DESFILE DE TORMENTAS

Written by Rev. Martin Añorga

22 de junio de 2022

El  día primero del mes de junio, miércoles, se inició la temporada ciclónica del año 2022, la que se extenderá hasta el miércoles  30 de noviembre. Después de agotar la lista de nombres de huracanes, los meteorólogos predicen 19 tormentas con nombres esta temporada de huracanes, cinco más de lo normal.  De las 19 tormentas, se espera que nueve se conviertan en huracanes y cuatro se convertirán en huracanes mayores, de categoría 3 o superior, con vientos superiores a 178 kilómetros por hora, según los expertos en huracanes de la Universidad de Colorado (CSU, por sus siglas en inglés). El equipo del Proyecto Tropical de CSU publicó este jueves su previsión estacional anual de huracanes en la cuenca del Atlántico, marcando el 39th año en que emiten un informe de pretemporada.

El informe detalla una temporada de huracanes muy activa e incluye una previsión superior a la media para todas las categorías de tormenta. La previsión de este año se parece inquietamente a las predicciones de los dos últimos años. 

Ya se ha publicado la lista de nombres con los que se identificarán las tormentas de este año para la cuenca del Atlántico:  Son Alex, Bonnie, Colin, Danielle, Earl, Fiona, Gastón, Hermine, Ian, Julia, Karl, Lisa, Martin, Nicole, Owen, Paula, Richard, Shary, Tobias, Virginie.  Si fuere necesario, y esperamos que no, nombres adicionales se extraerían del diccionario griego. Los huracanes no son un paseo, siempre son una pesadilla. Es curioso el hecho de que un huracán llamado Allen, en 1980, produjo más de 200 muertes y en el año 2005 hubo tantas tormentas tropicales (28) que hubo que acudir a la nomenclatura griega. Los inolvidables Katrina, Rita y Wilma hicieron su destructora aparición en el 2005.

Los meteorólogos empezaron a ponerles nombres a los huracanes y tormentas tropicales para permitir facilidad de comunicaciones entre ellos y el público. Al identificar un fenómeno atmosférico por medio de un nombre específico se evitan confusiones en el proceso de clasificación histórica, algo que no era posible con los imprecisos métodos que solían usarse. Por siglos, muchos huracanes en Las Antillas eran identificados por los nombres del santo del día en que aparecían. Por ejemplo, el “huracán de Santa Ana”, el 26 de julio de 1825, que azotó a Puerto Rico con una inolvidable violencia destructiva, y “San Felipe primero” y “San Felipe segundo” que también afectaron devastadoramente  a la Isla del Encanto, el primero el 13 de septiembre de 1876 y el segundo en 1928. Igualmente el “huracán de San Zenón”, que destruyó el 3 de septiembre de 1930 la ciudad de Santo Domingo en la República Dominicana.

Los que hemos sufrido el azote de huracanes siempre discutimos acerca de cuáles han sido los más destructivos de todos sin que nos pongamos de mutuo acuerdo; pero lo cierto es que en la lista de los diez huracanes más destructivos de la historia no aparece ninguno que haya transitado por tierras de América. A título de curiosidad vamos a mencionarlos.

Los diez huracanes más fatídicos de la historia de la humanidad han sido: (1) El ciclón Bhola, de 1970, que afectó al actual territorio de Bangladesh y que cobró la vida de cerca de 500,000 personas;  (2) el huracán Indio de 1839, ocurrido en la ciudad india de Coringa, ocasionando la muerte de 300,000 personas y el naufragio de 20,000 navíos. La ciudad nunca fue reconstruida por completo;  (3) el Tifón de Hai Phóng en 1881. Se trata de una ciudad de Taiwan que fue prácticamente borrada del mapa, con el saldo de más de 350,000 muertes; (4) el ciclón de Calcuta, en 1737. Este desastre natural, ocurrido el 7 de octubre de 1737 en Calcuta sepultó prácticamente a esta ciudad y sus alrededores en el mar. Se calcula que murieron más de 300,000 personas, sumando el naufragio de más de 20,000 navíos anclados en el puerto: (5) el Gran Ciclón de Backerganj en 1876. En el golfo de Bengala se produjeron vientos huracanados que provocaron olas de 12 metros de altura, que ocasionaron la muerte de más de 200,000 personas. Se estima que 100,000 personas adicionales murieron posteriormente por las enfermedades y la hambruna sufridas en los años subsiguientes;  (6) el ciclón de Backerganj, probablemente entre los años 1582 o 1584. Según la información enciclopédica Banglapedia, un total de 200,000 personas perecieron y quedaron arrasados los distritos de Barisal y Patuakhli. Informaciones legendarias afirman que solamente quedaron en pie los templos hindúes de la época; (7) Tifón Nina, de 1975. El tifón Nina ha sido el más devastador de la historia china. Murieron cerca de 100,000 personas, pero debido al colapso de varias presas acuáticas perecieron ahogadas otras 100.000 personas; (8) el ciclón Naragis, nacido en el océano Indico en el mes de abril del año 2008 se extendió hasta las costas de Birmania, destruyendo varias poblaciones y cobrando más de 90,000 muertos y 56.000 desaparecidos; (9) el ciclón de Bangladesh en 1991. Su fuerza arrojó una marejada que elevó en más de 6 metros el nivel del mar. Murieron cerca de 140,000 personas y más de 10 millones de personas perdieron sus casas. (10) el ciclón de Bombay, surgido en el mar Arábigo, y tocando tierra el 6 de junio de 1882. Se estima que causó la muerte de más de 100,000 personas.

El huracán es el más severo de los fenómenos meteorológicos. Técnicamente hay tres etapas, que son: depresión tropical con vientos máximos de 62 kilómetros por hora; tormenta tropical, con vientos de 63 a 117 kilómetros por hora, y huracán propiamente hablando, que alcanza fuerzas de viento superiores a los 118 kilómetros por hora. Curioso es que el vocablo huracán proviene del vocablo maya ”hurakan”, nombre de un dios creador, el que según los mayas esparció su aliento a través de las aguas en los comienzos de la creación para que fuera habitable la tierra.

El primer meteorólogo que utilizó un nombre propio (de mujer), para referirse a un huracán fue el australiano Clement Wragge, a finales del siglo XIX. Desde 1979 se ha adoptado la práctica de designar a los huracanes, alternadamente, con nombres de hombres y mujeres, siguiendo el orden alfabético, con excepción de las letras Q, U, X y Z, ya que con éstas son escasos los nombres que existen. Los nombres de los huracanes que se destacan por su implacable destrucción se retiran, quedando en los registros históricos hasta su posible repetición.

Los nombres de huracanes que han sido intensamente devastadores no volverán a ser usados hasta que transcurra un período de 10 años. En la lista de nombres retirados hay algunos que son recordados especialmente por todos los floridanos, entre ellos, por orden alfabético,  Agnes, Andrew, Camille, Connie, Flora, Hugo, Ike, Katrina, Mitch y Wilma.

Hace apenas cuatro décadas, debido a la escasez de comunicaciones, éramos sorprendidos por huracanes para enfrentar los cuales no estábamos preparados. Hoy día los servicios meteorológicos disponen de aviones con tecnología avanzada y con técnicas computarizadas que les permiten advertirnos de la existencia de un huracán a pesar de la distancia a que se halle de nosotros, añadido el hecho de que los medios de comunicación nos orientan de manera constante y profesional. Hay rutas de evacuación pre fijadas y planes establecidos para la protección comunitaria en su totalidad.

Este año 2020 tiene una negativa peculiaridad. Lo hemos comenzado con una costosa pandemia cuyos efectos nos oscurecen la claridad del futuro, moral y espiritualmente, sin ignorar las inquietudes de una afectada economía. Probablemente al irse desvaneciendo la torturante presencia del coronavirus, estaremos entrando en la riesgosa etapa de los ciclones. Nosotros, los hispanos en general, somos propensos a postergar deberes y compromisos que suelen demandar una acción inmediata. Debiéramos desde ahora prepararnos para la temible temporada de los huracanes. De alguna manera Dios nos concede la oportunidad de conocer anticipadamente la indeseable presencia de un huracán, algo que no sucede con los terremotos, los accidentes, las enfermedades y las tragedias fortuitas. Para lo inesperado probablemente no podemos estar preparados, pero para el mal cuya visita anticipamos debiéramos estar en guardia. Y debe ser así con los huracanes.

No podemos terminar sin hablar de la fe. Los seres humanos no tenemos la repuesta para todas las preguntas ni las soluciones para todos los conflictos. No podemos reducir la velocidad del sol ni controlar la fuerza y la dirección de los vientos; pero sí podemos depender del Creador y el Dueño del Universo.

Confiemos que en lo que resta del año 2022 tendremos días felices y grandes victorias que conquistar.

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