De la Redacción de LIBRE y fuentes anexas
Este año se cumplirán 131 años de aquel glorioso 24 de febrero de 1895, fecha en la que varios centenares de patriotas cubanos se levantaron en armas en las provincias de Oriente, Matanzas y Las Villas, dando inicio a la Guerra de Independencia.
El nombre de “Grito de Baire”, atribuido a esa jornada, se debe a que fue el alzamiento en Baire, en Oriente, el primero del que se tuvo noticia en La Habana, en España y en otros países. Sin embargo, en realidad, el levantamiento de Baire fue acompañado por muchos otros en distintos puntos de Oriente, Las Villas y Matanzas, donde también se produjeron insurrecciones ese mismo día, comandadas por ilustres y valerosos patriotas.
José Martí, máximo representante del Partido Revolucionario Cubano, desempeñó un papel esencial en la organización del movimiento independentista. Con aquella gesta comenzaba una nueva etapa en la lucha por la independencia de Cuba.
El Ejército Libertador, conocido como el Ejército Mambí, se alzó contra las fuerzas españolas que controlaban la isla. Aunque el levantamiento fracasó en la región occidental, en La Habana fueron detenidos sus impulsores, Julio Sanguily y José María Aguirre Valdés, mientras que en Matanzas varios cabecillas fueron apresados y algunos ajusticiados, la insurrección logró consolidarse en Oriente.
Diversas localidades protagonizaron la rebelión, bajo el mando de figuras como Guillermón Moncada y Bartolomé Masó. La emancipación cubana, planificada y liderada desde el exterior por Martí, se inspiraba en el lema: “¡Viva la independencia y viva Cuba libre!”.
Desde 1885, Martí se había convertido en el líder indiscutible del proyecto revolucionario. Desde Nueva York trabajó incansablemente para unir a los cubanos y conducirlos nuevamente a la guerra por la independencia. Fundó el Partido Revolucionario Cubano, cuya meta era alcanzar la independencia de Cuba y contribuir también a la de Puerto Rico. Los preparativos para la lucha sufrieron un severo revés. Martí había logrado adquirir y equipar con armas y pertrechos tres barcos que partirían desde el puerto de Fernandina, al norte de Jacksonville, en la Florida.
Las expediciones debían arribar al sur de Oriente, Camagüey y Las Villas, tras recoger a Máximo Gómez y otros patriotas en Santo Domingo, así como a Antonio Maceo en Costa Rica.
El plan establecía que, tan pronto desembarcara la primera embarcación, se iniciaría el alzamiento general. No obstante, la traición de un coronel de la Guerra del 68 frustró la operación: las autoridades estadounidenses incautaron los barcos y las armas, obtenidas con grandes sacrificios.
Tras recuperarse de aquel golpe, Martí continuó trabajando con determinación. Se reunió con delegados de Máximo Gómez y otros revolucionarios para fijar la fecha del levantamiento. La orden, firmada por Martí, establecía que la insurrección debía producirse en la segunda quincena de febrero, sin especificar el día.
Dicha orden fue enviada a Cuba de manera clandestina, oculta dentro de un tabaco torcido por un tabaquero de Tampa. El mensajero tenía instrucciones de fumárselo en caso de ser detenido. Juan Gualberto Gómez recibió el mensaje y, tras reunirse con el Comité de La Habana, se acordó que el levantamiento tendría lugar el 24 de febrero.
Martí, deportado a España en 1871, organizó en los Estados Unidos el Partido Revolucionario Cubano con el propósito fundamental de lograr la independencia de Cuba. Posteriormente, patriotas puertorriqueños se unieron al proyecto, bajo el compromiso de que, una vez liberada Cuba, las fuerzas independentistas apoyarían la causa de Puerto Rico.
Consciente de las causas del fracaso de la Guerra de los Diez Años, Martí procuró evitar los mismos errores, otorgando amplia autonomía a la conducción militar en materia estratégica y táctica, mientras el poder civil asumiría funciones diplomáticas, financieras y legales, además del gobierno en los territorios liberados.
Martí viajó a Costa Rica para asegurar la participación de Antonio Maceo, y luego a la República Dominicana para reunirse con Máximo Gómez. En ese país se firmó el Manifiesto de Montecristi, documento clave que definía los principios de la lucha independentista. Más tarde, Martí y Gómez desembarcaron en Playitas de Cajobabo, procedentes de Haití, para unirse a los levantamientos en Oriente.
Entre los principales líderes de la gesta independentista se encontraban José Martí, Máximo Gómez, Antonio Maceo, Calixto García, José Maceo, Serafín Sánchez, Juan Bruno Zayas, Guillermón Moncada, Flor Crombet, Juan Rius Rivera, Francisco Carrillo y Julio Sanguily, entre otros.
Alzamientos en Oriente
El 16 de febrero de 1895, Juan Tranquilino Latapier entregó la orden de alzamiento a Guillermón Moncada en Santiago de Cuba, y posteriormente a Bartolomé Masó en Manzanillo.
Como jefe militar del Partido Revolucionario Cubano en Oriente, Moncada asumió la dirección del levantamiento en la región sureste, respaldado por su prestigio entre campesinos y veteranos. Bartolomé Masó, por su parte, lideró las acciones en la región noroeste, apoyado en su influencia en la zona del Cauto.
El 22 de febrero, Moncada recibió el telegrama definitivo para el alzamiento y notificó a los jefes comprometidos. Ese mismo día comenzaron las acciones en distintas localidades, marcando el inicio de la insurrección armada.
Diversos jefes y oficiales protagonizaron levantamientos en Santiago de Cuba, Alto Songo, Palma Soriano, El Caney, El Cobre, Baire y otras zonas estratégicas. Las fuerzas sublevadas se reorganizaron y avanzaron bajo mandos provisionales, consolidando el movimiento revolucionario.
Con estos hechos se inició para Cuba la etapa final de una lucha que se había prolongado durante décadas, en busca de la libertad del dominio colonial español.
Por la trascendencia histórica del 24 de febrero, el régimen comunista de Cuba ha intentado relegar esta fecha. Sin embargo, su significado permanece vivo en la memoria de quienes continúan honrando la dignidad nacional, las enseñanzas de Martí y el legado de los mambises.







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