Por José “Chamby” Campos
Finalmente cayó el telón de la temporada ’25-’26 del Football Americano con el partido del Super Bowl número 60.
Esta competencia comenzó como un juego para determinar si la nueva liga de Football llamada American Football League, AFL, era mejor o peor que la National Football League, NFL, la cual llevaba establecida desde el año 1920. En ese momento nació la primera controversia y desde ahí todos los años surge una específica.
Al principio eran tonterías como cuando Joe Namath pronosticó una victoria sobre Los Colts de Baltimore y su prepotencia triunfó sobre la humildad y clase de Don Shula. Cuatro años más tarde el maestro Shula se vio envuelto en otra donde los expertos no le perdonaban que su nuevo equipo de Los Miami Dolphins sin ninguna figura dominante, según ellos, dominaran la competencia de una manera en la cual se coronaron campeones. Hasta la fecha es la única franquicia que ha terminado la temporada invictos.
Desafortunadamente con el pasar del tiempo las controversias han ido subiendo de tono y este año llegaron a un nivel que destruyó la esencia de la competencia.
El preámbulo al partido fue dominado por la presencia de un personaje que nunca debería de haber sido escogido para ser la figura del show de medio tiempo.
Usando la excusa de su popularidad, la NFL le entregó el escenario a un individuo extremadamente controversial. Su personalidad volátil y divisora atacó a un público que no lo conoce y se sintió ofendido por sus declaraciones y acciones. Es por eso que el encuentro del pasado domingo lo he titulado “El Super Bowl de la Discordia”.
El Super Bowl LX, la edición siempre se escribe en números romanos, reunió a los Patriotas de New England y los Seahawks de Seattle dos equipos que se habían enfrentado anteriormente en el año 2015 culminando con una victoria de 28-24 a favor del emblemático dúo de Tom Brady y Bill Belichick.
Para Seattle esa decisión había perdurado desde esa fecha, ya que aquella escuadra estaba tratando de defender su título y cuando estaba a punto de lograrlo, una mala decisión del coach de aquel momento le costó el triunfo. En situación de correr, lo cual habían hecho muy eficazmente, Pete Carroll decidió tirar un pase y este fue interceptado en la línea de anotación.
Con aquella carga a través de tanto tiempo, el contundente triunfo de 29-13, es el mejor regalo que le pudieron hacer a sus fieles seguidores y también borrar el momento más bajo en la historia de la franquicia.
El choque se promovió como una batalla entre las mejores defensas de sus respectivas ligas y en la primera mitad todo lo predicho por los conocedores del deporte fue lo que sucedió.
La violenta defensa de Seattle destruyó todo plan ofensivo que New England le presentó. Durante todo este tiempo Drake Maye, quarterback y líder ofensivo de los bostonianos, se vio bajo un acoso incesante que no lo dejó generar ningún tipo de avance. Cuando llegó el medio tiempo los Patriotas solamente habían generado 51 yardas ofensivas.
Por su lado la ofensa de Seattle también se vio dominada por la defensa de New England y a pesar de haber coleccionado 188 yardas ofensivas, solamente pudieron colocar nueve puntos en la pizarra. Todos ellos vinieron gracias a tres goles de campo del pateador Jason Myers.
La segunda mitad fue más movida, pero al mismo tiempo imperó la defensa. New England comenzó con el balón y después de tres jugadas tuvieron que despejar pues no generaron ningún tipo de ofensiva. Luego más tarde un costoso error le entregó la bola a Seattle y este anotó un gol de campo ampliando la ventaja a 12 puntos.
Después de intercambiar posiciones, el esquinero cubano-americano Julian Love interceptó un pase de Maye y le ofreció la oportunidad a su quarterback Sam Darnold para que lanzara un pase de touchdown y aumentara la ventaja a 19 puntos. Ya para esa ocasión los Patriotas solo podían ganar si lograran un milagro.
Otro gol de campo por parte de Myers y otra intercepción que fue devuelta para un touchdown por parte de los Seahawks contrarrestaron los dos touchdowns que por fin pudieron anotar los Patriotas.
Por los ganadores el corredor Kenneth Walker III fue el arma más importante ya que corrió para 135 yardas y mató mucho tiempo del reloj lo que benefició tremendamente a Seattle y debilitó a la defensiva patriota. Por sus esfuerzos fue reconocido como MVP del Super Bowl.
Julian Love, de 28 años de edad, fue una pieza integral de la defensa pues además de la intercepción en el tercer período, derribó a tres contrincantes, dos sin ayuda y una asistencia en otro.
Por último, este Super Bowl quedará en la memoria como una batalla defensiva entre dos escuadras jóvenes que no sorprenderían si se vuelven a ver las caras en un futuro cercano en este tipo de evento.
Finalmente, Seattle cerró las heridas que por tantas temporadas estuvieron sangrando y que tanto dolor le proporcionó a la afición de esa organización.
En conclusión, una temporada marcada por más lesiones, más apuestas y más escándalos legales que nunca. Una liga que interesada en crecer internacionalmente no le importa ofender a la mayoría de sus seguidores norteamericanos.
Hasta el próximo agosto.








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