LA HISTORIA SE REPITE

Written by Libre Online

1 de junio de 2022

En paz descanse la esperanza de una política efectiva que contribuya a que la tiranía de los Castro, ahora representada por el improvisado “presidente” Miguel Díaz Canel, ponga fin a las violaciones de los Derechos Humanos y dé pasos concretos hacia el restablecimiento de un sistema de gobierno genuinamente democrático en nuestro infortunado país. El presidente Joe Biden le ha dado el tiro de gracia a las ansias de libertad, a corto plazo, del pueblo de Cuba.

Tomando como base los resultados de la política de concesiones a cambio de nada, puestas en vigor por el presidente Barack Obama a finales del año 2014, lejos del fanatismo partidista que en ocasiones nos nubla el entendimiento, tenemos que admitir que fue un paso en falso, en la dirección equivocada, que dio  a la tiranía de Cuba más recursos, no para atenuar la hambruna de la población, sino para alimentar los bolsillos de ese grupo selecto de parásitos de la sociedad que ocupan la cúpula gobernante. Son ellos, para nadie es secreto, quienes controlan la totalidad de las empresas y se benefician inescrupulosamente de sus jugosos frutos no para el desarrollo del país, sino para el mantenimiento de sus privilegios y el lujoso estándar de vida de sus familiares. Por otra parte, lejos de ejercer un efecto atenuante, el llamado «deshielo» de Obama en las relaciones de Estados Unidos con Cuba, su  inadecuado experimento, puesto en práctica con  el beneplácito del controversial Papa Francisco,  quién sabe si de buena intención, estimuló la arrogancia de los esclavizadores del pueblo cubano, que dio riendas sueltas a la maquinaria represiva, con el consecuente aumento de los atropellos y los arbitrarios encarcelamientos.

Ahora la historia se repite. La influencia del erróneo pensamiento de Barack Obama, con respecto a lo que beneficia a nuestro pueblo, o atasca la esperanza de la tan ansiada libertad, parece haber reverdecido en la inconsciencia de su ex vicepresidente, por lo que de una forma inoportuna llegan estas concesiones de la actual administración norteamericana, precisamente en los momentos cuando, como parte de su escalada represiva, los que en Cuba incrementan el más  despiadado acoso contra la población indefensa y someten a juicios y encarcelan bajo falsas acusaciones, entre otros, a quienes el pasado 11 de julio salieron a las calles en forma pacífica a reclamar su derecho a vivir sin las viejas cadenas que anudan sus pasos.

Estemos claros, el delito de esta parte de la juventud cubana no lo constituye el haber salido a las calles a manifestarse en forma pacífica: es el miedo imperante de la tiranía a la libre expresión. No fue otro  que atreverse a expresar sus ansias de tener libertad y exigir un pedazo de pan con amor; de no ser perseguidos por pensar diferente a los que desde hace más de seis décadas mantienen el poder absoluto, sin que legalmente en ninguna elección les haya sido conferido. No fue otro el delito, distorsionada la realidad  a conveniencia de sus captores a la hora de imponérseles excesivas condenas, que el de no aceptar sumisamente la filosofía engañosa de quienes discriminan y encarcelan o matan; de los que violan sistemáticamente los Derechos Humanos  e intentan imponer el silencio a sus opositores a base de violencia y terror, de castigos arbitrarios, degradantes y crueles.

Porque amamos a Cuba y por ella luchamos, los que integramos las filas de Alpha 66, probablemente una de las organizaciones de este exilio histórico donde mayor número de sus integrantes han regado con su sangre generosa los fértiles surcos de la Patria, consideramos que ha llegado la hora de las definiciones. 

Es bueno que todos entendamos que la libertad tiene un precio e inevitable es que, bien sea como pueblo, o como persona individual que aspira a estar en paz con su propia conciencia, nos dispongamos a pagarlo o vergonzosamente nos resignemos a vivir sin ella. Si en realidad amamos los caminos de luz que conducen a un destino mejor, de respeto, de prosperidad, donde la felicidad de la familia cubana reemplace al dolor de sabernos esclavos de un manojo de déspotas, inútiles espantapájaros que a través de los años no han hecho otra cosa que cultivar el oficio de los grandes farsantes y vivir como rémoras o vulgares parásitos  de la sociedad, hay que cerrar el puño y estar dispuestos a todo honroso sacrificio.

En realidad, suman ya muchas las decepciones y las componendas de quienes por un orden de justicia y razonamiento debían de actuar en beneficio de los que en nuestro país sufren las míseras imposiciones y los atropellos de la más vil tiranía que ha existido en  pueblo alguno a lo largo de toda la historia de América Latina. Obsequiar al opresor con inmerecidas prebendas, con retórica engañosa de que se hace en beneficio del pueblo que sufre, no es solo pisotear la esperanza de los que aún tienen fuerzas para rebelarse contra la desvergüenza y el autoritarismo del régimen esclavista sino, significa, tan grave como la perversa mentira, premiar la maldad del opresor, calzar sus sucios zapatos, inundados de sangre.  Y significa, además, no menos grave que lo anterior, ofender la inteligencia de quienes tenemos la capacidad de pensar y poder darnos cuenta de la diferencia existente entre las buenos intenciones y las inadecuadas medidas de sumisión política o de complacencia que obedecen, por encima de todo, a intereses mezquinos.

Ernesto Díaz Rodríguez

Secretario General de Alpha 66

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