EL SIGLO XXI SERÁ CRUCIAL PARA LA ONU: RENOVARSE O MORIR

Written by Adalberto Sardiñas

4 de mayo de 2022

Desde hace décadas la Organización de Naciones Unidas, -la ONU- ha sobrevivido en cuidado intensivo. No ha sabido defender la democracia, uno de sus deberes fundamentales, ni los más elementales derechos de la persona. Ha cedido su tribuna, y sus privilegios, a regímenes totalitarios y despóticos, que han abusado a sus ciudadanos y agredido a sus vecinos.

Una breve ojeada a la totalidad de sus miembros, nos ofrece el patético cuadro de docenas de países liderados por gobiernos espurios, violadores de todas las libertades inherentes al hombre, como conjunto de cosas, pero, sin embargo, tienen el mismo derecho al voto, en cantidad y autoridad, de los que sí son genuinamente democráticos. Esta irónica incoherencia, que incluye el voto en bloque, sin considerar los principios de justicia, de libertad y de internacional paz y seguridad, es lo que ha traído en numerosas ocasiones votos de parcializada condenación contra el estado de Israel por la confabulación de los países árabes y musulmanes. Y ha traído también, la condonación a los abusos cometidos por naciones bajo gobiernos comunistas o de lineación izquierdista.

La ONU, ha sido, desde los días de la Guerra Fría, hasta los nuestros, un caliente nido para arrullar a todos los gobiernos comunistas, socialistas y, sobre todo, a aquellos que muestren una hostil displicencia contra Estados Unidos, a los que, las Naciones Unidas, les ha abierto su enorme e importante tribuna para su campaña ideológica, en su mayor parte, antidemocrática.

Si en el aspecto político ha fallado, en el administrativo la ONU no luce nada mejor. Su imagen es simplemente deplorable por la profunda corrupción que prevalece en ella por más de medio siglo. Los escándalos de pobre manejo, por delegados, oficiales, y empleados, especialmente de los provenientes de países subdesarrollados, la presenta como un terreno fértil para la descomposición y la deshonestidad.

Las críticas a la ONU abundan en varios aspectos de la organización, y van desde su política, ideología, igualdad de representación, habilidad por enforzar sus reglas, hasta su obvia parcialidad en el campo político-ideológico.

Uno de los problemas más serios que confronta la ONU, y que se ha mostrado inhábil para controlar, es el abuso de poder que ejercen varios países sobre la Asamblea, que ha evitado, en múltiples ocasiones, la prevención de conflictos armados como aparece estipulado en su Carta Magna.

Existen muchos fiascos atribuibles a las Naciones Unidas por acciones, u omisiones, que han resultado, en el último medio siglo, en desastres humanos.

Uno de ellos, y son muchos, es el genocidio cometido por el ejército de Pakistán contra los bangladesís en 1971 donde la ONU fracasó en detener la matanza y sólo se detuvo por la intervención militar de India. Otro caso en la misma categoría de fracaso de la ONU es la masacre de Srebrenica, cuando las tropas de Serbia cometían genocidio contra los musulmanes y las Naciones Unidas habían declarado a Srebrenica como “área segura”, sus tropas nada hicieron para impedir la masacre. Los casos son incontables en los que la ONU continúa respondiendo a cada crisis en un clima de inepta improvisación, como es el ejemplo de la guerra en Darfur, en 2013, donde las milicias árabes, Janjaweed, apoyadas por el gobierno sudanés, cometieron actos barbáricos de limpieza étnica contra la población indígena con más de 350,000 asesinatos. Y la lista continúa interminable a lo largo de, al menos, siete décadas.

La idea de una ONU democrática se desvanece en muchos escenarios cuando se analiza, y se concluye, que la organización representa los intereses de las naciones que la componen, y no, necesariamente, la de los individuos que viven dentro de ellas. Además, ¿cómo puede ser democrática cuando el sistema del poderoso Consejo de Seguridad no tiene distinción entre las ramas ejecutiva, legislativa y judicial, dándole la Carta de las Naciones Unidas los tres poderes al propio Consejo de Seguridad? ¿Dónde están el equilibrio y los principios democráticos y su habilidad para mantener la paz, cuando un miembro permanente del Consejo de Seguridad ataca a otra nación, como sucede ahora con Rusia y Ucrania, y Rusia, el agresor, no puede ser condenado porque, como miembro del Consejo, tiene el privilegiado voto del veto que lo hace impune?

Mientras exista esa estructura absurda, ilógica, y totalmente injusta, en la que un miembro permanente del Consejo de Seguridad de los cinco que lo integran pueda hacer y deshacer, abusar y atacar, sin consecuencias, la ONU no puede ser considerada como una organización democrática. La reforma de la que se ha venido hablando desde hace varias décadas ha llegado a su punto culminante. Hay que implementarla ya, desde este momento. Una de las víctimas de la invasión rusa a Ucrania, ha sido, sin duda, el sistema posguerra de seguridad y orden global, especialmente en el continente europeo. Y las Naciones Unidas tiene que adaptarse a las nuevas realidades para cumplir su role de prevención y protección de la paz, sirviendo los intereses de todas las naciones, no solo aquellos de las grandes potencias.

La ineficiente, arbitraria, e ilógica implementación del sistema del veto, es la primera regla que debe someterse a una completa reforma. Mientras se mantenga este sistema, será difícil, si no imposible, para el Consejo de Seguridad, resolver asuntos de grave importancia. Los cinco miembros permanentes tendrán siempre la impunidad, porque la ONU carece de un instrumento efectivo para traer a la justicia a un país agresor que ha robado territorio, o agredido, a otro estado soberano.

El siglo XXI presenta un dilema existencial para las Naciones Unidas. El sistema del veto debe ser la orden de primera magnitud que debe someterse a reforma radical, seguida de otras muchas, para democratizar a la organización encargada de preservar la paz en el mundo. Cinco naciones, de entre 150, no pueden controlar el destino universal. Ni una, entre todas, puede, ni debe, tener el privilegio de imponer su criterio y voluntad por encima de todas las otras que integran esa vasta organización.

La ONU está en serio peligro. O inicia prontamente las reformas necesarias ante las demandas del siglo XXI, o caerá por la misma cuesta que eliminó a la Liga de las Naciones.

Una buena idea, entre las tantas que se pudieran ofrecer, sería elevar el número de miembros permanentes del Consejo de Seguridad a 10 y decidir las cuestiones en forma de votación mayoritaria como enseña la tradición democrática. Esto echaría por la borda la desacreditada práctica del veto por una sola nación.

De una forma u otra, la invasión rusa a Ucrania podría ser el factor catalizador que iniciaría una revisión integral en el funcionamiento futuro de las Naciones Unidas en un marco donde todos los países integrantes, tendrían que mostrar un expediente democrático, producto de elecciones libres, y al margen de violaciones a los derechos humanos. Esto es lo mínimo que la ONU tendría que exigir, y hacer cumplir, por sus miembros en el futuro.

El dilema de la ONU es fácil en simples términos: o se reforma o muere.

BALCÓN AL MUNDO

Resulta claro que Vladimir Putin alentado por el fiasco de Afganistán, calculó, erróneamente, que la OTAN había quedado debilitada y dividida, y que esa presunción, le daba la gran oportunidad de avanzar en sus planes de conquista de territorios que antes vivían bajo la bota de la Unión Soviética. ¡Qué error de cálculo!

Hoy Rusia está pagando un precio altísimo por la aventura de su mandatario y el propio Putin está en futuro peligro de perder el poder.

Por eso baladronea y amenaza con sus armas nucleares que, en realidad, no creo que usará jamás. Sería el holocausto general y la primera y más afectada víctima sería Rusia.

Putin es sanguinario y cruel, pero no imbécil. Y le gusta la buena vida.

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A pesar del millón diario de barriles que la administración ha liberado de la Reserva Estratégica, los precios de la gasolina siguen elevados. También todos los otros productos, esenciales y no esenciales. La canasta básica se restringe cada día más y no hay señales de alivio para el consumidor.

Joe Biden debe explicarle al pueblo americano por qué cuando él asumió el poder los precios en general estaban 15% más bajos, la gasolina 2 dólares más barata y la inflación rondaba a menos del 2%.

Entonces el mundo vivía en paz. No existía la guerra de Putin, como él la llama, pero sí existía el derroche monetario que su administración puso en práctica y que es la razón principal de esta inflación desmesurada.

Cuando Jimmy Carter teníamos más o menos la misma situación, pero con una gran diferencia: Carter nunca le mintió al pueblo americano.

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Un juez federal detuvo, temporalmente, el levantamiento del Artículo 42 que ordenaba a los inmigrantes permanecer en México. Biden quería levantarla.

A lo mejor le dan el gusto y le mandan por la frontera sur a cientos de miles de migrantes en cualquier momento, para probar, una vez más, de qué está hecho su liderazgo.  Cuidado con lo que pide Mr. President, que se le puede conceder…

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