¡CÓMO HAN CAMBIADO LAS COSAS!

Written by Adalberto Sardiñas

22 de junio de 2022

La pasada semana se anunció, por el departamento del trabajo del gobierno federal, que la inflación, para el mes de mayo, se había elevado al 8.6%, números no vistos desde 1982. ¡Un nuevo récord en 40 años! ¡Y aún no hemos terminado! Mejor dicho, estamos recién comenzando. Van sólo 15 meses de un período que comprende 48 y que promete ser largo y de muchos baches en el camino.

Sería bueno, para un saludable ejercicio de la memoria, un repaso general sobre los cambios que se han producido desde enero del 2020, o sea, desde que Joe Biden asumió la presidencia.

Cuando el presidente Biden tomó posesión del cargo, la tasa de inflación estaba, justamente, en 1.4%, por debajo del blanco establecido por la Reserva Federal, que era, entonces, 2%. Cuatro meses más tarde, en abril, Biden logró pasar el llamado American Rescue Plan, que comprendía 1.9 trillones para gastos adicionales contra los prudentes consejos de economistas de ambos partidos que veían el peligroso fantasma de la inflación tocando a las puertas del consumidor americano. Ya para entonces, se elevaron los precios, y la inflación tocaba 4.16% para no detenerse en su incesante galopar. Para julio, llegaba al 5.3%, descendiendo levemente para octubre, que frisaba los 5.2%. ¿Una esperanza? ¡No!

El espiral se reanudó, y, para enero, del 2022, creció hasta alcanzar 7.48% para no tomar pausa ni ofrecer alivio al bolsillo popular. En abril alcanzó 8.05% y ya nos amenaza con el 9% al doblar de la esquina.

Mientras tanto, el presidente Biden, en ese momento, le decía al pueblo americano que no se preocupara, que “la inflación era transitoria” y que sus economistas trabajaban para controlarla, y que, “dentro de unos meses” la curva empezaría a retroceder.

Por su parte, el jefe de su Consejo de Economic Advisers, repetía lo que ya era un coro y un lamento de la administración: “la culpa de la inflación y el trastorno de suministros, era de Putin”. “La guerra de Putin”. Pero, para su descrédito, en febrero 24, cuando se produce la invasión rusa a Ucrania, la inflación había ascendido a 7.48%, lo cual demuestra la falacia de la excusa.

Esta extraordinaria subida de precios que hoy sufre la población, especialmente los más susceptibles por bajos ingresos, o los retirados, se extiende no sólo a la energía, sino a los productos alimenticios y a todos los otros básicos o no.

Pasando una mirada objetiva al fenómeno inflacionario, desde su inicio, en enero del 2020, hasta nuestra fecha, es difícil no concluir que la culpa no debe recaer en otro lugar que no sea la Casa Blanca y en sus ilógicas medidas económicas en muchos capítulos. En seguir los desacertados consejos de sus asesores, y en su empeño ciego de complacer la agenda ambiciosa de los “progresistas”, Joe Biden, ha ido cayendo, con acelerada prisa, en un hoyo del cual le será muy difícil emerger para rescatar a su partido de una debacle electoral el próximo noviembre.

Y es que los tropiezos de Biden ya son muchos, y muy diversos, en tan poco tiempo. Todavía reverbera en la mente de América el fiasco de Afganistán y se le agregan, en escala, otros, a las cuales no parece hallarle una solución viable.   Encima del conundrum migratorio, empeorando sin pausa, semana tras semana, están el abastecimiento, la crisis de baby fórmula, la energética, la rampante inflación, el crimen desbordado en toda la nación, incluyendo la horrenda matanza en la escuela de Uvalde, en Texas, donde 19 niños y dos maestras fueron asesinados, y así, crisis tras crisis, que, en la percepción popular, proyectan un gobierno débil, inepto, incapaz de resolver los problemas básicos de la ciudadanía. Y todo esto, y más aún, en la brevedad de 15 meses.

 Sí, en efecto, ¡cómo han cambiado las cosas!

Para mantener el ritmo de la perspectiva en su justo balance, retornemos al 2020.

En junio de ese año CNN reportaba que Estados Unidos produciría 13 millones de barriles diarios de petróleo, y que la exportación de crudo superaría la importación por primera vez desde 1953, señalando la importancia para nuestra seguridad nacional al no depender de ninguna fuente extranjera para su necesidad energética. Hoy se producen menos de 10 millones.

Gallup polls publica, en febrero del mismo año, que 9 de cada 10 personas estaban satisfechas con las condiciones existentes en el país. También, en la misma encuesta se muestra el sentimiento de confianza más alto en los pasados 20 años en cuanto a la economía. Hoy, un reciente encuesta de Quinnipiac University, reporta que un 45% de los encuestados creen en una posible recesión el próximo año.

Un año atrás, el interés para la compra de una casa, estaba en 2.5%, o menos, pero, ahora sobrepasa el 6%.

Obviamente los 15 meses de Biden en la presidencia han traído cambios, pero no para beneficio del pueblo americano.

Estos cambios, todos negativos, han provocado una lógica reacción dentro del Partido Demócrata, que percibe la amenaza de serios daños electorales en los comicios próximos, y en los presidenciales del 2024.

A este efecto, hace unos días, The New York Times publicó un extenso artículo donde recoge entrevistas con docenas de oficiales demócratas de alto rango, miembros del Congreso, y votantes, donde todos expresaban dudas acerca de la habilidad del presidente para rescatar a su tambaleante partido y ofrecer una batalla consistente en las urnas contra los republicanos.

Algunos miembros prominentes del Partido Demócrata, están sugiriendo que Joe Biden debería anunciar su intención, después de las elecciones de medio término, de no buscar la reelección en el 2024.

Joe Biden, de persistir en su empeño de buscar un segundo término, iría a esos comicios acarreando un pesado fardo de fracasos. Ha sido incapaz de pasar legislaciones de importancia, ha agravado crisis como la de inmigración, y ha creado nuevas, como la de la fórmula para bebé, el precio de la gasolina, que se ha elevado desproporcionadamente, y, en general, el costo de la canasta familiar anda por la estratósfera, y, su imagen como líder débil, con evidentes síntomas de cansancio, y continuos patinazos en sus expresiones públicas, no son garantías de éxito para otros cuatro años en la Casa Blanca. El partido lo sabe, pero él lo ignora, o pretende ignorarlo. Alguien cercano, amigo o familiar, debe sacarlo, con prudentes consejos, de esa ilusión quimérica.

Y como punto final, a pesar de todas las evidencias en contra, el presidente ya tiene su lista de supuestos culpables para todas las aflicciones que sufre su gobierno, y las resume de la forma siguiente:

Putin! Covid! Big Oil! Republicans! Maga! Ucrania! Big Corporations!

¡Todos, “but not me”! 

Por lo menos Jimmy Carter fue un mal presidente, pero nunca le mintió a sus compatriotas.

   ¡Cómo han cambiado las cosas..!

BALCON DEL MUNDO

En la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Colombia, señaladas para el 19 de junio, hubo sorpresa. Gustavo Petro, de tendencia ultra izquierdista, fue electo presidente de la nación suramericana. Siendo esta la primera vez que un izquierdista gobierna Colombia.

¡Definitivamente esta no es una muy agradable sorpresa para Colombia y para el resto de América!

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Muchas personas se preguntan si el comité que lleva a cabo las investigaciones sobre los reprochables incidentes de enero 6, en el asalto al Capitolio, elevará cargos criminales contra el ex presidente Donald Trump. No lo creo. Esa no es su función. Su responsabilidad es presentar los hechos, al Departamento de Justicia, y es éste, el que determinará si las evidencias justifican un encausamiento criminal.

Por otra parte, en el campo jurídico, existe un área gris que ofrece inmunidad al presidente en una variedad de conductas mientras ejerce su oficio, y Trump, en enero 6, era todavía el presidente. Basado en ambos conceptos, luce improbable que el comité use la “referencia criminal” en su reporte al secretario de Justicia.

De una forma, u otra, la formación e investigación del comité es bienvenida, y aquellos responsables de actos criminales durante lo horrenda ofensa a la nación deben recibir como castigo todo el peso que la ley demanda.

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Anuncia la Casa Blanca que el presidente Biden viajará al Medio Oriente para estrechar lazos con aliados en la región, y que, parará en Arabia Saudí, para hablar con el príncipe Mohammed bin Salman, a cargo del gobierno. ¿Una verdad a media? ¿O una mentira disfrazada?

La noticia, monda y lironda, es así: Biden va a Saudi Arabia a rogarle al príncipe que le ayude, aumentando la producción de petróleo, y de paso, estando tan cerca, va a visitar algunos países del área, por los cuales no siente la menor simpatía, incluyendo Israel, aunque parezca increíble.

En tiempos no tan antaño, los reyes y príncipes venían a Washington. En el presente, es el presidente el que va a Riyad a solicitar ayuda.

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