Datos Curiosos. Sobre el Anillo y el Pastel de Bodas

Written by Libre Online

1 de junio de 2022

Por María C. Rodríguez

Se desconoce la fecha de su origen, pero el sellar el compromiso con un anillo es una costumbre muy antigua que procede de la arcaica tradición de entregar un anillo como señal de conformidad en todos los pactos sagrados o importantes.

La entrega del anillo se traduce en conformidad, en un “de acuerdo”. El círculo simboliza la unión ininterrumpida, la unión eterna. De hecho, la posición del anillo en la mano izquierda de la mujer significaba sumisión, mientras que el lado derecho simbolizaba el poder.  Respecto a la posición en el dedo, el anillo se instala en el dedo anular porque se decía que es en este por donde brotan las venas que conducen a la parte del cuerpo donde se esconde el amor y el honor. La mujer porta su anillo de compromiso en el dedo anular de su mano izquierda, mientras que el hombre lo lleva en su mano derecha. Siempre se ha dicho que hay que impedir llevar más de un anillo en la misma mano, sobre todo en la que se instala el anillo de compromiso, pues desdice su valor espiritual.

Respecto a los materiales de fabricación, los primeros anillos que se han hallado estaban elaborados de hierro, bronce, cuero, madera y caña. Estos dos últimos materiales eran los más empleados en la Edad Media, dado los escasos recursos de la población. El oro estaba reservado a las familias más

pudientes y la incrustación de piedras preciosas, como diamantes o brillantes, aparecerían con la eclosión del comercio de objetos artísticos. Lo cierto es que el anillo de diamantes es el que ha obtenido siempre mayor protagonismo en las clases más acaudaladas por la leyenda que giraba en torno a esta piedra, pues desde tiempos remotos se decía que el centelleo que produce esta piedra se debía a los fuegos de amor que tenía un alquimista, que quedaron atrapados en esta preciosa piedra.

Curiosas son también algunas supersticiones que envolvían al anillo de compromiso: las novias tenían el menor deseo de recibir un anillo de perlas, pues se contaba que acarreaban lágrimas durante el matrimonio, es decir, la desdicha. Y cómo no, estaba el fatal presagio de la pérdida del anillo, traducido en el declive del

matrimonio.

El PASTEL DE BODAS

El pastel de boda, llamado también pastel nupcial, tarta de bodas o torta de bodas, parece tener su origen en la

confarreación de la Antigua Roma. La confarreación o confarreatio fue una fórmula de matrimonio implantada por Rómulo (s.VIII a.C) reservada exclusivamente para los patricios, que era la clase aristocrática con plenitud de derechos.

Sobre el pastel nupcial se circunscriben varios mitos. Tradicionalmente se escondía un anillo dentro de la masa del pastel. Se decía que a quien le tocara en su porción sería el próximo en contraer matrimonio. Luego está la costumbre del corte del pastel: la novia debe ser la primera que, con el cuchillo, corte la tarta, pues si alguien lo hace antes, causará la ruptura del matrimonio, según supersticiones.

Antiguamente, el marido servía la primera porción a su esposa y el resto de trozos tenían que ser servidos por los caballeros de honor de la novia, que son los acompañantes de las damas de honor, cuya función es velar por los cuidados de la boda. Esta tradición era así al menos en Francia, pues en España no se ha estilado como en otros países el contar con caballeros de honor.

En la actualidad, el pastel nupcial se ha reinventado: frutas, almendras y adornos, como flores y muñequitos de novios, lo visten. Se mantiene el color blanco que le confiere el merengue, como símbolo de pureza.

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