casa” y Vicente García respondió “Sí, comience por mi casa” diciendo la frase “Tunas te prendo candela, pero te prefiero quemada antes que esclava”.

Fue uno de los pocos generales mambises de la Revolución del 68 que no sufrió una derrota seria por las fuerzas del colonialismo. 

Durante la lucha de 10 largos años, el Mayor General Vicente García fue jefe de las tropas de Las Tunas y del Departamento Oriental, Secretario de Guerra y Presidente de la República en Armas.

Su amor a la causa de la independencia y su vertical posición ante los intentos traidores de negociar una falsa paz bajo el yugo colonial español, se puso de manifiesto cuando estuvo junto a Antonio Maceo en la Protesta de Baraguá.

El prestigio del León tunero quedó demostrado el 16 de marzo de 1878, un día después de la histórica entrevista con el gobernador de la Isla, Arsenio Martínez Campos, cuando en la aprobación de la Constitución de Baraguá, fue proclamado General en Jefe del Ejército Libertador.

Cuando la lucha en la manigua era ya insostenible, Vicente fue el último de los jefes mambises más reconocidos, en abandonar la Patria y solo después de su salida de la Isla fue que la jerarquía española dio por terminada las acciones de la llamada Guerra Grande o de los 10 años.

Es conocido que embarcó hacia Venezuela y en Río Chico, zona rural del estado de Miranda, fundó una cooperativa, en la cual fue acompañado por la mayor parte de sus oficiales más cercanos y varios hombres de su tropa. Puntual, como siempre, aquel día de 1886, llegó Vicente García al almuerzo que le ofrecía el comerciante español Ramón Dávila. A pesar de las alertas de su esposa, Brígida Zaldivar Cisneros, había aceptado la invitación del peninsular. 

Todo ocurrió normal y sin nada sospechoso. El tunero elogió el quimbombó que le brindaron. 

Días después comenzaron los estragos del vidrio molido (que le escondieron en el quimbombó) en los intestinos del general mambí. Tras varias semanas de agonía, falleció el 6 de marzo de 1886.

Asustado, el comerciante y agente del espionaje español logró huir en una goleta.

Vicente García que se preparaba para regresar a la manigua redentora, antes de morir pidió a sus hombres que lucharan sin descanso hasta lograr la independencia de Cuba, gesto con el cual ratificaba el por qué José Martí, lo consideró una pieza importante para llevar adelante la Guerra Necesaria.

Muy pocos saben la labor de Vicente García en crear un cuerpo de espías al servicio de los mambises. En esta amplia red de inteligencia se encontraban nombres como: Charles Filiberto Peiso mano derecha del Gobernador de Victoria de las Tunas conocido como el agente Aristipo; María Machado la hija biológica del general español Emilio March García (1844-1919) era agente secreta mambisa. Hubert de Blank el agente 209. Guillermo González Arocha, cura de Artemisa conocido bajo el seudónimo de Virgilius en Vuelta Abajo, entre otros. 

Todo este aparato de espionaje mambí fue creado por Vicente García González.

El 6 de enero de 1875, Gómez, a la cabeza de sus tropas, cruzó la trocha fortificada de Júcaro a Morón. Al pasar frente a un fortín español, recibió una de sus dos heridas en campaña: un balazo en el cuello. Hubo seis bajas mambisas.

Una noche lluviosa en 1876 la columna que comandaba el General Máximo Gómez se encontraba acampada frente al sistema de fortificaciones conocido como la Trocha de Júcaro a Morón,

Acechaban el poblado de Ciego de Ávila. Allí estaba la Comandancia del enclave militar, edificado por el ejército español para evitar el paso de combatientes y pertrechos hacia el Occidente de la Isla.

En el caserío había, además, bodegas y almacenes llenos de alimentos, ropa y zapatos. El asalto se efectuó el 26 de mayo de 1876 y en la acción desempeñaron un papel relevante los agentes secretos del Generalísimo, pues informaron del movimiento de las tropas y describieron la ubicación de las fortificaciones y de los puntos guarnecidos por patrullas móviles.

Aquí pudo abastecerse de ropa, víveres y armas, y establecer, durante su estancia, una red de agentes tanto en la ciudad cabecera como en Morón, lo que permitió la ejecución de varias acciones.

No se sabía la identidad de los agentes, ni la fecha en que fueron reclutados. Pero por apuntes del Diario de Campaña, de Máximo Gómez, es sabido que el 26 de febrero, mientras acampaba en Hoyo de la Palma, éste envió a un oficial a gestionar sobre el asunto de los mixtos (material que empleaban en la preparación de los proyectiles) con los confidentes de Ciego de Ávila y el 7 de marzo se trasladó a este lugar para arreglar asuntos confidenciales. 

También el Diario del Mayor General Vicente García registra que cuando él llegó a la región, el 5 de abril de 1876, su tropa acampó en El Jobo y desde allí estableció comunicaciones con Morón para tomar el poblado. 

El 6 le avisaron los confidentes de esa villa que no era conveniente realizar el asalto. Entonces decidió atacar a Ciego de Ávila y envió una comisión dirigida por el capitán Céspedes a la periferia del caserío, quien contactó con los espías avileños y ellos le informaron que la guarnición estaba compuesta por unos 400 ó 500 soldados. 

Lamentablemente, unos desertores de la columna mambisa delataron los planes y fracasó aquel intento.

Tal vez en el reclutamiento de los agentes contribuyeron los hermanos José Ambrosio, Marcial de Jesús y Felipe Gómez Cardoso, avileños que peleaban bajo las órdenes de Máximo Gómez. 

Ellos conocían muy bien a sus coterráneos y sabían quienes simpatizaban con los mambises para ser confiables en el arriesgado trabajo en las sombras.

El General José Ambrosio Gómez Cardoso (1829-1901), jefe de la Brigada de la Trocha, por sus conocimientos de la región y de los avileños desempeñó un papel importante con los agentes secretos. 

Está comprobado que el escribano Antonio de Oro era colaborador de José A. Gómez Cardoso y le informó acerca de la salida de la columna que dirigía el comandante Celestino Fernández, tropa que fue atacada en El Pasto el 2 de agosto de 1876. En esta acción los mambises se apoderaron de 43 rifles, 3,000 balas, 5 mulas, ropa y más de 90 caballos.

Durante la guerra de 1868 a 1878 Máximo Gómez cruzó La Trocha en 7 ocasiones, en una de ellas llevaba a su esposa Manana. Creó en la propia Trocha una brigada de hostigamiento para propiciar bajas a un enemigo superior a los mambises en hombres y armamentos.

La segunda conflagración fue la llamada Guerra Chiquita o Guerra de Calixto García Iñiguez (1839-1898) comenzó el 26 de agosto de 1879 y terminó el 3 de diciembre de 1880 (465 días).

Reiniciadas las luchas independentistas, el 24 de febrero de 1895, con el Grito de Baire, la Trocha militar volvió a tomar importancia dentro de la estrategia del mando español para sofocar la insurrección. Nuevamente fue reforzada con combatientes y armamentos y por disposiciones del Capitán General Valeriano Weyler (1838-1930) fue refortificada y mejorada toda su infraestructura desde marzo de 1896 hasta agosto de 1897. 

Cuando en 1897 fue terminada la costosa Trocha de Júcaro a Morón, contaba con 68 fuertes, 60 blocaos, 401 puestos de escuchas, una torre heliográfica, una fábrica de gas, una tupida alambrada, varios pozos y fosos, campamentos, hospitales y el ferrocarril.

Historiadores la describieron así: “Magistral obra de la ingeniería militar española, que incluía la construcción de fuertes, comunicados entre sí por caminos y torres ópticas, que se complementaban con telégrafos e iluminación eléctrica; con línea de ferrocarril paralela que aseguraba la comunicación y el movimiento de tropas y pertrechos militares y la maniobra de refuerzos, incluida el movimiento de la artillería sobre rieles lo mismo hacia el norte que hacia el sur”.

Entre aquellas tropas que arribaron, llegó a tener más 10,000 soldados, integradas en su mayoría por campesinos y por cierto algunos colaboraron con los mambises (se sabe el nombre de dos).  

Al estallar la guerra el 24 de febrero de 1895, cundió el pánico por todo el territorio de las provincias orientales, Camagüey y muy especialmente en la región de la Trocha de Júcaro a Morón, teatro de pasadas contiendas insurreccionales.

Por su parte, Máximo Gómez con sus 1,164 hombres cruzó, sin dificultades, la Trocha de Júcaro a Morón en dirección a Las Villas el 30 de octubre de 1895. Su objetivo era incrementar la insurrección en esa región y operar al oeste de la Trocha en apoyo al esperado paso de Maceo. 

A tal efecto, en noviembre combatió rudamente en Campiña, Monte Oscuro y Pelayo, fogueando sus hombres, adentrándose en la zona de Sancti Spíritus.

Del 19 al 21 noviembre atacó el fuerte de Río Grande con el fin de atraer fuerzas de la Trocha. 

Finalmente, Antonio Maceo cruzó con sus 1,536 hombres la Trocha a las 4 de la madrugada del 29 de noviembre de 1895, por Santo Tomás al norte de Ciego de Ávila. La acción no costó ni una baja cubana. Ese mismo día, unas horas después, se reunió con Gómez cerca de Lázaro López.

La elección del punto de cruce no fue casual, se basó en información precisa proporcionada por patriotas locales, en el conocimiento detallado de los horarios de relevo de las guardias españolas y en la observación de las condiciones meteorológicas, que ofrecían una niebla matutina propicia para el camuflaje.

Las consecuencias fueron inmediatas. Para España, el cruce representó el colapso de su estrategia de contención territorial. La prensa colonial, como El Diario de la Marina, reconoció la audacia del enemigo y la falla en los dispositivos de vigilancia. 

Documentos conservados en el Archivo Nacional de Cuba, describen el cruce como una acción de alto valor táctico y moral. 

Por su parte, los informes del Archivo Militar de Madrid reconocen la falla en los dispositivos de vigilancia y la subestimación del enemigo. Incluso la prensa española, como La Época y El Imparcial, se vio obligada a admitir que la Trocha había sido vulnerada por una fuerza que combinaba audacia con conocimiento del terreno.

El Capitán General Arsenio Martínez Campos, defensor de la Trocha como la ratonera abierta, fue sustituido en enero de 1896. 

Para Cuba, el cruce permitió la unificación del Ejército Invasor, que alcanzó los 4,000 hombres e inició la Campaña de Occidente, extendiendo la guerra a todo el territorio nacional.

Conocedores ya los moradores de la zona de la histórica Trocha del 68, valladar inexpugnable de los ejércitos de España y que tantas vidas hubo de costarle a los españoles, por aquella época era un verdadero peligro para los simpatizadores de los mambises, prestarles su concurso a los alzados en armas contra España. 

El estado de sobresalto en que se vivía, debido a la excesiva vigilancia por las autoridades españolas en muchas personas que habían formado parte de la guerra del 68 y que aún radicaban en toda la Trocha, obligaba a los que aún tenían ánimo para luchar por la santa causa de la Independencia, a andar con cuidado.

Con gran tacto y cordura, tomando por base para su organización las reuniones familiares en el poblado, hubo de hacer su formación el Club denominado José Braulio Alemán, que tan eficaces servicios prestó en toda la Trocha. 

En perfecto estado de organización, sus componentes desempeñaban los más arriesgados servicios confidenciales y conducción de materiales de guerra, correspondencia y medicinas al campo. 

El poblado de Jicotea fungía como centro de numerosas fincas agrícolas y ganaderas. Estaba fortificado, aunque separado de la línea, a unos 8 kilómetros de distancia de Ciego de Ávila, y formaba parte del sistema defensivo. Su mayor establecimiento comercial pertenecía al asturiano Vicente Pérez. A pesar de que él era un defensor acérrimo del gobierno español, el encargado de su negocio colaboró con los insurrectos. 

El caserío estuvo en la mirilla de Alemán, gracias a la información que de allí le enviaron elaboró un plano y el 6 de abril de 1897 le escribió a Máximo Gómez: “Le remito el plano de Jicotea que terminé esta mañana. Los lugares de las dos flechas son los buenos para la entrada y el fuerte marcado al S con la trinchera puede inutilizar sus fuegos. La calle que corre de NE a SO no tiene fuertes y las casas impiden ser vistos de los otros que están libres de sus disparos. Someto pues el caso a su aprobación superior. Los cinco fuertes de N a O hostilizados de cerca, así como el del camino del Ciego facilitarán las entradas. Usted resolverá.”

Fueron tan eficaces estos servicios, prestados en toda la guerra, que gracias a ellos pudieron sostener las comunicaciones las partes opuestas de la Trocha. Heroicos podemos llamar los trabajos realizados por los integrantes del Club, todos ellos enaltecedoras, y por demás, de alta estimación y valer para nuestra historia.

Esta perpetua organización, encargada de burlar la estrecha vigilancia de los fuertes españoles y auxiliar a las fuerzas del Este y del Oeste en la Trocha, estaba integrada por estas 33 personas: Manuel “Chicho” Torres Cruz con el #1, Abelardo Rico, Amador Morales, Cecilio de la Cruz, Pedro Torres, Miguel Gómez Mayo, Felipe Márquez, Nicolás Jorge, José Miguel Téllez, Pedro Antonio Castañeda, Plutarco Moya, Joaquín Echemendía, Luis Gómez Ángel Bello, José Córdova, José Elías  Bregas, José Páez, César Castañeda (Secretario), Juan Díaz Santos de la Paz, Manuel Borges, Mariano Díaz Madrigal, Manuel Diego Venegas, Santos Carbonell, Rafael Valdés Delgado, Santos de la Cruz, Silvestre Pérez de Corcho, Antonio Viciedo, Benito Fajardo, Antonio Benguría, Juan González Legón, Manuel O’Relly y Antonio Téllez.

Además, las no menos importantes servidoras, las respetables señoras Inés de la Cruz y Elvira Villanueva, las cuales fueron verdaderas heroínas en la confidencia y en el servicio de sacar útiles para las fuerzas mambisas.

La correspondencia era cruzada por los confidentes Juan Muro y Julián Montesino, soldados españoles del Cuerpo de Ingenieros. Muchos de estos abnegados patriotas de Ciego de Ávila, Júcaro y Morón, fueron apresados más de una vez y maltratados de palabra y de obras, por las autoridades españolas, penalidades y vejaciones estas que no pudieron impedir nunca la confidencia y la comunicación hablada y escrita entre las fuerzas cubanas y las colindantes provincias de Camagüey y Las Villas, llevando las noticias a las demás. 

Cada componente del Club tenía su número por nombre, lo que evitó que fuesen descubiertos muchos de ellos, sorprendidos a cada rato por los contrarios españoles. 

Una gran parte de estos luchadores por las libertades cubanas, al terminar la guerra, ya formaban parte de las fuerzas del Ejército Libertador, pues tuvieron necesidad de abandonar la población, para evitar caer presos o ser asesinados. 

Los grandes servicios prestados por el patriótico Club Alemán son dignos de figurar también en las páginas gloriosas de nuestra Historia Cubana.

El 16 de agosto de 1897 Máximo Gómez designó, en sustitución de José Braulio Alemán, al joven habanero Enrique Villuendas y de la Torre, Licenciado en Derecho y periodista, a quien ascendió a teniente coronel por su eficaz labor como jefe de la inteligencia mambisa en La Trocha de Júcaro a Morón.

Tres días más tarde, Villuendas le informaba a Gómez que se había puesto en comunicación con Ciego de Ávila para sumar un buen confidente y avisaba que en el poblado de Jicotea se presentó Epifanio Rodríguez, conocido como El Destripador, quien estuvo preso por los mambises y prometió al mando español conducir una columna hasta el campamento del General en Jefe del Ejército Libertador. 

El avileño Gabino Gómez y otro oficial de apellido Caraballosa fueron dos de los principales ayudantes de Villuendas, pues mantenían los contactos con los agentes y pasaban la Trocha en misiones especiales. 

Igualmente sobresalieron el coronel Simón Reyes Hernández y el comandante Leopoldo Calvo. 

Por las notas del Diario de Villuendas sabemos que todo el tiempo dirigió las operaciones desde el oeste de la línea fortificada, moviéndose a diferentes campamentos en Francisquito, Demajagua (actualmente Majagua), Lagunas de Miguel, Hoyo de La Palma, San Esteban, entre otros. 

A veces se ocultaba en la casa de P. A, personaje que permanece incógnito hasta ahora. Para resguardar la identidad de los agentes mantuvo el método de denominarlos por números, aunque también utilizó letras y hubo un confidente en la ciudad de Ciego de Ávila, nombrado José Elías Fabré Sarduy, firmaba la correspondencia secreta con los seudónimos de Jimaguayú y 1898.

Durante la Campaña de la Reforma en 1897 dirigida por Máximo Gómez, fue muy eficaz el desempeño de la Brigada de la Trocha, comandada por el Brigadier José Ambrosio Gómez Cardoso, quien se apoyaba en sus fuerzas, que actuaban dispersas y vigilantes a lo largo de la línea militar y del concurso de colaboradores de la población: prácticos, confidentes, comunicantes, boteros, marineros y otros.

En la zona de Morón, el capitán Braulio Sánchez Valdivia mantenía el control sobre el servicio de inteligencia. El 12 de agosto informó: 

“Los confidentes del pueblo me anuncian que entre la oficialidad del pueblo se dice que a Cánovas le han matado, me aseguran que esto es muy cierto. Me comunican que una columna sale hoy de Morón con un convoy para Chambas y que regresa enseguida para conducir otro”.

Fermín Valdés Domínguez (el gran amigo de Martí) anotó en su Diario sobre un espía de Morón de apellido Buchillón: “es cariredondo, barbilampiño, pelo rubio, estatura baja, regordete y camina encorvado, acostumbra a salir de Morón de 2 a 3 de la tarde”.

Los confidentes se reunían en la casa comercial La Flor Cubana, especie de taberna de paredes de barro y techo de tejas, era el lugar ideal para burlar la vigilancia ya que sus propietarios, los tres hermanos Pastor, Miguel y Juan Pastor Salgado, eran españoles. 

El telegrafista José Córdova transmitía las informaciones sobre el movimiento de las tropas a José Elías Fabre, presidente del Club Máximo Gómez y este pasaba el mensaje a los insurrectos, acción que ejecutaban, con frecuencia, dos adolescentes: Mimi y Mariano Parada. Ellos tenían un permiso de salida al campo, del jefe de la Plaza, que les había facilitado Justo Zamora.

Juan Pastor Salgado relató al periódico Morón, el 1ro. de marzo de 1946, que varias veces el comandante Claro, jefe de la Plaza y amigo personal suyo, le pidió ser más discreto, sin embargo, no tomó represalias drásticas.

Gerónimo Cervantes, tenía un servicio de inteligencia en el poblado de Chambas, en 1897. Cada vez que una columna salía de operaciones de inmediato lo informaba a sus superiores. En uno de aquellos partes avisó: “También le comunico que he sabido por las confidencias de Chambas que el General Segura está acampado en el Heliógrafo de Chambas practicando operaciones en sus alrededores y permanecerá 15 días contado hoy 7 de estar allí”.

En la Trocha de Júcaro a Morón hubo más de 100 operaciones militares de las fuerzas cubanas en sus luchas independentistas.

José Braulio Alemán Urquía, nació en Santa Clara el 26 de marzo de 1864, fue un periodista, patriota y político que llegó a alcanzar el grado de mayor general en la Guerra de 1895.  

Participó como delegado de Las Villas en la Asamblea de la Yaya, donde fue elegido por voto unánime secretario de Guerra de la República de Cuba en Armas. Fue el autor principal de la Constitución de 1897 aprobada allí. Falleció en La Habana 15 de enero de 1930.

Simón Reyes Hernández (1858-1913), durante la campaña de La Reforma cruzó la Trocha varias veces, cumpliendo misiones peligrosas y por la facilidad con que burlaba esta barrera militar se ganó el apelativo de El Águila de la Trocha, por tener una vista muy aguda. 

Fue ascendido a teniente coronel, por Serafín Sánchez y a coronel por Máximo Gómez, grado con el que terminaría la guerra.

La Campaña de La Reforma se desarrolló entre enero de 1897 y abril de 1898. Tuvo por escenario la zona comprendida por los ríos Jatibonico del Norte y del Sur por el oeste y la Trocha de Júcaro a Morón al este.

La selección de este territorio como teatro principal de operaciones (que conocía muy bien desde la Guerra de los Diez Años) reflejó la gran capacidad táctica del Mayor General Máximo Gómez, pues reunía las condiciones necesarias para el tipo de lucha irregular, que concibió, al ser una zona llana con bosques, pastos y aguadas para operar con la caballería, así como pocos poblados y medios de comunicación.

Esta campaña militar buscaba cumplir dos objetivos principales por parte de las fuerzas independentistas cubanas: 

Primero, atraer hacia sí los fuertes contingentes de tropas españolas, para sacarlas de Pinar del Río, La Habana y Matanzas, donde había una gran concentración de las mismas, con el fin de disminuir la presión enemiga sobre los patriotas de occidente.

Segundo, librar en el territorio de Las Villas una guerra de desgaste en las tropas españolas, poco a poco, pero de manera constante y ayudado por el cansancio, las enfermedades tropicales (la fiebre amarilla o vómito negro, el paludismo o malaria, cólera y la disentería, entre otras), los muertos, los heridos y las pérdidas materiales.

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