Por Luis de la Paz
Escribir un trabajo sobre el aniversario 67 de la llegada al poder del castrismo causa un desgaste emocional, conduce a la depresión y al desaliento, por eso preferí esperar a que pasaran los días finales de diciembre, porque no quería romper el encanto que en general trae diciembre, aunque, hay que señalarlo, parodiando a T. S. Eliot: “diciembre es el mes más cruel”. Ya diciembre no es para mí lo que antes significaba, perdió su luz porque ya faltan muchos de los que me acompañaron en los “diciembres” gloriosos de la niñez, la juventud y los momentos muy puntuales de la vida adulta.
Después de cierto momento, en Cuba, cuando ya uno crece y los sentidos se agudizan por la madurez, diciembre ya no indicaba el fin de un ciclo con sus altas y bajas, sino enfatizaba el declive constante de la vida cotidiana, sus valores esenciales (incluso su dignidad) y la nulidad de los proyectos y deseos personales.
En los años 70 se dificultaba conseguir qué comer en los días festivos del 24 y el 31 de diciembre; los árboles de Navidad habían desaparecido de las casas, los turrones no se vendieron más. La llamada Zafra de los 10 Millones, uno de los proyectos catastróficos que hundió más la economía cubana, pues cerraron fábricas, centros laborales y se surcaron campos de viandas, frutas y vegetales para sembrarlos de caña con el fin de alcanzar 10 millones de toneladas de azúcar, algo que no se cumplió, profundizó la siempre creciente crisis económica en la Isla, hasta llevarla a los límites insospechados del presente.
Durante los feriados de diciembre había que cruzar los dedos para que el apagón diario no ocurriera (en aquel entonces eran “solo” de 2 o 3 horas). Jornadas decembrinas con familias rotas por la política de separación familiar, que no era otra cosa que un proyecto macabro para mantener silenciados y contenidos a los que se marchaban de Cuba, pues quedaban en la isla familiares, es decir, los rehenes del castrismo. Al final del 31 de diciembre, a las 12 de la noche, en el momento culminante del año y el advenimiento del nuevo ciclo, el propio régimen castrista se encargaba de ensombrecerlo, restregándole en la cara a cada cubano en la televisión, luego en el periódico de la mañana y todos los noticieros, que se estaba conmemorando un nuevo aniversario del Triunfo de la Revolución. Este 1ro. de enero del 2026, se marcó el aniversario 67 de un mismo régimen inamovible, una tiranía que no ha podido mostrar a lo largo de casi 7 décadas en el poder, mejora alguna para el pueblo cubano. No es que durante el año se avanzó poco, sino se retrocedió mucho. El grado de descomposición social en Cuba es alarmante. La dignidad del cubano es puesta a prueba diariamente, y llevada a extremos.
Cada jornada en la Cuba que me tocó vivir hasta 1980 cuando salí de la Isla durante el éxodo del Mariel, reafirma el desastre político, económico y social de un país que ya en aquel entonces daba indicios de inoperancia total. En la actualidad, la Cuba que veo a través de las imágenes en las redes sociales: montañas de basura, calles y casas derruidas, farmacias y mercados vacíos, cortes de suministro eléctrico por 20 horas y hasta por varios días consecutivos, parálisis generalizada de la producción, precisamente por falta de electricidad, transporte y otros mínimos requerimientos para que un país se mantenga activo. La Cuba actual demuestra que ese país otrora próspero, tocó fondo hace tiempo, y que en la actualidad escarba, remueve, hurga en el fondo al que llegó, con la intención de encontrar algo bajo el lodo que ellos mismos han creado.
Todo cubano (y el mundo también) sabe que la solución al problema del país es la desaparición de ese régimen y el establecimiento de un sistema democrático, plural y de libre mercado. La debacle cubana tiene un solo nombre: la Revolución, que ellos señalan como intocable. Una Revolución secundada por el Partido Comunista de Cuba, cuyo único propósito es mantener el poder y por lo tanto también definen como inamovible. La única solución viable al problema cubano, lamentablemente, es militar, como acaba de ocurrir en Venezuela, a través de un inédito proceder militar de Estados Unidos con el propósito de cambiar el régimen, que permitió la captura del dictador Nicolás Maduro, aunque todavía no ponen fin a su régimen. Habrá que esperar por los próximos sucesos.
La opción de la revuelta popular en Cuba, ya se dio de manera contundente el 11 de julio del 2021, pero el régimen no escuchó, por el contrario, el gobernante Miguel Díaz-Canel hizo un llamado a la violencia: la orden de combate está dada, dijo en televisión nacional, incitando a la violencia.
En cualquier parte del mundo libre y democrático, el gobierno escucha el clamor del pueblo y ante disturbios, toma medidas para paliar las expresiones de descontento y calmar las tensiones, pero en Cuba, el gobernante en funciones llamó a una guerra civil, le levantó la parada a los ciudadanos. Esa bravuconada oficial, demuestra, más bien confirma, que no hay disposición de diálogo, ni de cambios posibles. La respuesta fueron miles de arrestos durante el 11J, largas condenas a prisión como “medidas ejemplarizantes”, o sea sentencias que están por encima de la ley y el supuesto delito, prisión para menores de edad, intimidación y amenazas a los familiares que clamaban por sus hijos.
La guerra civil iniciada el 11J sigue su curso, sin armas para luchar, ni líder visible, pero sí voz colectiva, la moral, aunque tener la razón no hace temblar a los gobiernos comunistas totalitarios. El envío de videos y fotos del acontecer diario desde la Isla, es de momento el más efectivo acto de protesta pública, es el reclamo de quienes son reprimidos y levantan sus voces. El mundo ve, observa, pero no hace nada tangible.
Ya son 67 años de castrismo. Una persona que nació el 1 de enero de 1959, es hoy oficialmente un anciano, con hijos y nietos, algunos con bisnietos. La vida se ha perdido en sobrevivir a duras penas, con la esperanza enfocada en un cambio.
Como cubano me entristece ver lo que está ocurriendo en mi país y no tengo otro espacio para luchar que desde la palabra. Vaya este trabajo, como parte de mi lucha por la libertad.








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