Winston Churchill, el político que cambió el rumbo de la Segunda Guerra Mundial

Written by Libre Online

20 de enero de 2026

De la Redacción de LIBRE y fuentes anexas

Churchill es, sin duda, una de las figuras clave del siglo XX. Su larga trayectoria política abarca desde su primera elección como diputado en 1904 hasta su último período como primer ministro en 1951.

El primer ministro más famoso de Inglaterra ha pasado a la historia como un gran estadista que cambió el rumbo de Europa. Este político británico fallecido el 24 de enero de 1965, sigue siendo para sus compatriotas el líder que logró que los aliados ganara la Segunda Guerra Mundial, así como un foco de inspiración en los momentos más duros del conflicto.

Durante años, Churchill fue algo así como la voz de la conciencia de su país, una voz que sacudía los espíritus y les insuflaba grandes dosis de energía y valor. Su genio polifacético, además de llevarlo a conquistar la inmortalidad en el mundo de la política, lo hizo destacar como historiador, biógrafo, orador, corresponsal de guerra, y en un plano más modesto como pintor, albañil, novelista, aviador, jugador de polo, soldado y propietario de caballerías.

Del periodismo a la política

No obstante, la vida militar no tardó en cansarlo. Renunció a ella para dedicarse a la política y se afilió al Partido Conservador en 1898, presentándose a las elecciones un año después. Al no obtener el acta de diputado por escaso margen, Churchill se trasladó a África del Sur como corresponsal del Morning Post en la guerra de los bóers. 

EL CARÁCTER REBELDE DE 

CHURCHILL

Nacido el 30 de noviembre de 1874, fue primer ministro del Reino Unido entre 1940 y 194, y entre 1951 y 1955 en un segundo mandato. El premier es una de las figuras históricas a las que más se alude, tanto por parte de historiadores como por parte de políticos, como uno de los artífices de la resistencia británica durante la Segunda Guerra Mundial. No obstante, la vida del dirigente más relevante de la Gran Bretaña del siglo XX.

La Primera Guerra Mundial

Churchill previó con extraordinaria exactitud los acontecimientos que desencadenaron la Primera Guerra Mundial y el curso que siguió la contienda en su primera etapa. Sus profecías, consideradas disparatadas por los militares, se convirtieron en realidad y sorprendieron a todos por la clarividencia con que habían sido formuladas. 

El primer ministro de la Segunda Guerra Mundial

El 1 de septiembre de 1939, el ejército nazi entró con centelleante precisión en Polonia; dos días después, Francia e Inglaterra declararon la guerra a Alemania y, por la noche, Churchill fue llamado a desempeñar su antiguo cargo en el Almirantazgo por el primer ministro Neville Chamberlain, que hasta entonces había intentado una inútil política de apaciguamiento frente a Alemania. Todas las unidades de la flota recibieron por radio el mismo mensaje: “Winston ha vuelto con nosotros”.

Los mismos diputados que una semana antes lo combatían con saña, lo aclamaron puestos en pie cuando hizo su entrada en el Parlamento. Pero aquella era una hora amarga para la historia del Reino. La nación estaba mal preparada para la Segunda Guerra Mundial, tanto material como psicológicamente. Por eso, cuando fue nombrado primer ministro el 10 de mayo de 1940, Churchill pronunció una conmovedora arenga en la que afirmó no poder ofrecer más que “sangre, sudor y lágrimas” a sus conciudadanos. 

EL “SUPREMACISMO” BRITÁNICO

Durante la Segunda Guerra Mundial, Churchill se esforzó mucho para evitar que España se uniera a los nazis, y se aseguró de sobornar a los generales franquistas con abundante oro. Churchill consideraba que los españoles no debían ayudar a Hitler, ya que de ser así se corría el riesgo de que bloqueasen el estrecho de Gibraltar al paso de la marina británica. Eso dificultaría la llegada de los británicos a Oriente Medio y la consiguiente obtención de petróleo. Franco debía mantenerse fuera de la guerra.

Retiro entre dos guerras

Entre 1929 y 1939, Winston Churchill se apartó voluntariamente de la política y se dedicó principalmente a escribir y a cultivar su afición por la pintura bajo el seudónimo de Charles Morin. “Si este hombre fuese pintor de oficio -dijo en una ocasión Picasso-, podría ganarse muy bien la vida”.

Churchill siguió perteneciendo al Parlamento, pero durante esos años careció prácticamente de influencia. Recobró protagonismo cuando, al observar la creciente amenaza que constituía Adolf Hitler, proclamó la necesidad urgente de que Inglaterra se rearmase y emprendió una lucha solitaria contra el fascismo emergente. En reiteradas ocasiones, tanto en la cámara como en sus artículos periodísticos, denunció vigorosamente el peligro nazi ante una nación que, una vez más, parecía aquejada de una ceguera que podía acabar en tragedia. 

Al finalizar la guerra, Winston Churchill continuó siendo uno de los referentes políticos de su país, y en 1953 fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura. Tal como manifestó la Academia Sueca, fue galardonado “por su maestría en la descripción histórica y biográfica, así como por su brillante oratoria, que defiende exaltadamente los valores humanos”. Su reacción fue la de llamar inmediatamente a Anthony Eden, futuro primer ministro británico, a quien espetó lo siguiente: “Pensé que te gustaría saber que acaban de concederme el Premio Nobel… Pero no te preocupes, amigo mío, es el de Literatura, no el de la Paz”, ironizó.

El pueblo había visto en Churchill la personificación de lo más noble de su historia y de las más hermosas cualidades de su raza; por eso no cesó de aclamarlo como su héroe hasta su muerte, acaecida el 24 de enero de 1965.

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