INSPIRACIONAL. Tres amigos en la noche

Written by Libre Online

1 de junio de 2022

Una noche, tres amigos ascendían por la pendiente del Monte Sinaí, esperando llegar a la cima antes del amanecer.

Estaban ansiosos por respirar el aire en el que habían sonado las voces de Dios y de Moisés cientos de años atrás.

«Hagamos  un  alto  para  reponer  fuerzas»,  propuso  el  de  más  edad  al  llegar  a  una  planicie  del  Monte,  y  los  otros  dos  asintieron. 

Encendieron  un  fuego,  repartieron pan y queso de cabra, y llenaron sus copas de vino de Grecia.

«Amigos míos -dijo el más joven- ¿Cómo se imaginan el Paraíso?».

Y antes de que  alguien  pudiera  responder,  él  mismo  habló  de  este  modo: 

«Yo  me  lo  imagino  como  un  lugar  con  mujeres  siempre  jóvenes,  banquetes  inacabables,  siestas profundas sin sueños ni sobresaltos».

Al oír esto, otro se entusiasmó y dijo: «Para mi el Paraíso es un lugar con una eterna   primavera,   ríos   de   agua   cristalina,   montañas   de   roca   de   cristal,   amaneceres  que  duran  un  año  entero,  y  aldeas  tranquilas  en  las  que  habitan  los  grandes  hombres  de  la  historia  para  ir  a  conversar  con  ellos  cuando  me  plazca».

«¿Y tú?», preguntó el más joven al de más edad, que había oído sonriente y en silencio el relato de sus compañeros de aventura:

«Yo imagino el Paraíso como una  planicie  del  Monte  Sinaí,  en  la  que  tres  buenos  amigos  se  detienen,  encienden  un  fuego,  se  sientan  a  su  alrededor,  saborean  el  pan  y  el  queso,  beben vino griego y hablan del Paraíso a la luz de las estrellas».

ESPEJOS

Había  una  vez  un  anciano  que  pasaba  los  días  sentado  junto  a  un  pozo  de  agua a la entrada de un pueblo.  Un día, un joven se le acercó y le preguntó:

 -Yo nunca anduve por estos lugares. ¿Cómo son sus habitantes?

El anciano le respondió con otra pregunta:

-¿Cómo son los de la ciudad de la que vienes?

-Egoístas  y  malvados.  Por  eso  me  siento  contento  de  haber  salido  de  allí  -le  dijo el muchacho.

-Así también son los habitantes de esta ciudad -respondió el anciano. 

Tiempo después, se le acercó otro joven y le hizo la misma pregunta:

-Acabo de llegar a este lugar, ¿Cómo son sus habitantes?

El anciano, nuevamente contestó:

-¿Cómo son los de la ciudad de donde vienes?

-Son  buenos,  generosos,  hospitalarios,  honestos  y  trabajadores.  Allí  tengo  tantos amigos que me ha costado mucho irme –afirmó el muchacho.

-También los habitantes de esta ciudad son así -contestó el anciano. 

En  cuanto el joven se alejó,  un  hombre  que  había  llevado  a  sus  animales  a  tomar agua al pozo y que había escuchado ambas conversaciones, le preguntó:

 «¿Cómo puedes dar dos respuestas  completamente  diferentes ante la misma requisitoria?» 

«Mira  -le  respondió-,  cada  uno  lleva  el  universo  en  su  corazón. 

Quien  no  ha  encontrado nada bueno en su pasado, tampoco lo encontrará aquí. En cambio, aquel que tenía amigos en su ciudad, también los encontrará aquí. Porque las personas  son  las  que  encuentran  en  sí  mismas, siempre  lo  que  esperan encontrar.» 

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