LA BÚSQUEDA DE LA PAZ

Written by Rev. Martin Añorga

11 de mayo de 2022

“La paz no es la ausencia de conflictos, sino la habilidad de manejar los conflictos de manera pacífica”, pensamiento del presidente Ronald Reagan con el que empezamos este modesto artículo dedicado al tema de la paz. Es difícil, ciertamente, entender por qué tenemos que involucrarnos en contiendas, peleas, discusiones, violencia y áridos enfrentamientos cuando es mucho mejor seguir el mensaje bíblico: “dichosos los que trabajan por la paz, porque Dios los llamará hijos suyos”.

Cuando hablamos de guerra recordamos las dos guerras mundiales que hicieron temblar al mundo y hoy nos preocupa el sorpresivo ataque bélico de Rusia a Ucrania, que ha costado ya centenares de víctimas y aún sigue sembrando el terror. Curioso es que haya supuestos adivinos que a toda voz y color anuncian la cercana guerra mundial, basados en las viejas predicciones de Nostradamus. Y los cristianos no podemos negar que en La Biblia se cuentan los sucesos de varias dolorosas guerras.

En Estados Unidos, un país que generalmente no se interna en conflictos bélicos de otros países y se ha convertido en un defensor de las instituciones y organizaciones que trabajan por la paz, a lo largo de su historia se han visto involucrados en varias guerras internas y ha sido escenario de crímenes que han estremecido sus fundamentos.

Podemos mencionar los asesinatos que sufrieron cuatro presidentes de Estados Unidos. El primer presidente asesinado fue Abraham Lincoln, el14 de abril de 1865, cinco días después del final de la Guerra Civil. Su muerte puede considerarse prácticamente como el último episodio directo de la misma ya que murió como resultado de una conspiración de sudistas irredentos.

La misma tenía por objeto eliminar el liderazgo político de los Estados Unidos, a fin de animar a la Confederación a seguir luchando con las fuerzas que restasen. Un conspirador debía asesinar a Lincoln, otro al vicepresidente Andrew Jackson y otro al secretario de estado, William Seward, mientras otros ejercían labores de apoyo.

Finalmente el plan fracasó en parte. Seward sólo fue herido y el conspirador que debía matar a Jackson no intentó hacerlo. Pero John Wilkes Booth, un actor teatral de 26 años, consiguió infiltrarse hasta el palco del teatro Ford de Washington, donde Lincoln asistía a una representación junto a su esposa y dos acompañantes. Le disparó en la cabeza con una pistola Derringer, que cabía en la palma de la mano, muriendo el presidente horas después. Días más tarde, Booth fue abatido durante su huida. Cuatro de los conspiradores murieron en la horca.

El segundo presidente asesinado de los Estados Unidos fue James Abraham Garfield en 1881. Durante el ascenso de los Estados Unidos a potencia mundial de primer orden la corrupción política había sido una constante, pudiendo encontrarse uno de sus símbolos en el Tammany Hall de Nueva York y los manejos de los grandes empresarios conocidos como “Robert Barons”; así fueron calificados grandes empresarios como Astor, Carnegie, Fisk, Gould, J.P. Morgan, Rockefeller o Vanderbilt.

En ese contexto, los manejos electorales nunca reconocidos, eran sin embargo considerados comunes. Cuando en 1881 James Abraham Garfield fue elegido presidente, el abogado Julius Guiteau creía haber tenido un papel determinante en la elección y exigió ser recompensado con un puesto diplomático, en París o Viena. Al ser rechazada su petición decidió vengarse matando a Garfield para poner en su lugar al vicepresidente Chester Arthur. Compró un revolver Smith & Wesson y el 2 de julio de 1881 se acercó a Garfield cuando se disponía a tomar un tren en la estación de Potomac y le disparó dos veces por la espalda.

El tercer presidente en ser asesinado fue William McKinley, que inició el camino de Estados Unidos hacia la condición de primera potencia mundial con una política decididamente imperialista. Aplicó una política económica proteccionista de la producción nacional y declaró la guerra a España en 1898, ocupando a Cuba, Filipinas y Puerto Rico entre otros lugares, si bien en parte impulsado por presiones económicas internas.

En aquellos años finales del siglo XIX y principios del XX la actividad terrorista del anarquismo era intensa como consecuencia de una lucha social resuelta en muchos casos con violencia. En el caso de McKinley, fue Leon Frank Czolgosz quien decidió asesinarle como represalia por la represión del movimiento obrero estadounidense. El 6 de septiembre de 1901 se situó en una fila de admiradores que esperaban estrechar la mano del presidente durante la Exposición Panamericana de Buffalo (New York), ocultando un revolver bajo un vendaje que le cubría una mano. Al llegar junto al presidente le disparó dos veces. McKinley murió días despues a consecuencia de la infección de sus heridas. Czolgosz fue ejecutado en la silla eléctrica.

Tras el asesinato de McKinley se creó el Servicio Secreto, como cuerpo de protección personal del presidente de los Estados Unidos. Pero aun el 22 de noviembre de 1963 el presidente John Fitzgerald Kennedy fue asesinado en Dallas (Texas) en un suceso que sigue siendo uno de los hechos más controvertidos del siglo XX.

Es evidente que la paz se ausenta atropellada por la guerra, pero la paz personal es nuestro disfrute y la definimos como bendición de Dios. Recordemos siempre la bendita promesa de Jesús:

 “La Paz les dejo; mi paz les doy. Yo no se la doy a ustedes como la da el mundo. No se angustien ni se acobarden”.

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