LITA ROMANO: DE REINA DE LA COMEDIA AL POZO DEL OLVIDO. ¡IMPERDONABLE!

Written by Roberto Cazorla

22 de junio de 2022

En la faceta en la que más se nota la indiferencia de los cubanos, es la relacionada con nuestros artistas, con los que nos dieron felicidad, unos con sus maravillosas voces de cantante, otros como actores cómicos o dramáticos, con la mímica, etc. A nosotros se nos va un artista que tanto nos dio, y como si viéramos volar a un gorrión cojo de un campanario a otro. Nos importa un pepino. Lo más triste es que esa actitud “nuestra”, nos empequeñece al lado de los comunistas. Ellos se crecen, son como Goliat, nosotros, como hormigas “de culo colorao”.

Si algo les envidio a países como Francia y México (existen otros), es el respeto eterno que conservan a sus ídolos sea de cualquier faceta del arte, de la ciencia o de las letras. Durante una de mis visitas a México, la segunda coincidió con una fecha relacionada con Pedro Infante, durante 48 horas, todas las emisoras radiales y canales televisivos dedicaron todo su tiempo a recordarle a través de sus películas, conferencia, tertulias, etc. Para los franceses, Maurice Chevalier, Edith Piaf, Simone Signore, Ives Montand, La Patachù, etc., siguen entre ellos. No se cansan de recordarlos a través de diferentes tipos de manifestación. Así vale la pena morir; pero morir para que nos lancen sin piedad al pozo más profundo del olvido, del “no sé de quién me hablas”, es la peor forma de marcharse de este raro y cada día más surrealista mundo.

Y en ese tipo de gente estamos el 98% de los cubanos. Somos de los que: “Al pan pan, y al vino vino, del “si te he visto no me acuerdo”, etc. Dudo que, en la historia moderna, haya existido otro país que haya tenido la desgracia de perder a tantos miles de sus hijos en el exilio. Son muchos los que han fallecido “bajo sol ajeno”. Son demasiado los que, si existe de verdad, el paraíso, estarán esperando el momento adecuado para retornar a su pedazo de tierra que, por ley Dios le concedió al instante de nacer. Pero no olvidemos lo indiferente que somos respecto a nuestros mitos. Somos raros, víctimas de nosotros mismos. Es por eso que los comunistas cada día le están robando espacio a la democracia, porque ellos, hasta el onomástico de la mosca que se posó en el trasero de la momia de Lenin, le rinden honores. No olvidan nada ni a nadie relacionado con su cancerígena ideología. ¡Y nosotros a empinar la “chiringa”!

En la faceta en la que más se nota la indiferencia de los cubanos, es la relacionada con nuestros artistas, con aquellos que nos dieron tanta felicidad, unos con sus maravillosas voces de cantante, otros como actores cómicos o dramáticos, con la mímica, etc. A nosotros se nos va un artista que tanto nos dio, y como si viéramos volar a un gorrión cojo de un campanario a otro. Nos importa un pepino. Lo más triste es que esa actitud “nuestra”, nos empequeñece al lado de los comunistas. Ellos se crecen, son como Goliat, nosotros, como hormigas “de culo colorao”.

Una de las figuras que dedicó su vida a aportarle a los cubanos alegría, sobre todos los primeros años de la cochina revolución en que por las calles se respiraba el olor a sangre inocente, se llamó Lita Romano. Fue y sigue siendo una diva para los que la conocimos. Sigue siendo una hermana para los que la creíamos como tal. Compañera incomparable. De una humanidad y de un respeto al semejante como pocas en la profesión. Tuve el placer de compartir escenario con ella. Juntos protagonizamos en la Sala-Teatro Talía la comedia “De la noche a la mañana”, dirigidos por Roberto Peláez. Un éxito. Tres años en cartel. Lita tuvo su propio programa televisivo durante muchos años, “Lita y Cholito”. Era anticomunista hasta el punto de que, en dos ocasiones, yendo por la acera de la calle Infanta, la policía intentó arrollarla lanzándole el carro encima. Pero hubo gente más rápida y la salvaron de la muerte. Era una anticomunista rabiosa, de las que se “defecaban” en la madre de las vampiras de C.M.Q. encabezadas por la diabólica Ana Lasalle que se vistieron de miliciana con el fin de hacernos la vida imposible a los que no éramos comunistas.

GUILLERMO PALOMARES

Lita salió de Cuba una semana después que yo. Junto, en este entonces “helado” Madrid, nos las vimos “dura de pelar”. Vivíamos en una pensión (casa de huéspedes) calle Príncipe, a dos portales de la Plaza de Santa Ana, cuando era de tierra y, cuando azotaba el viento, la polvareda nos dejaba cegatos.

En Madrid estaba el actor, bailarín y escritor televisivo René Muñoz, que había filmado en España 3 películas, una de ellas “Fray Escoba”. Uno de los mayores éxitos del cine español de todos los tiempos. René adaptó aquel guión cinematográfico al teatro y nos contrató a Lita y a mí. Nos fuimos de gira supuestamente por 3 meses y estuvimos 9. Recorrimos toda la península, las Islas Canarias y las Baleares. Cubanos en la compañía, Muñoz, Lita y yo. El resto español. Fue una aventura que, para mí, será inolvidable mientras me quede un soplo de vida.

Cuando llegué a La Habana procedente de Matanzas, con la intención de triunfar como actor, fue ella de las primeras que me ayudaron dándome pequeños papeles en su programa“Lita y Cholito”, primero en la radio y posteriormente en la televisión. Por lo tanto, hasta en el otro mundo le estaré agradecido, lo mismo que a mi enteramente amigo Armando Pérez Roura, a quien Dios tiene que tener sentado en un butacón de terciopelo en la nube más aristocrática.

Quizá para una mayoría, Lita no exista, pero para los que fuimos felices conociéndola, aún a través del Infinito se tiene que sentir satisfecha porque nuestro amor y agradecimiento fue y será eterno.

En cierta ocasión ambos estamos que nos moríamos de hambre. No teníamos dinero. Y a ella se le ocurrió: “Roberto, vamos a buscar en la guía telefónica a ver si aparece algún nombre de los artistas españoles que pasaron por La Habana y que yo les di trabajo en mi programa”. Y así fue. Tropezó con el nombre de Guillermo Palomares, “cantaor” al que llamó por teléfono causando en el artista español una enorme sorpresa, seguida de una invitación a cenar en su casa esa noche. Por supuesto que fuimos, junto a su señora, nos mantuvieron en la mesa conversando hasta las 6 de la mañana.

…REÍR A DIOS

Lita Romano era de las que llenaba los teatros. Además de ser preferida por el público en general, por toda aquella gente que necesitaba reírse, Lita era la “musa” de los homosexuales que, aunque ya los arrestaban considerados “la peste bubónica”, la seguían a todas partes y no se cansaban de vitorearla, algo que a los revolucionarios le ponía la sangre a punto de salirle a chorros por los ojos.

Viví con ella decenas de anécdotas; desde que puso los pies en el aeropuerto de Barajas (Madrid), no soportó a España. La detestó. Todo le parecía mal. Cuando vio la nieve por primera vez, iba por una acera de la calle Principie y comenzó a blasfemar diciendo que los “españoles sacudían los manteles para la calle”. Era que comenzaba a nevar. En una ocasión entramos a una tienda en la calle la Montera y Sol, y, dirigiéndose al dependiente le dijo; “Por favor, ¿puede enseñarme la cartera comando carmelita que está en la vidriera?” El hombre se quedó con la boca abierta. Carmelita en España es color marrón, vidriera es escaparate, comando es un comando del ejército, cartera es la que usan los carteros repartidores de correspondencia, aquí se llaman bolso. El hombre pensó que le hablaba en chino o en filipino.

Lita Romano, falleció en Nueva York, pero ni sus más íntimos amigos saben en qué cementerio duerme su alma.  Eso sí, a mí me consta que está haciendo reír a Dios y a sus buenos alumnos.

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