LA HABANA: DE “PERLA DE LAS ANTILLAS” A LA CORPOREIDAD DE LA MISERIA

Written by Roberto Cazorla

4 de mayo de 2022

La Habana antes de convertirse en el Berlín ametrallado durante la Segunda Guerra Mundial, era lo más parecido a esa dama denominada como “La Alegría”. Ya entonces, si usted necesitaba

adquirir un pedazo de la luna, en La Habana lo encontraba.

Si me dijeran que La Habana superaría en miseria a Puerto Príncipe, la capital de Haití, no me lo hubiese creído. La Habana, herida de muerte por el sistema más ruin, despiadado e inhumano, es la capital fantasma del Caribe. Mientras que, exceptuando los países que están bajo el manto negro del sistema que me repugna mencionar, han superado a la capital que era la más fiel representación del adelanto en todos los aspectos. ¿Saben los cubanos nacidos durante el cruento sistema, que, entre cabarets y clubes existían más de 100? En todos había, cuando menos un pianista en directo. Era una de las fuentes de trabajo envidiada de los artistas criollos y por cuyos escenarios desfilaron los más famosos del mundo. Las principales calles, como Galiano, San Rafael, etc., parecían la explosión de un volcán por la enorme cantidad de letreros lumínicos que la coronaban como la más iluminada del Caribe. En el Paseo del Prado, desde la esquina de San Rafael, hasta el malecón, estaban todas las tiendas de los perfumes más caros del mundo, así como joyerías. La Habana antes de convertirse en el Berlín ametrallado durante la segunda Guerra Mundial, era lo más parecido a esa dama denominada como “La Alegría”. Ya entonces, si usted necesitaba adquirir un pedazo de la luna, en La Habana lo encontraba (perdón por mi exageración, es una metáfora).

  “EL ALACRÁN”  

     Nuestras tiendas eran la envidia del resto de las capitales latinoamericanas. De Cuba salieron los técnicos que instalaron la Televisión en varios países latinoamericanos, comenzando por Venezuela. La Habana, como el resto de la isla, era una incubadora de talentos de todas las facetas del arte. Presumía de la vestimenta que lucían sus edificios, inclusos los de la Habana Vieja, que parecían vestidos de domingo. Elegante, bulliciosa (en el buen sentido) donde abundaban las librerías en las que se podía adquirir el libro inimaginable. Toda La Habana vieja (pero joven y sinónimo de alegría) parecía que siempre estaba arroyando al ritmo de la comparsa “El Alacrán”. Olía a flor de pascua, se podía medir en ella cómo la juventud brotaba de sus calles que todas, perecían un soneto de José Ángel Buesa. Por el Hotel Nacional, desfilaron decenas de artistas famosos de Hollywood, incluso viajaban los fines de semanas. La cercanía con Estados Unidos nos ayudaba a ser la capital (el país) más adelantado del Caribe.

Pero un mal día irrumpió Satanás convertido en un dragón despidiendo llamaradas de maldad y resentimiento, arrasando con la columna vertebral de la isla que, desde entonces, inició su invalidez, convertida en una miserable leprosa. Pero como la envidia es una de las peores enfermedades, todo aquel adelanto, aquella alegría y aquel orgullo de sentirse cubano, fueron carbonizados. Y es que el odio y el deseo de venganza tiene más poderes que las centellas decididas a hacer estallar hasta a la “madre de los tomates”. Aquel endiablado asesino, rodeado de una extensa banda de frustrados, analfabetos, pero que en vez de sangre les corría por sus venas cicuta mezclada con bolas de pólvora que lanzaron en cada techo mensajes ridículos, increíbles, cubiertos de sangre inocente. 

La Habana (Cuba en general), desde el 1 de enero de 1959, se convirtió en la cárcel mayor del planeta, mirando el número de habitantes que tiene. Cuba se convirtió en una trituradora de cerebros, convirtiendo al pueblo en zombis. En Cuba, comparando el número de habitantes, es el país que tiene mayor número de mazmorras psiquiátricas. La gente enloquece, se suicida, se lanzan al mar con la posibilidad de convertirse en merienda para los tiburones. ¡Cuántos miles de cubanos están en el gigantesco cementerio que representa el estrecho de La Florida!

Desde que apareció Satanás adicto a la sangre inocente, por las calles de La Habana vieja, cuando llueve (con frecuencia), de sus alcantarillas brotan toneladas de heces fecales porque el servicio de obras públicas brilla por su ausencia. Toda Cuba, pero más La Habana, perdió su virginidad progresiva, la vistieron de luto y el Morro de La Habana, en vez del cañonazo de las 9, lo que despide todas las noches es un manantial de lágrimas convertidas en enormes piedras de hielo. No obstante, La Habana (Cuba en general) está olvidada por las organizaciones que fueron creadas para socorrer a cualquier país latinoamericano. El dragón les ha vencido, se convirtió en un “okupa” (así les dicen en España a los cínicos que, cuando tú te vas de vacaciones, rompen la puerta y se apoderan de tu casa. La ley protege a esos cínicos, delincuentes hijos de la gran P.) Pero “no pasa nada, chaval”, “todo está en orden”. Y las cárceles y mazmorras cubanas, los condenados por no estar de acuerdo con la herida que no deja de sangrar causada por el dragón que, desde su tumba, sigue despidiendo fuego simulando ser un volcán vengativo y torturador de 11 millones de seres.

ESQUIZOFRÉNICO PUTIN

La Habana aplastado por el dragón y sus pandillas de chupa sangre, asusta, su alumbrado de noche es tan paupérrimo que la gente tiene miedo adentrarse por cualquiera de sus calles, les invade el terror, y la inseguridad se les apodera hasta el punto de comerles las pocas neuronas que les quedan. En La Habana se vive como en los países latinoamericanos en los que impera la ley de las bandas juveniles que, cada miembro lleva un asesino en potencia en su “gandinga”. Ello produce en mí un enfermizo odio a La Habana que comenzaron a borrar del mapa desde aquel día en que una comparsa de verdugos bajó de una montaña que debió de arder con ellos dentro, convertirlos en ceniza. La Habana, la Cuba que los sanguinarios han creado adelantándose al panorama que en estos momentos exhibe Ucrania, bombardeada por el mayor asesino, con cara de jubo cubano, el diabólico y esquizofrénico Putin. Cuando tengo que decir que soy cubano, especifico que, “de la Cuba de antes de 1959”. Sí, soy cubano de pura cepa, de alma y corazón (aunque resulte cursi), pero para mí, La Habana actual, la Cuba pordiosera donde a la gente desde que nacen le extirpan la personalidad, convirtiéndoles en borregos, nada tiene que ver conmigo. La Cuba de hoy me importa un pepino. Incluso estoy convencido que la culpa de tanta miseria y destrucción, la tienen millones de cubanos que, entre varios “slogans”, había uno que decía: “Si Fidel es comunista que me pongan en la lista”. Pues ahí tienes el resultado, cubanito imbécil, inculto, indiferente a la cruenta realidad que les cayó encima, que les obligó a retorcerse la lengua y metérsela en un rincón donde no les da el sol. 

A La Habana (Cuba en general) la castraron, le extirparon las neuronas que producían talentos. Díganme, ¿desde que el dragón inició su incendio a lo largo y ancho de la isla, ha surgido algún artista que logre ser conocido fuera de la pocilga que resulta la isla? ¿Dónde un cantante, un músico, una figura rutilante que represente los malévolos logros de una doctrina que desde su creación no ha cesado de despedir sangre en vez de lágrimas?

Señores, a esa Habana, a esa Cuba de hoy, se las regalo envuelta en papel de celofán.

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