Años Críticos: del camino de la acción al camino del entendimiento

Written by Enrique Ros

3 de febrero de 2026

El camino Hemisférico (III)

Mayores seguridades ofrecía Harriman en esta, su nueva visita, al Kremlin. Llegar a un acuerdo sobre la prohibición de las pruebas nucleares. Si Kruschev aceptaba, “al Presidente Kennedy le resultaría más fácil mantener bajo control los sentimientos y las tantas voces en los Estados Unidos que exigen acciones enérgicas contra Cuba”.

Era laudatorio lograr el tratado sobre prohibición de las pruebas nucleares. Era, por supuesto, un esfuerzo digno de aplauso. Pero ¿por qué ofrecer, como incentivo, controlar “las cabezas calientes” (los cubanos combatientes incluidos) que en los Estados Unidos exigen una firme posición frente a Castro?

CRISIS DEL CONSEJO 

REVOLUCIONARIO. 

RENUNCIA MIRÓ

En el exilio se producía también otro divorcio. Miró Cardona renunciaba a la presidencia del Consejo Revolucionario Cubano. Será cuestión de días que toda vinculación de ese organismo con la administración norteamericana quede terminada. Pero no sin que antes se le hagan cargos al Presidente del Consejo que éste rechaza con indignación y vehemencia.

LA RENUNCIA DE 

JOSÉ MIRÓ CARDONA

El 9 de abril renuncia Miró Cardona a la Presidencia del Consejo Revolucionario cortando, así, sus vínculos con Washington.

El martes 9 de abril de 1963 se confirma la noticia que, desde hace días, aparecía como un rumor. Una semana antes, el 2 de abril, Miró Cardona, junto a su amigo y traductor Ernesto Aragón, había partido hacia Washington para hacerle entrega al Coordinador de Asuntos de Cuba, Sterling Cottrel, de un extenso documento cuya copia ya había recibido el encargado de la oficina en Miami, John Crimmins. La renuncia de Miró, extenso documento de 26 páginas y 38 acápites, hace un recuento de las difíciles relaciones del Consejo Revolucionario con la Administración Kennedy, y describe, actividades, entrevistas, la crisis del 17 de abril, la crisis de los misiles nucleares, las acciones comando y la inacción a que se han visto forzadas las organizaciones revolucionarias.

“Lo de Miró —escribe el 11 de abril desde Miami una persona estrechamente vinculada con las actividades revolucionarias— causó aquí una reacción primero de estupor, luego —cuando parecía inminente su renuncia— de respaldo popular (inclusive Mujal por radio ofreció apoyarlo en su nueva actitud) y, ahora que el Consejo se reunió sin aceptar la renuncia y luce que ha perdido la confianza de Washington, la gente comienza de nuevo a preocuparse pensando si todo esto no representa algo más que la caída de una persona”.

Concluía aquella comunicación, dirigida a otro miembro de la organización a que ambos pertenecían, especulando “si detrás de todo esto no estará la liquidación definitiva de todo respaldo a toda acción y a todo movimiento revolucionario”.

El Consejo Revolucionario, bajo la firma de su secretario Raúl Méndez-Pirez da a conocer los acuerdos de ese organismo aceptando, “bien a su pesar y movido a ello por los razonamientos que se ha servido exponer el doctor José Miró Cardona, la renuncia irrevocable y hoy reiterada, de su cargo de Presidente”. Pero en el punto tercero de aquel acuerdo el Consejo Revolucionario Cubano cubre de mayor misterio aquella renuncia al expresar:

“TERCERO: Por tratarse de un documento interno del Consejo, no procede su publicación en consideración a los graves perjuicios que ocasionaría a la causa de la liberación de Cuba”.

Las organizaciones quieren definir su posición. En comunicación de abril 21, el Secretario de Organización del Movimiento Demócrata Cristiano (MDC) da a conocer a Januzs Slezsinski, del Centro de Acción Demócrata Cristiano, en Nueva York, la posición de esta organización:

“1- El Movimiento Demócrata Cristiano —al menos la tendencia en que militamos José Ignacio Rasco, Laureano Batista, y tantos otros amigos de usted— no está, ni estuvo, integrada en el Consejo Revolucionario.

2- José Ignacio Rasco no se encontraba en el Consejo Revolucionario como miembro del Comité Ejecutivo ni, mucho menos, representando al MDC. Sólo era el delegado de aquel organismo en Latinoamérica.

3- El MDC mantuvo, reiteradamente, que el Consejo Revolucionario no era un organismo verdaderamente representativo y que carecía de verdadero respaldo popular.

4- Todo hace presumir que con la renuncia del doctor Miró Cardona al Consejo Revolucionario éste entra en un proceso de liquidación, aún cuando varias organizaciones y personalidades cubanas permanecen todavía en él.

5- Se está intentando, con algunas probabilidades de éxito, la integración de un nuevo organismo de más amplia base. Aunque no se sabe, hasta estos momentos, que nivel de relaciones podrá mantener con la Administración de esta nación.

A la semana de anunciada la decisión del antiguo Presidente del Consejo Revolucionario, el ex-magistrado del Tribunal Supremo de Justicia de Cuba, Julio Garcerán, ataca la política que siguió Miró Cardona al frente de aquella institución, y asegura no constarle que “los Estados Unidos tengan una línea de coexistencia pacífica con Cuba”. Va más allá el antiguo magistrado. Garcerán califica esa acusación de falsa y apunta —así dice textualmente el cable— que “la misma crea un grave conflicto entre el pueblo cubano y el gobierno de los Estados Unidos”. Julio Garcerán había sido proclamado, meses atrás, Presidente de Cuba por un grupo de exiliados.

Funcionarios norteamericanos que, por supuesto, no aparecían identificados por las agencias cablegráficas, expresaron que Miró Cardona “había exigido 50 millones de dólares para organizar un ejército de invasión de exiliados cubanos y simpatizantes”.

Versión que fue inmediatamente negada por el ya ex-Presidente del Consejo, considerándola como formando parte de una campaña de descrédito al organismo revolucionario.

Habían quedado rescindidas las relaciones entre los exiliados cubanos que integraban ese organismo y el gobierno del Presidente John F. Kennedy. La situación la sintetizaba así la UPI:

“Funcionarios del gobierno norteamericano indicaron que la causa de la división la constituye la negativa de los exiliados de aceptar la orden de Kennedy de abandonar su acción ofensiva contra Cuba…la preocupación mayor de estas autoridades es que si aceptan las exigencias de los exiliados… ellos los colocarán en una posición de permitir que los exiliados determinen la política del gobierno de los Estados Unidos con respecto a Cuba”.

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