DIPLOMACIA Y CHANTAJE

Written by Adalberto Sardiñas

15 de junio de 2022

Fue clausurada en Los Ángeles, California, la IX Cumbre de las Américas, en una espesa mescolanza entre la diplomacia y el chantaje. El objetivo del Summit, fue fundamentalmente, abarcar, destacar, y defender los principios democráticos y los derechos humanos, y advocar, de hecho, una posición más clara de la actual administración en cuanto a la crisis migratoria, que, en vez de amainar, se recrudece con el paso del tiempo.

  Sucede que la crisis, que ya trasciende de migratoria a humanitaria, envuelve directamente a los países del Triángulo Norte: Honduras, El Salvador y Guatemala, en adición a México, que es el eje central del conflicto como país de estancia provisional de los emigrantes centroamericanos por virtud del Artículo 42, y que, por su parte, tiene a cientos de miles de sus propios ciudadanos, en espera de cruzar la frontera, ilegalmente, en busca de una vida mejor.

  Sin embargo, en una irónica paradoja, ninguno de los presidentes de los países envueltos en la crisis, asistió a la Cumbre, en solidaridad con el presidente mexicano López Obrador, que ha escogido el chantaje sobre la diplomacia para impulsar sus delirios de líder continental. ¿Cómo hablar de soluciones migratorias cuando los líderes de los países afectados deciden aliarse en el boicot demagógico de López Obrador? Simplemente no les importa el destino de su propia gente. Son, además de corruptos, malos gobernantes, y responsables de las horrendas condiciones que fuerzan a sus compatriotas a abandonar el país arriesgando sus vidas. En términos prácticos, poco debe esperarse de un Summit boicoteado desde su inicio, sin participación de los actores principales en el caos migratorio, sólo colgado de una esperanza precaria en la gestión de la vicepresidente, Kamala Harris, que continúa buscando, como Diógenes con su candil, las raíces del problema migratorio.

  López Obrador, radical socialista, se sintió ofendido porque a Cuba, especialmente, aunque después incluyó a Nicaragua y Venezuela, no le habían invitado a la Cumbre. Pero, ¿cómo habría de invitárseles, si la Cumbre tenía, como objetivo estratégico, hablar sobre democracia, sobre el cambio climático, defender los derechos humanos, y era, esencialmente, una reunión de países democráticos, legítimamente elegidos? Absurdo e incomprensible, hubiera sido invitárseles. La exclusión estaba plenamente justificada, desde todo punto de vista, empezando por el terreno moral. Alguien, en la Casa Blanca, tenía que haberle dicho al Sr. López Obrador, que la Cumbre tenía estándares y que el trío de dictadores que él apoyaba, no llenaba esos estándares.

  El presidente mexicano, que a diario se da golpes de pecho alegando una autoridad moral mesiánica, no tuvo escrúpulos en decidir entre la conversación diplomática que se desarrollaba en Los Ángeles, y el chantaje como arma política. Eligió por lo último. Se sentía más cómodo entre el trío de tiranos déspotas, que entre representantes de países libremente electos.

  Y es que AMLO es un viejo socialista frustrado y resentido. Alberga una ácida hostilidad hacia Estados Unidos, producto de una endémica y añeja envidia, pero tiene miedo expresarla abiertamente. Él sabe, quién necesita más de quién. Lo aprendió en sus tratos con la administración pasada.

  Sin embargo, en una espontánea expresión de cínica hipocresía, López Obrador, después de boicotearle la Cumbre a Biden, ha dicho que va a enviar a su ministro de Relaciones Exteriores a la reunión de Los Ángeles, y que viene a la Casa Blanca invitado por Biden el próximo mes. ¿Se mantendrá en pie esa invitación después del grosero desplante, del chantaje ejercido contra Biden y contra esta nación? En realidad, teniendo en cuenta la docilidad del mandatario de turno en la Casa Blanca, no sabemos, aunque, de realizarse, sería un nuevo golpe al carácter del presidente.

  Reuniones de esta naturaleza, generalmente, prometen mucho y producen poco. Pero, al menos, en las experiencias pasadas, han servido para mostrar la fortaleza y autoridad de esta nación, y el compromiso de Washington con la región y con los ideales de libertad, prosperidad y seguridad, que son, o deberían ser, el ideal común a los principios de la civilización occidental.

  Empero en esta IX Cumbre, no lo vemos así. El presidente Biden está proyectando, incluso antes de la apertura de la reunión, señales de debilidad en medio de amenazas de boicot por oponentes del capitalismo liberal democrático y de la libertad de expresión.

  El trío de déspotas autócratas no sólo son eso, sino que, además, son aliados de Vladimir Putin, y defienden, con afán, la viciosa y criminal invasión a Ucrania.

  Si la presente reunión de alto nivel,  sigue el patrón de la última celebrada en suelo americano en 1994, en Miami, el pronóstico no puede ser alentador.  No obstante, al margen de los posibles resultados, buenos o malos, le ofrece una oportunidad al presidente Biden de hablar con claridad, condenando la dictadura en la región y destacar con énfasis los valores democráticos.

  Y de paso, sería un gesto de reafirmación digna, suspender la visita de López Obrador a la Casa Blanca, luego de sus abiertas hostilidades contra Estados Unidos, en su alianza con el despotismo en Latinoamérica, y en su renuencia a condenar la invasión rusa a Ucrania.

  No obstante lo antes dicho, algo bueno va a quedar de la IX Cumbre de las Américas: se va a saber quién es quién, y brotará la realidad de que la famosa reunión no ha sido otra cosa que un enfrentamiento entre el oprobio y la libertad.    

El cuadro político de América Latina está bajo intensa presión desestabilizadora con los gobiernos de extrema izquierda de Perú, Chile, Honduras y con los próximos comicios este año en Colombia y Brasil, que, si no se produce un cambio a última hora, promete otros dos presidentes de izquierda en Gustavo Preto y Lula da Silva.

¿Cómo hemos llegado a esta metamorfosis en Latinoamérica?

Por la final fusión de dos factores concurrentes:

la conspiración revolucionaria de Cuba comunista, y el desenganche de Estados Unidos de los destinos de la región cediéndole el paso al despotismo anti democrático.

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Nicolás Maduro anda de gira por Eurasia, buscando apoyo y nuevos enlaces comerciales. Llegó a su lugar preferido, Turquía, donde tiene, según informes fidedignos, una enorme fortuna, producto de sus latrocinios, y la protección del presidente Erdogán.

Por su parte Biden llama a Guaidó desde la Cumbre, pero, a la vez, promete retirar varias sanciones a la Venezuela de Maduro. ¿Por qué? Por el petróleo. El presidente americano está contra la pared, buscando petróleo de donde sea. Sin embargo, nadie le ha dicho que Venezuela no tiene crudo para darle. Le sobra, pero no puede extraerlo.

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El precio de la gasolina, como el de todos los productos básicos, y no básicos, sigue en aumento, y no hay alivio en el horizonte. En el Este y Sur de la nación el galón se acerca a los $5.00 y en California, ya vamos pagando más de $6.50.

Pero hace 14 meses, pagábamos 61% menos por un galón de gasolina. ¿Por qué?

Las excusas sobran, pero no convencen.

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El incremento en la tasa de intereses ha frenado las solicitudes de préstamos para la compra de bienes de raíces. Se empiezan a sentir señales de enfriamiento en las actividades de compra-venta en el sector comercial que, eventualmente, se extenderán a las viviendas familiares. Es la repetición de un ciclo que tiene vida eterna.

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