Mensaje Inspiacional. El hombre, su amigo y la ventana

Written by Libre Online

8 de junio de 2022

Dos hombres muy enfermos ocupaban la misma habitación de un hospital.

A uno se le permitía sentarse en su cama cada tarde, durante una hora, para ayudarle a drenar líquido de sus pulmones. Su cama daba a la única ventana de la habitación.

El otro tenía que estar todo el tiempo boca arriba. Los dos charlaban durante horas. Hablaban de sus mujeres, sus familias, sus hogares, sus trabajos, su estadía en el servicio militar, sus vacaciones… Y cada tarde, cuando el hombre de la cama junto a la ventana podía sentarse, describía a su vecino todas las cosas que podía ver a través de ella.

 El otro empezó a desear que llegara ese momento, en el que su mundo se ensanchaba y cobraba vida con todas las actividades y colores del mundo exterior.

 La ventana daba a un parque con un precioso lago con patos y cisnes, mientras los niños remontaban cometas y los enamorados paseaban de la mano entre flores de todos los colores.

Grandes árboles embellecían el paisaje, y a la distancia se podía ver una hermosa vista de la ciudad.

 Según el hombre de la ventana describía todo esto con detalle, el otro cerraba los ojos e imaginaba la idílica escena.

Una tarde, el hombre de la ventana describió un desfile que estaba pasando. Aunque el otro hombre no podía oír a la banda, pudo verla con los ojos de su mente, exactamente como lo describían las mágicas palabras de su vecino.

Pasaron días y semanas.

Una mañana, la enfermera entró para higienizarlos y encontró que el hombre de la ventana había muerto plácidamente mientras dormía.

Tan pronto como lo consideró apropiado, el otro hombre pidió ser trasladado a la cama contigua a la ventana.

La enfermera hizo el cambio y, tras asegurarse de que estaba cómodo, se fue.

Lentamente y con dificultad, el hombre se irguió sobre un codo, para lanzar su primera mirada al mundo exterior, pero luego del esfuerzo se encontró con una pared blanca.

Horas después, el hombre le preguntó a la enfermera que podría haber motivado a su compañero muerto a describir cosas tan maravillosas a través de la ventana.

Ella le confesó que su vecino era ciego y que no habría podido ver ni la pared, aunque le indicó:

«Quizás, sólo quería animarle a usted».

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