Por: Álvaro J. Álvarez
Pablo Lafargue Armagnac, escritor político, economista, periodista, crítico literario, activista francés, médico y marxista, nacido el 15 de enero de 1842 en Santiago de Cuba.
Su padre, Francisco Lafargue, de origen francés (posiblemente de Burdeos) se asentó en esa ciudad del oriente cubano, donde contrajo matrimonio con Ana Virginia Armagnac.
Cada uno de sus abuelos tenía un origen étnico-religioso diferente. Su abuelo paterno era un cristiano francés de la región de Burdeos. Su abuela paterna era una mulata de Santo Domingo que había huido a Cuba tras la Revolución Haitiana. Los abuelos maternos también eran refugiados de Santo Domingo. Su abuelo materno era judío francés, y su abuela materna era una jamaiquina que afirmaba ser de ascendencia indígena taína.
Su padre estaba en buena posición económica en Cuba y la riqueza familiar le permitió estudiar en Santiago de Cuba y luego en Francia.
Se conoce poco de los primeros años de la vida de Lafargue. Su padre amasó una pequeña fortuna, tras largos años de trabajo.
Pablo recibió sus primeros estudios en una escuela privada propiedad de Juan Foch, inscripta con el nombre de Instituto Cubano, sito en la calle San Basilio # 74 en la capital oriental. El claustro era de primera, al contar con maestros de la talla de Pedro Santacilia Palacios (1834-1910- luego se casó con Manuela Juárez Maza, la hija de Benito Juárez), Jesús María del Monte, Francisco Saldaña, Eduardo Danel y Baldomero Guevara. Dos de esos profesores, Del Monte y Santacilia eran poetas, inspirados en motivos y sentimientos de cubanía y de oposición al colonialismo español. No sería arriesgado considerar la influencia que pudieron ejercer en la mente del inquieto niño tales educadores, con sus nociones de libertad y justicia.
Otra versión acerca de esa etapa de su vida advierte que su padre le permitió matricular en el Colegio de Santiago, a cargo del notable pedagogo Juan Bautista Sagarra (1806-1871) un exalumno de José de La Luz y Caballero (1800-1862).
En aquel entonces, residía supuestamente en la calle Gallo, zona en la que vivía la mayor parte de los emigrados galos.
Según testimonios de su pariente Berta Armañac: “la familia poseía una finca, cercana a la ciudad, llamada la Maison de San Julián”.
Pablo tenía 9 años cuando en 1851 su familia decidió trasladarse a Burdeos, ciudad de donde procedía su padre Francois (o Francisco).
Pablo había terminado los estudios primarios con M. Roger-Mice, preceptor de la ciudad en el Liceo de Burdeos. Obtuvo en 1861, en Tolosa, el diploma de Bachiller y luego marchó a París para estudiar Farmacia con M. Touzac; pero cambió para Medicina, facultad en la que ingresó en 1862.
Fue en París donde Lafargue comenzó su carrera política e intelectual, adhiriéndose a la filosofía positivista y entrando en contacto con los grupos republicanos que se oponían al reinado de Napoleón III (1808-1873).
A Lafargue le gustaba repetir, que en su cuerpo fluía la sangre de tres razas oprimidas: la judía, la mulata y la caribeña.
Parece que la obra de Pierre-Joseph Proudhon influyó particularmente en esta fase de su vida y fue con ideales anarquistas proudhonianos como Lafargue ingresó en la sección francesa de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT, conocida como Primera Internacional).
A los 20 años comenzó sus estudios en la Facultad de Medicina de París y por esa fecha ingresó en la masonería, cuando aún era un joven estudiante de medicina.
Su iniciación masónica ocurrió en una logia del Gran Oriente de Francia, la principal obediencia masónica liberal y laica del país.
La fecha coincide con el período en que ya estaba comprometido con ideas republicanas, anticlericales y socialistas, muy comunes entre los jóvenes masones franceses de mediados del siglo XIX.
La masonería fue, para Lafargue, un medio de formación política y filosófica antes de su acercamiento definitivo al marxismo.
Poco después (entre 1865 y 1866), al entrar en contacto con Karl Marx y el movimiento socialista internacional, se distanció de la masonería, considerándola una institución burguesa y reformista frente al socialismo revolucionario.
En 1865, tras participar en el Congreso Internacional de Estudiantes celebrado en la ciudad belga de Lieja, las universidades francesas prohibieron que Lafargue pudiera tener alguna relación con las mismas, por lo que tuvo que marcharse a Londres para empezar allí de nuevo su carrera.
Allí rápidamente se relacionó con dos de las personalidades más prominentes del pensamiento revolucionario, Karl (Carlos) Marx (1818-1883) y Luis Augusto Blanqui (1805-1881) cuya influencia eclipsó completamente las tendencias anarquistas que hasta entonces había mostrado Lafargue.
En Londres se convirtió en un asiduo visitante a la casa de Karl Marx y Jenny von Westphalen (1808-1873) en Dean Street, donde conocería a su segunda hija Laura, nacida en 1845 en Bruselas, Bélgica.
El matrimonio de Karl y Jenny tuvo 7 hijos, pero 4 fallecieron en su infancia como consecuencia indirecta de la pobreza que padeció la familia Marx, debido al vago Karl que nunca trabajó.
Enseguida iniciaron una relación, contra la voluntad de su padre Carlos, prueba de ello es la carta conminatoria de 1866, donde Marx le decía a Lafargue que, si quiere continuar sus relaciones con Laura “tendrá que reconsiderar su modo de hacerle la corte”. Esto fue en relación con ciertos excesos y toqueteos en las manifestaciones de cariño hacia Laura, su novia.
Mientras en otra, escrita cuando Marx se encontraba ingresado en un sanatorio por una colección de males que iban desde carbunclos hasta hemorroides, le dijo a su hija: “ya no tolero al maldito Pablo, ni sus ideas y modales”.
También hay documentos que muestran que él pensaba que su yerno no tenía capacidades suficientes, por considerar que se trataba de un agitador del movimiento socialista.
Finalmente terminaron casándose el 2 de abril de 1868, tuvieron tres hijos, pero todos murieron a muy corta edad. El cubano fue, desde entonces, no solo el primer latinoamericano en seguir de cerca y difundir el pensamiento del creador del comunismo, sino también miembro y parte de su familia.
Su actividad política tomó un nuevo rumbo en Inglaterra, pues fue elegido miembro del Consejo General de la Primera Internacional, y acabó siendo nombrado secretario corresponsal para todo lo concerniente a España (cargo que desempeñó entre 1866 y 1868).
Tras el episodio revolucionario de la Comuna de París de 1871, la represión política obligó a Lafargue a emigrar a España. Se estableció en Madrid, donde contactó con algunos miembros locales de la Internacional, como Pablo Iglesias Posse, (1850-1925) gallego fundador del PSOE y la UGT, sobre los que su influencia acabaría siendo muy importante. (Iglesias Posse no tiene relación familiar alguna con el coleta Pablo Iglesias Turrión, fundador de Podemos).
La mayoría de los revolucionarios españoles formaban parte de la facción anarquista de la Internacional y su peso seguiría siendo enorme hasta la Guerra Civil Española en 1936.
Lafargue se dedicó a intentar redirigir esta tendencia hacia el marxismo, tarea en la que estuvo cercanamente asesorado por Friedrich (Federico) Engels (1820-1895).
La tarea encomendada a Lafargue consistió principalmente en reunir un liderazgo marxista en Madrid, a la vez que ejercía influencia ideológica mediante artículos anónimos en el periódico La Emancipación (donde defendía la necesidad de crear un partido político de la clase obrera, uno de los principales temas a los que se oponían los anarquistas).
Al mismo tiempo, Pablo tomó la iniciativa en algunos de sus artículos, expresando sus propias ideas sobre una reducción radical de la jornada laboral (un concepto que no era del todo ajeno al pensamiento original de Marx).
En 1872, tras las críticas públicas a La Emancipación contra el nuevo Consejo Federal anarquista de la FRE-AIT, la Federación de Madrid expulsó a los firmantes de dicho artículo, quienes pronto fundaron la Nueva Federación de Madrid, un grupo de influencia limitada.
La última actividad de Lafargue como activista español fue representar a este grupo minoritario marxista en el Congreso de La Haya de 1872, que marcó el fin de la Primera Internacional como grupo unido de todos los comunistas.
Entre 1873 y 1882, Pablo Lafargue vivió en Londres y evitó ejercer la medicina, pues había perdido la fe en ella tras la muerte en la infancia de sus tres hijos.
Abrió un taller de fotolitografía, pero sus limitados ingresos le obligaron a pedirle dinero en varias ocasiones a Federico Engels (cuya familia era propietaria de una empresa textil).
Gracias a la ayuda de Engels, volvió a comunicarse con el movimiento obrero francés desde Londres.
A partir de 1880, volvió a trabajar como editor del periódico socialista francés L’Égalité. Ese mismo año, y en dicha publicación, Lafargue comenzó a publicar el primer borrador de El Derecho a la Pereza, uno de los textos más difundidos de la literatura socialista mundial, probablemente sólo superado por el “Manifiesto del Partido Comunista” de Marx y Engels.
En 1882, empezó a trabajar en una compañía de seguros, lo que le permitió regresar a París y participar más activamente en la política socialista francesa.
Dirigió las actividades del recién fundado Partido Obrero Francés (POF), al que provocó un conflicto con otras importantes tendencias de izquierda: el Anarquismo, los Jacobinos, Radicales y Blanquitas.
Lafargue ya era muy reconocido por sus ideas dentro del movimiento obrero francés y ayudó a interesar a la clase trabajadora, en crear una audiencia obrera, para las enseñanzas de Marx.
Tanto él como Laura se dieron a la tarea de difundir la obra de Marx en Francia y en España, donde un exilio obligado tras la Comuna de París también lo obligó a residir.
Ya para entonces, ambos se habían dado también a la colosal tarea de traducir El Capital, la obra cumbre de Marx y una de las columnas fundacionales más complejas del pensamiento moderno.
La traducción de El Capital trajo otro de los desencuentros de Marx con su yerno, porque Lafargue tenía problemas leyendo y traduciendo del alemán, por lo que se tuvo que auxiliar muchas veces de su esposa y Marx decía que estaban simplificando sus enseñanzas y sus pensamientos con las traducciones que hacían.
Otro tuvo lugar en 1883 cuando, poco antes de su muerte, Marx encaró a su yerno por la forma en la que organizaba el movimiento obrero en Francia y los mecanismos que utilizaba para difundir su pensamiento.
Desde entonces hasta su muerte, Lafargue siguió siendo el teórico más respetado de la POF, no solo extendiendo las doctrinas marxistas originales, sino también aportando ideas originales propias. Participó también en actividades públicas como huelgas y elecciones y fue encarcelado en varias ocasiones.
En 1891, a pesar de estar bajo custodia policial, fue elegido diputado por Lille en una elección parcial, convirtiéndose en el primer socialista francés en ocupar dicho cargo. Su éxito animaría al POF a seguir participando en las actividades electorales y a abandonar en gran medida las políticas insurreccionales de su período anterior.
Sin embargo, Lafargue continuó su defensa de la ortodoxia marxista contra cualquier tendencia reformista, como lo demuestra su conflicto con Jean Jaurès, así como su negativa a participar en cualquier gobierno “burgués”.
Friedrich Engels los nombró herederos de parte de su legado y de su obra y de bastante dinero a su muerte, en agosto de 1895.
Su suegro Karl Marx en varias cartas privadas se refirió a él como “descendiente de un gorila” reflejando comentarios racistas comunes en la época y mostrando una faceta personal controvertida, aunque no se le atribuye el insulto “negro” directamente, sino la descripción de su color de piel en el contexto de esa ofensa.
Marx usaba términos despectivos para sus rivales políticos y personas que no le agradaban, como “tocino rancio” para Bakunin. A Ferdinand Lasalle lo trató de negrito judío y judío grasiento.
El comunismo es hipócrita desde su nacimiento, desde sus propias raíces. Marx criticaba el capitalismo, pero nunca trabajó y vivió ostentosamente al casarse con una millonaria de la aristocracia, hija del Barón Von Westphalen. Según testimonios de la época, se le atribuye una vida desordenada, de vicios, juergas e infidelidades. En pocas palabras, Carlos Marx tuvo la evolución de un parásito succionando las riquezas de otros.
Paul Johnson, en su libro “Intelectuales”, sostiene: “Marx siempre fue un vividor. Al principio vivía a expensas de su familia –que por cierto era burguesa– y luego sedujo a Engels para que lo mantuviera. O sea, que jamás trabajó. Nunca realizó el más mínimo esfuerzo por visitar una fábrica o conocer un sistema productivo. Más bien, sus esfuerzos se volcaron en vivir de Engels, consiguiendo de su amigo una pensión vitalicia”.
La tarde del sábado 25 de noviembre de 1911, Pablo y Laura se apresuraron en resolver sus últimos asuntos pendientes, se despidieron de unos amigos, fueron al cine, dieron una caminata por la orilla del Sena y finalmente entraron a una dulcería cercana para comerse su dulce preferido.
La decisión había sido acordada por ambos mucho tiempo antes con minuciosa frialdad y cuando regresaron del paseo, ya la noche había caído sobre París y el frío de noviembre calaba en los huesos.
Antes de entrar en su habitación, en su casa de Draveil (12 Km al sur del Aeropuerto de Orly en París) dejaron comida y agua para varios días para su perro, Nino. Luego se acostaron en la cama y se tomaron una dosis letal de ácido cianhídrico (cianuro).
El jardinero y su mujer descubrieron los cuerpos un poco después.
Les llamó la atención el llanto del perro y un olor a almendras amargas que se escurría desde el cuarto.
Paul y Laura Marx fueron enterrados el 3 de diciembre en la división 76 (cerca del Muro de los Comuneros) del Cementerio de Père Lachaise en París. En el entierro estuvieron presentes unas 60,000 personas, hubo discursos y uno de los oradores fue Vladimir Lenin.








0 comentarios