Las cosas de mi padre

Written by Libre Online

15 de junio de 2022

Mi querido padre, fue siempre un hombre perspicuo y jocoso, capaz de encontrarle rápidamente, el antónimo a cualquier palabra o hecho que aconteciera en su entorno, ya fuera social,  económico o político.

Sus constantes en libros y revistas, le permitieron siempre,  hacer  un análisis sabio, ameno y didáctico, los cuales, trasmitía con una especie de regocijo interior, denunciado por su sonrisa amplia y pura. Sin más  preámbulos, amigos lectores, entremos en el mini mundo de los aciertos de mi padre:

En Cuba, antes del año 1959, abiertas sus grandes avenidas al progreso, buscábamos todos, con verdadero ahínco, un manantial capaz de proporcionarnos nuestro sustento, nuestro sostén y el de nuestra propia familia, afincados siempre en nuestra fe cristiana y nuestro amor desmedido a la  honradez. De esta circunstancia se deriva,  que miles de hombres,  en todos los pueblos y barrios de nuestra isla hermosa,  se ganaran la vida como choferes de alquiler. Unas veces con su propio auto y otras, trabajando a partido con su verdadero dueño. Muchos de estos choferes tenían sus puestos de trabajo, y en días y horas libres,  salían a trabajar con su auto.

Estos choferes de alquiler, antes del cincuenta y nueve, no se vieron nunca atados o agrupados en un sindicato que los dirigiera y cobrara por esa supuesta dirección. Sólo pagaban su contribución al Fisco Municipal al ser inscriptos como tales.

Lo cierto es,  que después del la barbarie de los Castro, pueblo por pueblo,  batey por batey,  barrio por barrio, los choferes de alquiler fueron citados para una reunión,  con el fin de controlarlos, creando el gobierno con ellos, la Asociación Nacional de Chóferes Revolucionarios, denominados por las siglas, Anchar.

Con el Anchar, los choferes del alquiler para trabajar, debían señalar una ruta para su trabajo, perdiendo de esta manera, la plena libertad de acción que disfrutaban anteriormente, Además de su Patente para trabajar,  tenían que pagar una cuota mensual a la Asociación creada. Esto dio motivos para que muchos choferes que tenían otro trabajo, renunciaran al Anchar, pasando a propietarios particulares de sus autos.

Esta determinación, dañó considerablemente el tráfico de servicios de automóviles en todo el país.

Las constantes reuniones a las que eran citados; las cuotas pagadas mensualmente y por último, las exigencias sobre la inscripción a las Milicias Nacionales revolucionarias, contribuyeron grandemente a que muchos choferes pidieran la baja en el Anchar, pasaran a particular sus autos y buscaran otra fuente de trabajo.

A los choferes de alquiler, les fue asignada una zona de piquera y una oficina de despacho,  que controlaban por completo el trabajo diario del chofer. Se creó un verdadero caos a nivel nacional. Las colas en las piqueras eran terribles y mi padre, desesperado, gritabas Oh, Anchar, maldito Anchar,  si lo que haz hecho es estrechar.

Eladio Tito Peña Trujillo

Miami, Fl.

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